miércoles, 30 de noviembre de 2022



Jacqueline Lee Bouvier

The First Lady



Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R. 


El viernes 20 de enero de 1961 fue la investidura de John Fitzgerald Kennedy como el 35.º presidente de los Estados Unidos de América. A las 12,52 horas, Kennedy juraba con su mano derecha puesta sobre una antigua Biblia católica que pertenecía a su familia y dejaba atrás los días de senador de Massachusetts y miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos por el 11.º distrito congresional de Massachusetts.

El nuevo presidente hizo su juramento de 35 palabras que establece la Constitución del país: “Juro solemnemente que ejerceré fielmente el cargo de presidente de Estados Unidos y que, hasta el límite de mis capacidades, preservaré, protegeré y defenderé la Constitución de Estados Unidos”. John Kennedy fue el primer presidente católico de Estados Unidos y pasó a la historia como un gran político demócrata, que marcó un antes y un después en la historia de su país, 60 años después se le sigue considerando uno de los mejores presidentes de la historia republicana de la gran nación del norte.

            En ese día histórico para los Kennedy, la señorial ciudad de Washington estaba a diez grados bajo cero, hacía un frío glacial, había caído sobre la capital federal una tormenta de nieve. No obstante, igualmente de fría era la relación entre los Kennedy y los Bouvier, quienes miraban por encima del hombro a aquellos y aquellos no querían bien a los Bouvier; porque estos eran republicanos y no habían votado por John. Junto con el nuevo presidente estaba una Lee Bouvier, que ya no lo era, pues había pasado a ser una Kennedy y primera dama de los Estados Unidos, la señora Jacqueline Kennedy, la flamante esposa de John F. Kennedy.

            Jackie, en ese memorable día, lució una vestimenta elegante e impecable que le dio la vuelta al mundo. Llevaba un abrigo en seda de media manga en azul pastel, con grandes botones, boas y manguito negro, con cuello en piel rusa marrón y guantes blancos de ópera, todo diseñado por el modisto francoestadounidense Oleg Cassiny, y un sombrero a juego, del diseñador estadounidense Roy Halston Frowic. Desde ese momento, se convirtió en la First Lady más joven de la historia estadounidense, ícono de la elegancia y el glamur. Ese día, Jackie fue catapultada a la categoría de mito. Los periodistas comenzaron a hablar del efecto Jackie, que fascinaba a las multitudes por donde iba pasando como primera dama, estrechando miles de manos, emocionando y derrochando por doquier suma elegancia y estilo refinado.

Una primera dama promueve programas de desarrollo social en todo el país, es defensora de los derechos humanos y de la mujer, realiza labores filantrópicas y otorgamiento de premios y becas académicas, asiste a ceremonias oficiales y funciones de Estado y contribuye con las artes y la preservación de la arquitectura histórica. A todo eso se dedicó Jackie con gran entrega y devoción.

Sus críticos la tildaban de romántica e impecable al vestir, como princesa de un cuento de hadas. Siempre lucía vestidos largos que le llegaban un poco más abajo de la rodilla, en colores luminosos como el rosa, fucsia, el amarillo, el salmón o el verde esmeralda. Todos confeccionados por los mejores diseñadores, entre los cuales estaban Coco Chanel, Christian Dior o del francés Hubert de Givenchy, los cuales usaba a juego con los famosos sombreros pillbox o casquete, de Halston, como el que perdió el día que asesinaron a su marido, el presidente Kennedy.

Su figura impactó y fue inspiración para grandes personajes de la política, escritores, novelistas, poetas, pintores, escultores, cantantes y cantautores. La reina de América, le decía el cantante y actor estadounidense Frank Sinatra. Un medio londinense afirmaba que Jackie le había dado al pueblo estadounidense una cosa que siempre habían deseado tener: majestuosidad. Jackie les dio majestuosidad ciertamente. Las revistas más vendidas en Estados Unidos llevaban en su portada el rostro y reportajes de la señora Kennedy, entre las cuales figuran Life, Caras, Journal, Sports Illustrated, McCall, Photoplay, Time, Cosmopolitan, Newsweek, Bunte, Match, DailyNews, Look, Hello!, Lad’ysCicles, People y Screenland.

Además de ser portada en las revistas, existe una miríada de libros que recogen en sus páginas la vida de quien un día fue llamada la viuda de América. Entre algunos libros están, What Jackie Taught Us, Jackie after O, Jacqueline Bouvier Kennedy Onassis, Dentro de la Casa Blanca, Mi vida con Jacqueline Kennedy, JFK Reckless Youth, ¡Jackie, oh!, Una mujer llamada Jackie, Una imagen tan bella, Jackie Kennedy (1929‑1994), Demasiado humano historia de amor de Jack y Jackie Kennedy, America’s Queen, Jackie and Maria, Jackie’s Girl, Jackie, Jacqueline Kennedy y Conversaciones históricas sobre mi vida con John F. Kennedy. Al igual que la princesa Diana de Gales, Jackie fue perseguida en su tiempo por la prensa rosa o del corazón, reporteros y los famosos paparazzi, quienes, estando ella en Skorpios, isla privada del magnate griego Aristóteles Onassis, entonces esposo de Jackie, la fotografiaron tomando el sol completamente al desnudo, lo que generó millones y produjo un escándalo mundial.

El séptimo arte también se interesó en la exprimera dama estadounidense. La más reciente producción cinematográfica fue Jackie, película de drama chileno-estadounidense, dirigida por Pablo Larraín e interpretada magistralmente por la actriz, directora y productora israelí Natalie Portman, papel por el que fue candidata al Óscar. Además del cine, la televisión ha producido series y programas muy interesantes sobre Jackie. La miniserie A Woman Named Jackie (Una Mujer Llamada Jackie), 1991, fue exitosa y en el año 2000 se estrenó otra miniserie intitulada Jackie Bouvier Kennedy Onassis, de igual éxito. Otras actrices como Jaclyn Smith, Katie Holmes, Jaqueline Bisset, Jeanne Tripplehorn y Sarah Michelle Gellar han interpretado a la icónica exprimera dama Jacqueline Kennedy. La exitosa serie The Crown, de Netflix, no solo aborda la vida de la reina Isabel II, en su segunda temporada en uno de sus episodios aparece la recordada Jackie Kennedy, papel interpretado por la actriz sudafricana Jodie Balfour. A esta larga lista de interpretaciones se suman especiales de televisión, de la CBS, clásico A Tour of the White House with Mrs. John F. Kennedy (Un recorrido por la Casa Blanca, que regiamente protagonizó Jackie).

Jackie fue la First Lady de Estados Unidos desde el 20 de enero de 1961 al 22 de noviembre de 1963, aunque no le gustaba que le dijeran First Lady, porque le parecía el nombre de un caballo de carreras. Tiempo que le bastó para refrescar y modernizar la Casa Blanca, restaurándola por completo. No olvidemos que Jackie con su especial gusto y refinamiento cambió la vida de la Casa Blanca para siempre. En poco tiempo renovó cada rincón y cambió para siempre la vida y las costumbres de la histórica residencia, fue una mujer de refinada elegancia y gustos exquisitos.

Escribe Katherine Pancol, en su libro Una imagen tan bella. Jackie Kennedy (1929‑1994), que cuando Jackie llegó a la Casa Blanca, la ducha de su habitación no funcionaba y que la cisterna estaba rota y que no había papeleras ni bibliotecas. Esta histórica casa tiene 18 habitaciones, 20 cuartos de baño en el segundo piso, 147 ventanas, 29 chimeneas y 37 habitaciones en la planta alta. Cuenta con un entarimado de 1000 m, hecho con maderas finas y 2500 m de mármol. Ese fue su primer gran proyecto como First Lady, restaurar la casa de la pareja presidencial de los Estados Unidos. La redecoró, mandó a colocar muebles y pinturas originales. Con su llegada, la Casa Blanca se llenó de arte, de música y de mucha cultura. Por eso, sus salones se convirtieron en grandes escenarios donde desfilaron artistas de primer orden, sirvieron cenas y fiestas que eran una verdadera ambrosía. Asistieron intelectuales, músicos, pintores y políticos de alta talla mundial.

Además de eso, Jackie estaba muy pendiente de la servidumbre, de los horarios, de los sueldos del personal a su servicio y de las horas extra, hizo de la Casa Blanca y de su matrimonio su propio Camelot. Gustaba escuchar y bailar junto con su esposo, el presidente Kennedy, la canción de Richard Burton, Camelot: In short, there simply not. A more congenial spot For happily-ever-aftering than here In Camelot (En resumen, simplemente no hay un lugar más agradable para feliz-siempre que aquí en Camelot). Unos días después del magnicidio de su esposo, concedió una entrevista a la prestigiosa revista Life y narró los años que pasó junto con su esposo, años que calificó como sus años dorados de Camelot. Ella hizo suyo el sueño de un rey como Arturo, el de la Tabla Redonda, señor de Camelot.

Como primera dama de Estados Unidos acompañó a su esposo en varias vistas oficiales y viajes, visitaron Francia, Austria, India, Pakistán, Afganistán, Canadá, Colombia, Inglaterra, Grecia, Italia, México, Marruecos, Turquía y Venezuela. En Francia, la atención estuvo fijada en Jackie, pues hablaba muy bien francés, así se ganó el cariño y la atención de los franceses —que no es tan fácil— al hablarles en la lengua de Molière (Jean-Baptiste Poquelin) y es que la capital francesa, París, tuvo un lugar muy especial en el corazón de Jackie, pues con sangre francesa proveniente de su progenitor, John Bouvier, ella amaba Francia, sobre todo la ciudad de París.

Kennedy, en una memorable conferencia de prensa que brindó en el Palais de Chaillot, dijo jocosamente que en esa visita oficial a Francia él era quien acompañaba a Jackie, no ella a él. Otro momento memorable fue en el Palacio de Versalles. Se sabía que la relación entre el presidente John F. Kennedy y el presidente Charles de Gaulle no era la mejor, pero este ante la deslumbrante presencia de Jackie fue mucho más amable con ella y afirmó: “Jacqueline Kennedy conoce mucho más de la cultura francesa que la mayoría de las francesas”.

Cuando visitó Inglaterra se afirma, pero sin fundamento histórico, que Jackie hizo dos comentarios durante la cena sobre la reina y el palacio de Buckingham. Sobre Isabel II, asegura The Telegraph, dijo que era descuidada, poco inteligente e irrelevante y en cuanto al palacio, dijo que era un lugar de segunda, arruinado y triste. La NBC se limitó a afirmar que Jackie Kennedy no se dejó impresionar por la reina ni su palacio. Esta anécdota de la primera dama se recoge en la serie The Crown.

El último día como First Lady de la gran nación del norte y su icónico traje rosa. Jackie, como hemos anotado más arriba, acompañó a su esposo en varias vistas oficiales y viajes internacionales, pero en los viajes nacionales no solía hacerlo. Texas fue la excepción. El 21 de noviembre de 1963, Jackie y John hicieron un viaje político a Texas, ninguno de los dos quería ir. Al día siguiente, 22 de noviembre, llegaron en el Air Force One al aeropuerto Love Field en Dallas, ciudad convulsa, acompañados por el gobernador de la ciudad y su esposa. Jackie iba impecable, como siempre. Ese día vistió un traje de Chanel, de lana bouclé, con dobles botonaduras grandes, de color frambuesa y cuello azul marino, a juego con un sombrero pillbox, del mismo color del vestido y guantes blancos, el famoso traje rosa de Chanel. Dice uno de sus biógrafos que el vestido fue escogido por el propio presidente para su esposa y que no era original de Chanel, sino que era una copia de alta calidad, confeccionado con patrones y materiales autorizados por la propia Coco Chanel.

De Love Field salieron en una larga caravana hacia Trade Mart, ambos subieron a la limusina descapotable presidencial, acompañados por el gobernador de Texas John Connally y su esposa Nellie, Jackie iba junto con su esposo. Recorrieron parte de Elm Street en Dealey Plaza cuando se oyó el primer disparo, segundos después, sonaron dos disparos más que impactaron en el presidente Kennedy, hiriendo a muerte garganta y cabeza. El arma que usó Lee Harvey Oswald para asesinar al presidente era un fusil de cerrojo Carcano M91/38 de fabricación italiana, con mira telescópica. Jackie, en shock, se subió a la parte trasera de la limusina, imagen que ha quedado grabada en la historia y colectivo estadounidense.

El presidente fue trasladado de inmediato al Hospital Parkland de Dallas, Jackie iba abrazada a él, sujetándole la cabeza. A las 13:00 horas de Dallas, John F. Kennedy se declaró oficialmente muerto; 1 hora y 20 minutos después, el cuerpo sin vida de Kennedy fue llevado al Air Force One, para dirigirse a la Base Aérea de Andrews, a las afueras de Washington D. C. A bordo del avión, antes del despegue, el vicepresidente Lyndon B. Johnson, prestó juramento como presidente de Estados Unidos ante la jueza Sarah T. Hughes, a la izquierda de Johnson, estaba Jackie, con su traje rosa, manchado de sangre, a partir de ese instante, Jackie dejó de ser la First Lady de Estados Unidos y pasó a ser la viuda de América y una de las primeras damas más recordadas y mejor vestidas de la historia.

El funeral de Estado del presidente John F. Kennedy comenzó a los tres días de su asesinato. El féretro fue colocado en el cuarto este de la Casa Blanca por 24 horas. Pasadas las 24 horas su ataúd fue llevado por caballos en una vagoneta de artillería, la que en 1945 había transportado el féretro de Franklin D. Roosevelt al Capitolio para ser velado en público. El cortejo fúnebre que se desplazaba por la Pennsylvania Avenue cuando se dirigía al Capitolio iba en silencio, solo se escuchaban los tambores y el chasquido de los cascos de los caballos y del caballo sin jinete, con botas al revés. El caballo se llamaba Black Jack, como el padre de Jackie. El caballo sin jinete en los funerales de los presidentes de los Estados Unidos representa el monte de un gobernante caído.

Jackie caminó estoica en la procesión fúnebre, majestuosa, sosteniendo a sus dos hijos de la mano, a Caroline y John, así encabezó el duelo público por la gran nación. Las cámaras de la televisión mundial siguieron a las 250.000 personas que hicieron fila para despedir y honrar a quien, hasta hace unas horas atrás, había sido el presidente la nación. El lunes 25 cerca de 1200 personas, entre las cuales figuraron representantes de diversos países, jefes de Estado, primeros ministros, miembros de la realeza, líderes de diversas agrupaciones asistieron al funeral de Estado en la Catedral de San Mateo Apóstol. Presidió la misa exequial el cardenal Richard Cushing, arzobispo de Boston. Después de las honras fúnebres, el ataúd fue llevado al Cementerio Nacional de Arlington para su entierro. Jackie lo organizó todo, inspirada en el entierro de Abraham Lincoln. La Casa Blanca recibió 800.000 telegramas de pésame, afirma Pancol en su libro.

El matrimonio de John y Jackie duró 10 años hasta el fatídico día en que fue asesinado su esposo, solo la muerte los separó. No los separó la infidelidad de John ni su tórrido romance con la exuberante actriz Marilyn Monroe; fue la muerte.

Procrearon cuatro hijos, Arabella, Caroline, John y Patrick. Caroline es la única hija con vida de los Kennedy Bouvier, es una brillante abogada y diplomática, fue embajadora en Japón y, actualmente, es embajadora en Australia, en la presidencia del presidente demócrata Joe Biden.

Curiosidades sobre Jacqueline Lee Bouvier Kennedy Onassis:

*El guardarropa de Jackie Kennedy estaba lleno con prendas y zapatos de las lujosas tiendas como Saks Fifth Avenue y Bergdorf Goodman. El guardarropa estaba ordenado de acuerdo con el color de las prendas. Los zapatos tenían en la plantilla derecha una pequeña plataforma de medio centímetro, con el fin de corregir un defecto, pues tenía una pierna más larga que la otra.

*Su padre, John Vernou Bouvier III, le repetía una frase que Jackie hizo de ella su lema de vida: “No dejes nunca que adivinen tus pensamientos. Guarda tus secretos. Sé misteriosa, ausente, lejana, un enigma hasta el último de tus días”, le aconsejó el progenitor.

*Le gustaba llevar a sus paseos en bote una canastita con su déjeuner: terrine de pâté y quesos franceses, irrigados con abundante vino. ¡Ambrosía total!

*Hay un cóctel que fue bautizado como Femme Fatale, en honor de Jackie, cuando ella visitó al príncipe Norodom Sihanouk, en Camboya, en el lujosísimo Hotel Le Royal.

*Ganó un Emmy por haber restaurado la Casa Blanca y promover su historia. Además del Emmy, ganó el Premio de Fideicomisarios de la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión.

*El escritor Cristopher Andersen, en su libro Jackie after Jack, afirma que Jackie mantuvo romances con Frank Sinatra, Marlon Brando, William Holden, Warren Beatty y hasta Bobby Kennedy. Afirmaciones de mal gusto.

*Fue la editora en Viking Press y Doubleday, trabajó la autobiografía de Michael Jackson, el cual ocupó el número uno en la lista de los libros más vendidos.

*John F. Kennedy no fue su primera opción para contraer matrimonio. Estuvo comprometida antes con el corredor de bolsa John G. W. Husted, pero su madre, Janet Norton Lee, le aconsejó que no le era conveniente. Sabio consejo, la historia le dio la razón.

* Jackie no quiso quitarse el traje rosa Chanel que lució cuando asesinaron a su esposo. “Voy a dejarme la ropa puesta. Quiero que todos vean lo que le han hecho”, dijo cuando se le sugirió cambiarse el atuendo.

*Jackie bebía mucho vodka para conciliar el sueño, dormir y olvidar la tragedia del magnicidio de su esposo.

*Jackie buscó ayuda espiritual con un sacerdote católico, pues había pensado en el suicidio para aliviar su sufrimiento por la pérdida de su esposo.

*Algunos la tenían como una santa, hasta que se casó con el magnate griego Aristóteles Sócrates Onassis, en 1968. Este matrimonio ofendió a los estadounidenses. Aristóteles Onassis prefirió a Jackie que a la soprano de ascendencia griega, la gran María Callas. Sobre esa unión, el hijo de Onassis, Alexander, dijo: “Es la unión perfecta. Mi padre adora los apellidos y Jackie adora el dinero”.

El 19 de mayo de 1994, a los 64 años, rodeada de sus hijos, Caroline y John Jr. y de sus más queridos allegados, la vida de Jackie se apagó. La noticia de su deceso le dio la vuelta al mundo y hasta nuestros días el mito de la icónica exprimera dama de Estados Unidos se mantiene encendido, cual antorcha colocada sobre un candelero de cristal en lo alto de un muro.

“Ella lo hizo a su manera y en sus propios términos, y todos nos sentimos afortunados por ello” (John F. Kennedy, Jr.).

 


Doña Hope: La señora, la Excelentísima señora



Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R. 


Cuando el expresidente peruano Alberto Fujimori separó a su esposa, Susana Shizuko Higuchi Miyagawa, de las funciones de primera dama, ella se negó a renunciar a su estatus, alegando que no se había divorciado de su esposo. Además, expresó que ser primera dama no era un título honorífico, sino una condición natural, por ser la esposa del primer mandatario de la nación.

Por definición, el tratamiento protocolar de primera dama: “Es, en determinados Estados, la mujer o cónyuge del presidente o primer mandatario de ese país, o en su defecto, alguien que cumple esa función en ceremonias oficiales”. El origen del tratamiento de primera dama a la esposa del jefe de Estado de una nación lo encontramos en Estados Unidos de América, en la segunda mitad del siglo XIX. A esa altura del llamado siglo de la industrialización, antes de la fundación de la gran nación del norte (4 de julio de 1776), el referente que había en Europa para dirigirse a la esposa del rey era y es el de reina consorte.

A finales del siglo XVIII, a la esposa del primer presidente de los Estados Unidos, George Washington (1789-1797), Martha Dandridge Custis, le llamaban Lady Washington, convirtiéndose en la pionera en llevar ese título. No era de uso general u oficial hasta Dolley Payne Todd Madison, esposa del cuarto presidente de los Estados Unidos, James Madison y Mary Ann Todd Lincoln, esposa de Abraham Lincoln, decimosexto presidente de los Estados Unidos. En la Segunda Guerra Mundial fue Anna Eleanor Roosevelt, esposa de Franklin Delano Roosevelt, el treintaidosavo presidente de los Estados Unidos, quien se destacó por su desenvolvimiento en las relaciones internacionales como esposa del presidente y a quien llamaban de manera oficial primera dama de la nación.

Estados Unidos no tiene como sistema político una monarquía constitucional, sino un sistema presidencialista de gobierno, por eso se creó el título o tratamiento de primera dama para la esposa del presidente. Con el tiempo, el tratamiento protocolar de primera dama se extendió a varios países, de modo particular en América Latina. No obstante, no todas las esposas de jefes de Estado han querido usar ese tratamiento o título protocolar, en particular las esposas de presidentes de izquierda, quienes han rechazado el título por considerarlo anacrónico, sexista y clasista. Algunas han preferido llamarse coordinadora general, directora nacional, primera combatiente o simplemente compañera coordinadora.

A partir de lo anterior surge la pregunta sobre cuáles son las funciones específicas de una primera dama. La primera dama de un país ocupa un lugar preponderante en el campo político y social. Varias primeras damas de América Central han dejado una estela luminosa en la coordinación de obras sociales y políticas, acompañando a su esposo en programas y proyectos dirigidos a la infancia, niñez y adolescencia, a través de instituciones o secretarías del Estado.

Además, las primeras damas promueven programas de desarrollo social en todo el país, son defensoras de los derechos humanos y de la mujer, realizan labores filantrópicas y otorgamiento de premios y becas académicas, asisten a ceremonias oficiales y funciones de Estado y contribuyen con las artes y la preservación de la arquitectura histórica. La coordinación de estas actividades la hacen desde la Oficina de la Primera Dama, que tiene su sede, en algunos países del área centroamericana, en Casa Presidencial.

Algunas primeras damas de América Central han dejado huella en la historia reciente de su país. Al mirar en retrospectiva a algunas mujeres que llevaron el título o tratamiento protocolar de primera dama, la opinión pública en su memoria colectiva recuerda, entre otras, a primeras damas que se destacaron en la proyección social y personificaron la elegancia, estilo y gracia sinigual. Este es el caso de Hope Portocarrero Debayle, invocada por el pueblo nicaragüense como doña Hope o La Señora, que, dentro del protocolo presidencial, su esposo, el general Somoza, hizo que se refirieran a ella en esos términos.

Hope Portocarrero Debayle ha sido la primera dama más educada, elegante, refinada, seria, discreta y distinguida que ha tenido Nicaragua. Una exquisita y bella dama. Doña Hope tocaba piano, hablaba a la perfección el inglés, italiano y francés, además del español y fue comparada con la mismísima Jacqueline Lee Bouvier Kennedy Onassis. Fue seleccionada entre las primeras damas mejores vestidas en el ámbito continental en la lista International Best Dressed List Hall of Fame, en 1968. Además, estudió lenguas en el Barnard College de Nueva York y concluyó sus estudios en el Servicio Exterior en Georgetown University, al igual que Jacqueline Kennedy, la exprimera dama estadounidense. Fue la primera dama que más obras sociales desarrolló por el bien de todos los nicaragüenses.

Hope Portocarrero nació el 28 de junio de 1929, en Tampa, Florida, Estados Unidos. Sus padres fueron el Dr. Néstor A. Portocarrero Gross y la señora Blanca Debayle Sacasa y solo tuvo un hermano, Néstor Portocarrero Debayle. Su abuelo fue el eminente Dr. Louis Henri Debayle, mejor conocido como el Sabio Debayle, padre de Margarita Debayle Sacasa, a quien Rubén Darío le dedicó su inmortal poema “A Margarita Debayle: Margarita, está linda la mar”; y su bisabuelo fue el expresidente de Nicaragua, don Roberto Sacasa y Sarria. Hope Portocarrero venía de prosapia estirpe, de Pedro Portocarrero VIII señor de Moguer y VI señor de Villanueva del Fresno, Señorío de Moguer y Marquesado de Villanueva del Fresno, respectivamente.

Sus estudios iniciales los hizo en la Academy of the Holy Names, en Tampa, Florida y en el colegio Miss Harris School. Más tarde, continuó sus estudios en la Universidad de Lausana, Suiza. Le gustaba practicar deporte, cuando fue estudiante en la universidad estuvo en el equipo de hockey, practicó el tenis y la natación. Como buena alumna, se perfiló con cualidades como independiente, activa, habilidades para administrar su tiempo y organizarse y disciplina para estudiar. Por esto, estuvo siempre al frente de ceremonias culturales en la universidad.

El martes 5 de diciembre de 1950, la señorial y antigua Catedral Metropolitana de Managua, Nicaragua, se convirtió en el escenario de lo que se consideró la boda del siglo XX, entre Hope Portocarrero Debayle y su primo hermano, Anastasio Somoza Debayle, hijo del presidente de Nicaragua, Anastasio Somoza García y de la primera dama, doña Salvadora Debayle. La boda fue presidida por el arzobispo de Managua, Mons. Alejandro González y Robleto y concelebró con él Mons. Carlos Borge Castrillo, obispo auxiliar de Managua.

El matrimonio entre Anastasio Somoza y Hope Portocarrero era más de conveniencia que de amor mutuo. Nicaragua entera lo sabía; todo quedaba en familia, opinaba el pueblo en las ardientes y abrasadoras calles de Managua. Se sabía que el joven coronel Anastasio siempre estuvo enamorado de su exnovia, Bertha Zambrana Granja, La Gacela, quien nunca gozó del beneplácito de doña Salvadorita Debayle, la matrona de la dinastía Somoza. Esto obligó a la Berthita Zambrana, como cariñosamente le llamaban en Niquinohomo, a exiliarse en México.

Tras la ceremonia eclesiástica, se dieron cita a la recepción de la boda del siglo XX, en el Palacio de Comunicaciones, más de 4,000 invitados, en la cual se sirvieron deliciosos tentempiés, un verdadero y exquisito menú real, cuyo maridaje fue con champaña francesa, servida por elegantes meseros que iban al trote sirviendo en copas con borde dorado Pompadour. Según los críticos e invitados a la boda hubo excelente calidad, clase, estilo y buen paladar. La recepción estuvo amenizada por excelentes músicos, quienes musicalizaron el banquete del evento nupcial, con un amplio repertorio, música clásica y temas románticos de la época. No faltó el tema musical de “Bésame mucho”, de la pianista y compositora mexicana Consuelito Velázquez  y “Strangers in the night”, de Frank Sinatra.

La señora Portocarrero de Somoza, en el año 1967 se convirtió en primera dama de Nicaragua y en un ícono de la moda y suma elegancia, ya que vistió de los mejores diseñadores franceses, Pierre Balmain, Christian Dior, Givenchy y Chanel. Hasta en la actualidad la recuerdan y comparan con las sucesivas primeras damas de la nación nicaragüense. Doña Hope ocupó la presidencia de la Junta Nacional de Asistencia y Previsión Social de Nicaragua.

En este cargo hizo dos obras monumentales, el Teatro Nacional Rubén Darío, uno de los teatros más bellos e importantes de América Latina, calificado como el mejor centro para las presentaciones escénicas en Latinoamérica y el Hospital del Niño, que no pudo inaugurarse por la llegada de la Revolución Sandinista, en 1979. Además, levantó el Centro Cultural Damba, donde estaba la escuela de música y de bellas artes y construyó la ciudadela para niños huérfanos, cerca de la Colonia Centroamérica, así como el Hospital Luis Somoza, en León, uno de los más grandes del país.

Don José Adán Aguerri, quien trabajó varios años junto con doña Hope, afirma que La Señora ayudó a mucha gente necesitada y que siempre se identificó con el pueblo. Su administración fue transparente, afirma don Porfirio Berríos, fotógrafo del extinto Diario Novedades. Doña Hope mandó a colocar un enorme ofrendómetro en la plaza de República, para que así el pueblo se enterara de lo que se recaudaba como ofrenda o donación diariamente. Para recaudar fondos, realizaba las famosas fiestas agostinas, en las que reunía al cuerpo diplomático acreditado en el país y cuyos fondos estaban destinados para el Hospital del Niño.

Sin embargo, la vida de doña Hope como primera dama de Nicaragua estuvo transida de dolor y afrenta pública. La primera dama se vio obligada a autoexiliarse del país, viajó hacia Inglaterra y después a Estados Unidos, por la afrenta pública que sufría, a la que fue sometida por su esposo, el general Anastasio Somoza Debayle, quien mantenía una relación extramarital con la leonesa Dinorah Sampson Moganam, a quien conoció en 1962. Cuando Somoza conoció a Dinorah, ella tenía apenas 15 años y él 37; se conocieron en Managua.

Don José Adán Aguerri y el compañero de estudios de doña Hope, don Ernesto Cruz, afirman que la afrenta a doña Hope llegó a tal punto que Dinorah Sampson se hacía presente en algunos actos públicos en los que sabía perfectamente que iban a ser presididos por el general Somoza y su esposa, doña Hope. Ante tales afrentas, doña Hope supo mantener la compostura como gran dama, nunca se exhibió, porque era una verdadera señora. Ella jamás gastó una sola palabra en público para referirse a la amante de su esposo y por quien sufría tal afrenta pública.

El matrimonio presidencial duró 28 años y en 1978 rubricaron su divorcio. Procrearon cinco hijos, Anastasio Jesús, a quien popularmente le llamaban en la Guardia Nacional el Chigüín, Hope Carolina, Julio Néstor, Carla Anne y Roberto Eduardo. En ese año, doña Hope rehízo su vida en Londres, donde daba fiestas para la aristocracia y le llamaban en ese círculo selecto de la sociedad londinense Madame Somoza. Cuatro años más tarde contrajo segundas nupcias con el millonario estadounidense Archie Baldocchi, con quien fue muy feliz. Allegados a la pareja aseguran que Baldocchi la trató como una auténtica reina.

La relación extramarital del general Somoza fue conocida abiertamente por la sociedad nicaragüense, todos en Nicaragua sabían que la Sampson era la amante del general y llegó a tal punto de mostrarse en público con ella. Si en Nicaragua hubiese existido en ese tiempo el periodismo del corazón o prensa rosa, seguramente las imágenes del general en su laberinto de amor habrían captado el interés de una sociedad conservadora escandalizada, como lo era la de aquella Nicaragua de los años de 1970.

De boca en boca, el general y su exuberante amante iban por toda Nicaragua provocando escándalos y habladurías de todo tipo. Era vox populi de los malos manejos administrativos fraudulentos de la Sampson, pues avalados por Somoza abastecía sus tiendas de ropa y joyas en la ciudad de Managua. El historiador Roberto Sánchez afirma que Dinorah tuvo poder sobre Somoza en la toma de decisiones en el gobierno y el ejército de Nicaragua, al sugerir nombramientos y remover y proteger oficiales de alto rango. Esta afirmación, según el periodista Nicolás López Maltez, no era del todo veraz, pues no se trataba de poder, sino de influencia que pasaba por las cavidades inferiores y superiores del corazón.

Dinorah Sampson estuvo al lado del general Somoza después del triunfo de la Revolución Sandinista, en el exilio que vivió en Asunción, Paraguay, donde era un protegido del general y también dictador Alfredo Stroessner, hasta el 17 de septiembre de 1980, cuando fue asesinado en la avenida España y América, barrio Manora, de la capital de Asunción. El automóvil en que se conducía el general derrocado lo hicieron volar con un proyectil de 2 disparos de bazuca, al mismo tiempo, lo acribillaron con más de 25 ráfagas de fuego de ametralladora.

El magnicidio ocurrió a eso de las 10:20 h. Los restos mortales de Anastasio Somoza fueron trasladados a la ciudad de Miami, la ciudad del sol, Estados Unidos. Doña Hope e hijos recibieron en el Aeropuerto Internacional de Miami los restos mortales de quien en vida había sido el esposo, el padre y primer mandatario de Nicaragua, para velarlo y sepultarlo en Woodlawn Park North Cemetery and Mausoleum.

La proyección social de doña Hope se vio palpable cuando el terremoto de Nicaragua, en 1972, devastó la ciudad capital y La Señora se puso al frente de la emergencia nacional. Aquí, amable y paciente lector, me permito hacer una remembranza de aquel cataclismo. La ciudad de Managua, como muchas otras ciudades, se preparaba para las fiestas navideñas. El espíritu de la Navidad se sentía y soplaba por todas las calles y avenidas de la ciudad capital, calle 15 de septiembre, avenidas Bolívar, Centenario y Roosevelt. El comercio anunciaba con luces, música, regalos, propaganda, comidas, bebidas, sorteos, premios, etc., que llegaba la Navidad. Las tiendas de Cardenal (la primera en Nicaragua dotada con escaleras eléctricas) y Alicia, adornadas muy elegantemente. En los hoteles Reisel, Balmoral y el Gran Hotel, se preparaban exquisitos banquetes. Los mercados Central у San Miguel ofrecían sus mejores productos.

Los habitantes de Managua se apresuraban en compras, muy alegres llevando flores, canciones, amores y sueños. Todos respiraban el dulce y exquisito aroma de la Navidad. Otros vivían la proximidad del nacimiento del Niño Jesús en el compás de espera del Adviento y celebraciones propias de este tiempo, como las fiestas populares de la novena del Niño Dios en horas de la madrugada. Todos se preparaban para la Nochebuena de Belén, pero ninguno se preparó para vivir una de las noches más oscuras y tristes, llena de llantos y gemidos, como fue la noche del terremoto. El viernes 22 de diciembre de 1972 casi todo estaba listo para vivir la Navidad, les esperaban días de fiesta, el sábado 23, el domingo 24 y, finalmente, el día grande, el lunes 25, día de la natividad del Señor.

No obstante, las horas más intensas fueron las del viernes 22, ¡era viernes!, ¡fin de la semana laboral! El centro de la ciudad de Managua en horas de la tarde y al caer la noche, alrededor de las siete, era un mar de gente caminando, corriendo de un lado a otro, en busca de una buena compra para obsequiar en Navidad. Era un día de inspiración en el espíritu navideño, se acercaba la Nochebuena de Belén. En ese día, más allá de las fronteras de Nicaragua, Margarita del Carmen Brannon, mejor conocida como Claudia Lars, poetisa salvadoreña, firmaba un viernes 22 de diciembre de 1972 su poema Pensando en el gran sueño. ¿Cuántos sueños rotos quedaron sin cumplir para esa Navidad de 1972? Esos sueños se rompieron exactamente a las 0 h y 25 minutos (12’25) del 23 de diciembre. ¡La vida de tantos managuas que vieron sus sueños e ideales derrumbados en escombros como tantos edificios!

A esa Managua destrozada por el terrible seísmo doña Hope sirvió denodadamente. La Señora realizó una obra encomiable, sin descansar, desde las primeras horas del día. También reunió dinero para ayudar a los niños que habían quedado sin techo y cobijo, haciendo buen uso y atendiendo a la prensa nacional e internacional. Además, construyó tres hospitales para la atención de los damnificados, el Hospital Oriental, el Hospital Occidental y el Hospital de Especialidades.

Hope Portocarrero Somoza Baldocchi cerró sus ojos en este mundo para abrirlos en la eternidad un 5 de octubre de 1991, en la villa Key Biscayne, Mami-Dade, Florida. Sus restos mortales reposan en el Woodlawn Park North Cemetery and Mausoleum, junto con los de Anastasio Somoza Debayle, el padre de sus cinco hijos. Don Nicolás López Maltez, periodista y fotógrafo de profesión y a quien las nuevas generaciones le debemos el conocer a través de sus imágenes la Vieja Managua, afirma que, cuando doña Hope murió, su viudo, Archie Baldocchi le compró toda la colección de fotos de la que un día fue la primera dama más elegante y culta que ha tenido Nicaragua.

“Soy latinoamericana por origen, sentimientos y emociones. Una verdadera romántica. Soy norteamericana por nacimiento y entrenamiento mental” 

(Hope Portocarrero Debayle).

 

 







 

El gran terremoto de Nicaragua:

los sueños e ideales derrumbados de una ciudad capital 



Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R. 


La ciudad de Managua, como muchas otras ciudades, se preparaba para las fiestas navideñas. El espíritu de la Navidad se sentía y soplaba por todas las calles y avenidas de la ciudad capital, calle 15 de septiembre, avenidas Bolívar, Centenario y Roosevelt. El comercio anunciaba con luces, música, regalos, propaganda, comidas, bebidas, sorteos, premios, etc., que llegaba la Navidad. Las tiendas de Cardenal (la primera en Nicaragua dotada con escaleras eléctricas) y Alicia, adornadas muy elegantemente. En los hoteles Reisel, Balmoral y el Gran Hotel, se preparaban exquisitos banquetes. Los mercados Central у San Miguel ofrecían sus mejores productos.

Los habitantes de Managua se apresuraban en compras, muy alegres llevando flores, canciones, amores y sueños. Todos respiraban el dulce y exquisito aroma de la Navidad. Otros vivían la proximidad del nacimiento del Niño Jesús en el compás de espera del Adviento y celebraciones propias de este tiempo, como las fiestas populares de la novena del Niño Dios en horas de la madrugada. Todos se preparaban para la Nochebuena de Belén, pero ninguno se preparó para vivir una de las noches más oscuras y tristes, llena de llantos y gemidos, como fue la noche del terremoto. El viernes 22 de diciembre de 1972 casi todo estaba listo para vivir la Navidad, les esperaban días de fiesta, el sábado 23, el domingo 24 y, finalmente, el día grande, el lunes 25, día de la natividad del Señor.

No obstante, las horas más intensas fueron las del viernes 22, ¡era viernes!, ¡fin de la semana laboral! El centro de la ciudad de Managua en horas de la tarde y al caer la noche, alrededor de las siete, era un mar de gente caminando, corriendo de un lado a otro, en busca de una buena compra para obsequiar en Navidad. Era un día de inspiración en el espíritu navideño, se acercaba la Nochebuena de Belén. En ese día, más allá de las fronteras de Nicaragua, Margarita del Carmen Brannon, mejor conocida como Claudia Lars, poetisa salvadoreña, firmaba un viernes 22 de diciembre de 1972 su poema Pensando en el gran sueño. ¿Cuántos sueños rotos quedaron sin cumplir para esa Navidad de 1972? Esos sueños se rompieron exactamente a las 0 h y 25 minutos (12’25) del 23 de diciembre. ¡La vida de tantos managuas que vieron sus sueños e ideales derrumbados en escombros como tantos edificios!

 

 



DE LA IGLESIA DE LA SOLEDAD AL SEMINARIO SAN CLEMENTE: HISTORIA DE UN ALTAR

 


Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R. 


Hoy, 27 de junio del 2021, día glorioso y mariano, celebrando con mi Congregación del Santísimo Redentor y toda la Iglesia a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, deseo compartir con usted, amable y paciente lector, la breve historia del altar de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que estuvo por varios años en la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, y que ahora, por designio del Señor, se encuentra en la capilla del Seminario San Clemente.

En América Central, ´´la dulce cintura de América´´, como solía llamarla el gran Pablo Neruda, hay templos con altares bellísimos, verdaderas joyas arquitectónicas. Los hay estilos arquitectónicos como el barroco, neoclásico, afrancesado y mudéjar. Muchos templos en nuestra Centroamérica, constan únicamente de una sola nave, con dos torres laterales, artesonado de madera. Paredes laterales reforzadas por corpulentas falsabragas; poseen también grandes puertas y ventanales a cada lado; el artesón del presbiterio es de diversos estilos. Los templos históricos de nuestra América Central cuentan con bellísimos retablos-altares. Ejemplo insigne es el altar mayor de la iglesia de Los Dolores, en Tegucigalpa, Honduras. La decoración de este altar es de tipo vegetal, destaca por su color rojo viejo sobre el fondo ocre del retablo y tiene tres nichos abiertos,  donde se encuentran las imágenes de la Virgen del Carmen, el Sagrado Corazón de Jesús, y la imagen del Santo Cristo de Limpias y Nuestra Señora de Los Dolores.

Una de las iglesias o templos más bellos de Centroamérica y de Costa Rica se encuentra en la ciudad capital de San José: es la Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad, hito de esa ciudad dedicada al dulce patriarca de Nazaret. Declarada Patrimonio Histórico y Arquitectónico del país el 8 de diciembre de 1999, día solemnísimo de la Inmaculada Concepción de María. Han pasado ya 170 años, cuando el primer obispo de Costa Rica, Mons. Anselmo Llorente y Lafuente, encargó al arquitecto británco, Hugh G. Tonking, diseñar los planos de la iglesia de la Soledad, símbolo de la naciente República, cuando Costa Rica, en 1848, se declara nación soberana e independiente. Edificada de mampostería, con influencia de estilo barroco y columnas de madera; por ello, se caracteriza por sus hermosos vitrales, importados de la Confederación Suiza, como bellísimas esculturas: las catorce estaciones del santo vía crucis, únicas en su estilo.  

Arquitectónicamente, según los entendidos del arte, la iglesia de la Soledad es considerada la más clásica de todas las iglesias o templos del centro de la ciudad de San José. A finales del siglo XIX se recibió el mármol para los acabados de esta iglesia, y a inicios del siglo XX, fue declarada parroquia, dándole así nombre al lugar donde se encuentra: Barrio la Soledad, no barrio chino, pues lo que se conoce como ´barrio chino´ está contenido en el aquel barrio, y se considera entidad no oficial de la ciudad capitalina.

El tiempo, inasible con su incontenible paso, fue dejando su huella en las paredes interiores y exteriores de la iglesia de la Soledad, casa y extensiones de esta; causando el deterioro de la iglesia y casa cada día que pasaba. En el año 2012, el Pbro. Carlos Humberto Rojas, actual párroco de esta amada iglesia, junto a un grupo de feligreses, se dieron a la difícil tarea pero significativa tarea de restaurar la iglesia. El templo restaurado quedó bello, luciendo su esplendor arquitectónico, abriendo sus puertas a la feligresía tras permanecer un tiempo  cerrado al culto y a las visitas de los católicos que pasaban para hacer sus oraciones personales y saludar a la Santísima Virgen y a san Pancracio de Roma.

Esta loable tarea se le debe en justicia, al padre Carlos Humberto Rojas y a ese grupo de feligreses entusiastas, amantes de su iglesia de la Soledad. A los pies de uno de los hermosos vitrales de esta iglesia, el que representa la escena de Jesús a los doce años, ante los doctores de la ley, enseñando en el Templo de Jerusalén, se encontraba el altar dedicado a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que hoy luce en la capilla del Seminario San Clemente y es objeto de estas letras que escribo para ustedes, amables y pacientes lectores. Es la historia de dos altares: un altar colocado en otro.

La imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro es un icono (eikón en griego), que significa imagen. Y el icono tiene una característica muy singular según los entendidos del arte sacro: ´´el icono hace presente eso que recuerda´´. El icono es más que una simple representación de lo sacro. El icono es considerado un verdadero Altar, que invita a la reflexión, a la oración, a la meditación. El icono nos hace entrar en el misterio que refleja. Un icono es una verdadera ´catequesis´, es ´evangelio´. El icono es para contemplar y ser contemplados por él.  Por eso decimos que es la historia de un altar incluido en otro.

Un altar, del latín altare, de altus, ´elevación´, según el DRAE, es: ´´Conjunto constituido por la mesa, la base, las gradas, el retablo, el sagrario, etc., en una iglesia cristiana´´. Hay varios tipos de altares; según las más comunes definiciones que encontramos en internet y enciclopedias de arquitectura: los hay de dos, tres y siete niveles. Los de dos: representan el cielo y la tierra; los de tres: el cielo, la tierra y el inframundo; los de siete: los 7 sacramentos que nos conducen hacia la eternidad. El altar principal de una iglesia o capilla se llama altar mayor, situado en el ábside principal o cabecera del recinto sagrado. La historia de los altares ha recorrido varias etapas: Edad Antigua, Edad Media o Medievo, Edad Moderna y la Edad Contemporánea.

Los altares católicos tienen su origen en los diferentes tipos de altares en la antigua Roma. En las entrañas de la Urbs Aeterna -ciudad eterna-, Roma, se encontraron cuatro tipos de altares: los portátiles o movibles, los fijos y aislados, los adosados y los arcosolios o sepulcros de los santos mártires. Estos altares se fueron configurando con el paso del tiempo en la paz constantiniana y Edad Media.

En junio del año 2018, el Pbro. Carlos Humberto Rojas, donó el altar-retablo dedicado a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro al Seminario San Clemente. Dicho altar-retablo fue obsequiado, en 1983, por la familia Cartes Parra a la iglesia de la Soledad. Este altar, que permaneció más de treinta años en esa iglesia, fue trasladado al seminario redentorista, ubicado en Barrio Córdoba, San José; el cual fue recibido por el entonces prefecto y superior, R.P. José Manuel Araya Chavarría. En ese mismo año y mes se comenzó la remodelación de la capilla del seminario, que abarcó ventanas con marco de madera, puertas, sistema eléctrico, lámparas, cielo raso PVC, pintura y pared trasera. La capilla contó con nuevo mobiliario: bancas, sillas, mesa y alfombra; como también con nuevo ornato: escultura colgante del Espíritu Santo, dos imágenes: una, de san Alfonso María de Ligorio; la otra, de san Clemente María Hofbauer. La obra de colocación del altar de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en el Seminario San Clemente, estuvo a cargo del Sr. Juan Carlos Ureña. El libro de las crónicas de este seminario, consigna la remodelación y bendición de la capilla en tan solo tres brevísimos párrafos y diecisiete imágenes, ofreciéndonos un dato histórico que servirá para lo posteridad: un acta depositada en el interior del altar-retablo dedicado a Nuestra Señora, la cual transcribo literalmente.  El acta reza así:

´´A los 14 días del mes Junio del año del Señor 2018.

La comunidad del seminario san Clemente nos hemos reunido a depositar esta carta en altar donado por párroco: Pbro Carlos Humberto de la iglesia de la Soledad.

Siendo los formadores: pbro. Ramón Coto y pbro. José Araya (Rector) y contando con la compañía de los visitantes pbro Thomas y Sean (estadounidenses), pbro Rodrigo Quesada CSsR

Firmamos los presentes:

Miguel Gutiérrez

Mairon Rodríguez

Marvin Velásquez

Rodolfo Aguilar

Daniel Vargas                           José Noel Valdés

Oscar Vargas                            Sean

David Delgado                         

Orvin Rodríguez                           pbro Thomas

Jarel Rodríguez

pbro Ramón Coto

pbro José Araya

pbro Rodrigo Quesada

´´Quien pierda su vida por mi causa la encontrará, dice el Señor´´

Reconstructor del altar Juan Carlos Ureña´´.

En septiembre del 2018 se comienza a construir el altar del sacrificio o mesa eucarística en la capilla del Seminario San Clemente. Este no es alargado, sino más bien cuadrado, ligeramente rectangular: es digno y elegante, de acuerdo con la forma tradicional en la Iglesia santa y católica. El altar o mesa eucarística del seminario es una mesa santa. Cuenta con las características según la liturgia de la Iglesia: está separado de la pared, está en el centro de atención de toda la asamblea, es un altar único y dedicado solo a Dios, sobre él no hay imágenes ni reliquias, está bendecido, y está hecho de materia noble, revestido de azulejo parecido al mármol firenze marrón.

El 14 de noviembre del año en mención, realizó su visita anual al Seminario San Clemente, Mons. José Rafael Quirós Quirós, arzobispo metropolitano de San José, para bendecir la capilla, el altar-retablo y mesa eucarística del seminario. En esa celebración histórica para el seminario redentorista, se dieron cita Flor de Lis, virgen consagrada de la arquidiócesis de San José; el acólito Janne Rishor; los presbíteros Carlos Humberto Rojas, párroco de la iglesia la Soledad y vicario foráneo de la arquidiócesis de San José, Óscar E. Brenes Jaubert, párroco de la parroquia Nuestra Señora de Ujarrás y vicario episcopal para la Vida Consagrada, y Francisco Morales, ceremoniero de la Catedral Metropolitana de San José. Todos los invitados, junto al anfitrión del seminario, el superior y prefecto, R.P. José Manuel Araya Chavarría, R.P. Ramón Coto y postulantes, vivieron una hermosa jornada eucarística y celebrativa.

Sobre el altar donado por el padre Carlos Humberto a nuestro seminario, hemos de decir, amable lector, que se trata de un retablo-altar de mármol clásico, color parecido al mármol aurora de Brescia. En el cuerpo del retablo-altar, está colocado el icono o cuadro de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el cual está sobre un banco dividido en dos pisos. En el centro, se aprecia una placa de mármol blanco, con la letra M en mayúscula de María, con hendidura, tipo ornamental; y a los lados de esta, a derecha y a izquierda se aprecian dos columnas, con dos barras de mármol blanco. Pero leamos la descripción que nos hace el postulante nicaragüense Lenny Josué Matute Cano, quien lleva en su ´´curriculum vitae´´ cuatro años de arquitectura: ´´El altar dedicado a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro es de mármol, estilo clásico. Ocupa un área de 1.62 m2 y su altura hasta el segundo piso es de 1.43 metros. Resultando un total de 2.31 m3. El marco tiene 1 metro de alto. Por lo que su altura final es de 2.43 metros. Posee dos pisos: superior e inferior. En el superior está incrustado el marco de mármol donde se encuentra el Icono de Ntra. Señora. En el cual también está el sagrario, sobre una pequeña losa superpuesta sobre el primer piso. Al centro del antepecho hay una placa de mármol blanco, con un texto en relieve: “Virgen María, Estrella del mar, mis ojos te vean antes de expirar”. A los extremos del frontal hay dos volúmenes simulando dos pilastras dóricas de doble fuste, entre las cuales se encuentra otra placa de mármol blanco. Todo el conjunto volumétrico está sustentado por un basamento o sotabanco. Es un conjunto simétrico, y sus características como su textura y color se encuentran en completa armonía con su entorno´´.

A los pies del cuadro de Nuestra Señora está entronizado el sagrario, regalo de la comunidad de La Agonía de Alajuela, un 27 de junio del año 2014; abajo del sagrario está una placa de mármol blanco con la siguiente locución: ´´Virgen María, Estrella del Mar, mis ojos te vean antes de expirar´´. Es una locución que escuché muchas veces en labios de algunos padres y hermanos religiosos redentoristas españoles.

Con el nombre de San Clemente fue inaugurada la casa destinada para la formación de jóvenes aspirantes a la vida religiosa sacerdotal, en la Congregación del Santísimo Redentor, en el año de 1987. La bendición de la casa, en la que residen los aspirantes, futuros misioneros, fue realizada por Mons. Román Arrieta Villalobos, arzobispo metropolitano de San José (Q.d.D.g.), siendo superior mayor el M.R.P. Miguel Rodríguez del Palacio (Q.d.D.g.). La historia como mensajera del tiempo, señala a figuras como los PP. Jesús Rico Aldave, otrora párroco de la iglesia de la Soledad; José Casal Calviño, quien estuvo al frente de la construcción de la casa de formación; Ángel Morán Combarros, primer superior y prefecto y Laureano Salgado Estévez, como los que impulsaron la realización de tan grande proyecto de la construcción del seminario. Entre 1987 y 1988, la formación fue conjunta: postulantado y juniorado. Nuestro Seminario San Clemente, en el año 2017, cumplió treinta años de haber sido fundado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

             

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Mártires redentoristas de Madrid: profetas y heraldos de la fe, generosidad, el perdón y la reconciliación



Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R. 


    El siglo XX fue un siglo convulso, estremecido por grandes crisis, como las guerras mundiales, revoluciones, genocidios, etnocidios, políticas de exclusión, pobreza extrema, desempleo y persecución contra la Iglesia católica en diferentes países. Entre 1931 y 1939, el Reino de España vivía la Segunda República (entre el 14 de abril de 1931 y el 1 de abril de 1939). El rey Alfonso XIII tuvo que marcharse al exilio al haberse proclamado en España la Segunda República, viviendo en diferentes ciudades europeas, estableciéndose en París y Roma, donde falleció a los 54 años.

    Durante la Segunda República, España vivió la Guerra Civil (1936‑1939, periodo de entreguerras), que fue un conflicto social, político y militar, el más sangriento de la nación, en el cual murieron aproximadamente 500,000 personas. Se dieron asesinatos sistemáticos, violencia de las turbas, torturas, fusilamientos (casi 200,000 personas) y otra serie de brutalidades que terminaron en crímenes de lesa humanidad (el impresionante cuadro Guernica de Pablo Picasso representa este episodio sangriento de la Guerra Civil española). Fue asesinada brutalmente gente de diferentes estratos sociales, médicos, abogados e intelectuales, escritores y poetas, entre los cuales figuró el poeta, dramaturgo y prosista, Federico García Lorca, autor de Romancero gitano y más de 40 obras, que fue fusilado en el municipio de Víznar. Con el fusilamiento del poeta, el trío surrealista y mejores amigos, Buñuel, Dalí y Lorca, quedó disuelto.

    Durante la guerra civil española asesinaron alrededor de 7,000 sacerdotes, religiosos y religiosas de diferentes órdenes y congregaciones. En ese contexto sociopolítico, fueron martirizados en Madrid los doce misioneros redentoristas, seis sacerdotes y seis hermanos coadjutores. Estos doce misioneros fueron miembros de dos comunidades: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y de la Basílica Pontificia de San Miguel (actualmente sede del nuncio apostólico en España), en la ciudad de Madrid, quienes fueron asesinados entre el 20 de julio y el 7 de noviembre de 1936. Nuestros beatos mártires son los siguientes: Nicasio Vicente Renuncio Toribio, Aniceto Lizasoain Lizaso, Antonio Girón González, Máximo (Rafael) Perea Pinedo, Nicesio Pérez del Palomar Quincoces, Gregorio Zugasti Fernández de Esquide, José María Urruchi Ortiz, Pascual (José Joaquín) Erviti Insausti, Crescencio Ortiz Blanco, Ángel Martínez Miguélez, Bernardo (Gabriel) Saiz Gutiérrez y Donato Jiménez Viviano.

    Siete de nuestros beatos mártires (Vicente Renuncio Toribio y 11 compañeros), nacieron en el último tramo del siglo XIX. A lo largo de este siglo, España experimentó grandes transformaciones políticas, económicas y sociales, como nuevas técnicas y modos de producción agrícola, industria moderna (transformaría las sociedades de Inglaterra, Francia y Alemania), basada en la maquinaria y la fábrica, se sustituye la monarquía absoluta por una parlamentaria y constitucional (Primera República (1873-1874), desaparece el Tribunal de la Inquisición (15 de julio de 1834, durante la regencia de María Cristina de Borbón) y los derechos señoriales, se sustituye la antigua sociedad feudal por una sociedad de clases y fueron quedando atrás, poco a poco, ideas y prejuicios anacrónicos, diría el escritor Mario Vargas Llosa. El firmamento de las letras se ilumina más con la publicación de nuevas novelas de don Benito Pérez Galdós, el cronista de España, con dedicación, inventiva, empeño y soltura, entre 1876 y 1897 publicó Doña Perfecta, Gloria, Tormento, Misericordia, El abuelo y Torquemada en el purgatorio. En septiembre de 1892 Rubén Darío, el ´príncipe de las letras castellanas´, llega por primera vez a España. Estos son los acontecimientos en los que se enmarca el nacimiento de siete de nuestros beatos mártires redentoristas en las tres últimas décadas del siglo XIX.

    He aquí un esbozo de cada uno de nuestros beatos mártires:

    Beato Nicasio Vicente Renuncio Toribio: este beato es quien encabeza la lista de la Causa de Canonización. Profesó en la Congregación del Santísimo Redentor el 8 de septiembre de 1895 en Nava de Rey. Se ordenó como sacerdote el 23 de marzo de 1901 en Astorga, León. El beato Vicente sirvió en la Congregación como formador y profesor en el Jovenado de Nuestra Señora del Espino, consultor provincial; fue misionero en Astorga, el Espino y Sevilla y participó en campañas misioneras en la ciudad de Cáceres. En el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, donde fue prefecto, colaboró con la revista El Perpetuo Socorro (hoy Icono, fundada en 1899), con ahínco cuidó del culto, la catequesis de niños y la atención a los enfermos y ancianos. Fue martirizado el 7 de noviembre de 1936, en Paracuellos de Jarama, Madrid. Sus palabras como oblación de entrega generosa fueron las siguientes: “Ofrezco mi vida por mis cohermanos de España, por toda la Congregación y por la desventurada España”. Ese mismo día se confesó y le expresó a su amigo José Rumbao, lleno de júbilo: “Ya estoy preparado. Cuando usted quiera amigo. Ya no me preocupa lo que pueda suceder”. Y en voz baja añadió: “Ya me he confesado. Si voy a otra prisión, ya le escribiré. Si no, ya nos veremos en el cielo”.

    Beato Aniceto Lizasoain Lizaso: en 1892 ingresó en la Congregación del Santísimo Redentor, profesando el 15 de octubre de 1896. Su lengua de origen era el vasco, por lo que presentó dificultad de la lengua castellana en los estudios de Filosofía y Teología. Como hermano coadjutor, sirvió en la Congregación en los humildes servicios de la portería, sacristía y ecónomo en las comunidades de Granada, Valencia, San Miguel y Perpetuo Socorro, en Madrid. Vivió su martirio en agosto de 1936, tenía 59 años en el momento de su muerte martirial. El biógrafo del beato Aniceto afirma que él siempre albergó en su corazón el ardiente deseo de ser sacerdote, ese fue uno de sus mayores sufrimientos, con los cuales comenzó su martirio. Uno días antes de ser martirizado, le preguntaron sobre su estado de ánimo, a lo cual respondió firme y resuelto: “Me encuentro bien y ya he ofrecido mi vida por Jesucristo”.

    Beato Antonio Girón González: desde muy niño sintió la llamada de Dios a la vida sacerdotal. En 1882 ingresó al Seminario Diocesano de Astorga. Tiempo después, siendo seminarista, sintió la llamaba a la vida consagrada en la Congregación del Santísimo Redentor, donde profesó en 1889. El 19 de mayo de 1894 recibió el orden sacerdotal en la ciudad de León. Su vida misionera y ministerial la llevó a cabo como profesor y formador en el Jovenado del Espino en Santa Gadea del Cid, vivió como misionero en cinco comunidades: Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, San Miguel, San Felipe de Cuenca, Monasterio de Nuestra Señora del Espino y Nava del Rey. Fue martirizado junto con otro sacerdote en agosto de 1936 y murió sin soltar las cuentas del santo rosario hasta el último suspiro.

    Beato Rafael Perea Pinedo: el beato Rafael profesó en la ciudad de Nava del Rey, Valladolid, el 27 de febrero de 1923 y, 3 años después, hizo su profesión perpetua. Como hermano coadjutor se desenvolvió en las comunidades de Astorga y el Perpetuo Socorro de Madrid, en los humildes servicios de cocinero, portero, sacristán y ecónomo. El 2 de noviembre fue detenido e interrogado por los milicianos y al día siguiente, 3 de noviembre de 1936, su cadáver fue recogido en Ciudad Universitaria de Madrid.

    Beato Nicesio Pérez del Palomar Quincoces: inició su formación en la Congregación del Santísimo Redentor en 1883. Su noviciado lo hizo en la comunidad del Espino, profesó el 30 de marzo de 1891. Su vida como religioso redentorista la vivió ejerciendo los oficios de carpintero, hortelano, maestro de obras, al frente de los albañiles. Sus últimos años, los consagró en el oficio de la horticultura, en las comunidades de Astorga, Santander y Perpetuo Socorro de Madrid. Fue martirizado a los 77 años, en la madrugada del 16 de agosto de 1936, en el km 8 de la carretera de Valencia. Este beato es el mayor de los redentoristas martirizados en la persecución religiosa de 1936 y 1939 en España. El beato Nicesio era un hombre de carácter fuerte, así se mantuvo hasta el día de su ejecución, uno de los milicianos ejecutores dijo de él: “¡Qué energía tiene ese viejo!”.

    Beato Gregorio Zugasti Fernández de Esquide: en el año 1906 ingresó en el postulantado redentorista de Pamplona, Navarra y el 25 de diciembre de 1912 profesó en el Monasterio de Nuestra Señora del Espino en Santa Gadea del Cid. Su vida como misionero redentorista la vivió el Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Madrid, colaborando como auxiliar en la administración de la Revista del Perpetuo Socorro como oficial y gerente. Fue un religioso compasivo y caritativo, cuidó con gran amor fraternal al Hno. Nicesio Pérez, anciano y ciego y por estar junto con este hermano sufrió también el martirio.

    Beato José María Urruchi Ortiz: el beato José María ingresó en el Jovenado de Nuestra Señora del Espino en 1921. Profesó el 24 de agosto de 1927, en Nava de Rey Valladolid. Estudió la Filosofía y Teología en Astorga, León y allí se ordenó como presbítero el 20 de octubre de 1932. Como sacerdote, lo enviaron a trabajar apostólicamente a La Coruña y Gerona, Cuenca, Vigo y en octubre de ese mismo año es destinado al Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid. En agosto de 1936 fue martirizado cruelmente, el día 22, el cadáver del beato José María fue recogido para ser sepultado en el Cementerio de la Almudena de Madrid. Es el más joven de los doce mártires, apenas tenía 27 años cuando sufrió el martirio.

    Beato José Joaquín Erviti Insausti: el 31 de mayo de 1926, el beato José Joaquín ingresó como postulante en la Congregación del Santísimo Redentor, en la comunidad de Pamplona, Navarra. El 24 de febrero de 1930 hizo su primera profesión, en la comunidad de Nava de Rey, Valladolid, con el nombre de Hno. Pascual. En sus años de religioso sirvió como cocinero, en la comunidad de Astorga. En su último año de vida, el beato José Joaquín en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid, donde recibió el martirio.

    Beato Crescencio Ortiz Blanco: en el año 1893 ingresó en El Jovenado del Espino. Hizo su primera profesión como redentorista el 24 de agosto de 1900, en Nava de Rey, Valladolid. Fue ordenado sacerdote el 28 de diciembre de 1905, en Astorga, León. Como sacerdote enseñó Filosofía en Astorga. A partir de 1908 fue misionero itinerante en las comunidades de Madrid-San Miguel, Galicia, Valencia, Barcelona, Madrid–Perpetuo Socorro. Su última comunidad fue la Basílica Pontificia de San Miguel, a la cual llegó en julio de 1936, donde él y dos cohermanos más fueron martirizados, acusándolos de fascistas.

    Beato Ángel Martínez Miguélez: en 1918 ingresó en el Jovenado del Espino, Burgos. Hizo su profesión religiosa el 24 de agosto de 1925 y fue ordenado como presbítero en 1930. Durante 4 años fue profesor de Filosofía, servicio que abandonó por razones de salud. Los dos últimos años de su vida los pasó en el Santuario del Perpetuo Socorro de Madrid y en julio de 1936 fue destinado a la Basílica Pontificia de San Miguel. El beato Ángel contaba el día su martirio con 29 años.

    Beato Bernardo Saiz Gutiérrez: en mayo de 1919 ingresó al monasterio de Nuestra Señora del Espino, en Burgos. Su profesión religiosa la hizo en Nava de Rey, Valladolid, el 13 de noviembre de 1920 y tomó el nombre de Gabriel, el Hno. Gabriel. El servicio que prestó en la Congregación fue como cocinero en dos comunidades: Pamplona y Madrid–San Miguel, hasta el día de su martirio. El beato Bernardo se había preparado para el martirio. Como despedida pronunció estas palabras: “Estoy tan preparado que no me perturbará si me cogiesen ahora mismo y me pegasen cuatro tiros, y hasta me alegraría”.

    Beato Donato Jiménez Viviano: en Alaejos, Valladolid, pueblo que vio nacer al beato Donato Jiménez, se llevó a cabo una misión redentorista, esta le impactó tanto que decidió conocer el carisma de aquellos predicadores. Fue así como en 1887 ingresó en el Jovenado del Espino en Santa Gadea del Cid y seis años después, el 8 de septiembre de 1893 profesó en Nava de Rey y recibió el orden sacerdotal el 27 de mayo de 1899, en Astorga. Como sacerdote sirvió en la formación de los futuros misioneros redentoristas, en Nava del Rey y el Jovenado del Espino. Después lo hizo como misionero en Cuenca, el Espino, Astorga, Pamplona, Santander y Vigo. En junio de 1936 fue destinado a la comunidad madrileña de San Miguel. El beato Donato se caracterizó por ser una persona optimista y jovial, se entregó totalmente a la causa del Evangelio. El 13 de septiembre de 1936 fue encarcelado, cinco días después, el 18 por la mañana, su cadáver fue encontrado en Fuencarral.

    El padre de la Iglesia y teólogo, Quinto Septimio Florente Tertuliano, en su Exhortación a los Mártires dirigida a los cristianos encarcelados por la fe en la ciudad de Cartago entre los meses de enero y febrero del año 197, para animarlos a perseverar en su confesión y a merecer la gracia del martirio, les escribió: “La sangre de los mártires es semilla de los cristianos”. Frase célebre que ha traspasado los siglos y ha perfumado a la iglesia de todos los tiempos. Esta miríada de mártires que hay en la santa Iglesia, anónimos, beatificados y canonizados, nos han enseñado y orientado que ellos han recorrido en fidelidad el camino abierto por Jesús al decir de sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6). Los mártires nos ayudan a todos a descubrir diariamente el valor del testimonio dado a Jesucristo Nuestro Señor, ellos, al donar por entero sus vidas como ofrenda amorosa, se convierten en auténticos testigos de la redención copiosa.

    No obstante, ¿quién es un mártir? En el n.º 2473 del Catecismo de la Iglesia católica leemos: “El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza”. El papa emérito, Benedicto XVI, nos instruye con estas palabras sobre el martirio: “Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hechos capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores” (Porta fidei, 13) y el padre Roberto Bolaños, en su escrito Dieron la vida por la abundante redención-Mártires Redentoristas en Cuenca, indica que los mártires son: “Aquellos que han entregado su vida, derramando su sangre, para testimoniar su fe en Cristo, su amor a la Iglesia y la justicia de las causas de los pobres”.

    El mártir también es profeta por razón de su bautismo, por estar configurado con Cristo en su pasión, muerte y resurrección gloriosa. En el Antiguo Testamento, el profetismo, sacerdocio y la monarquía eran las tres instituciones que guiaban al pueblo en el caminar de su historia. En las Sagradas Escrituras se enlistan 104 profetas, a 49 de ellos se les conoce por su nombre y 17 de ellos escribieron su mensaje. La palabra profeta traducida del griego y hebreo se interpreta como el llamado, el enviado y el que anuncia. En sentido estricto bíblico significa el que habla en lugar de otro, es decir, el que habla en lugar de Dios. Los profetas fundaban su mensaje en tres principios: denunciaban, exhortaban y prometían. Denunciaban la idolatría cananea, exhortaban a la conversión y prometían una esperanza al pueblo en el Dios único y verdadero. Nuestros mártires Aniceto, Antonio, Nicasio, Rafael, Nicesio, Gregorio, José María, José Joaquín, Crescencio, Ángel, Bernardo y Donato, nos enseñan exhortándonos con su martirio el camino de la conversión, transitando la ruta de la esperanza en el Dios de la vida.

    En la actualidad, en la Iglesia católica, el profetismo sigue vivo desde la persona, el mensaje y la vida de Nuestro Señor Jesucristo, el profeta por excelencia. Cuando fuimos bautizados, con el santo crisma, se pronunciaron sobre nosotros estas palabras: “Para que entréis a formar parte de su pueblo y seáis para siempre miembros de Cristo, sacerdote, profeta y rey”. El Concilio Vaticano II indica: “El Pueblo santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza, que es fruto de los labios que confiesan su nombre (LG 12)”.

    ¿Por qué el gobierno de la Segunda República Española persiguió a la Iglesia? La Santa Sede recomendó a los obispos españoles (que en 1966 se configuraron como Conferencia Episcopal Española), de aceptar y colaborar con el gobierno de la Segunda República ´para el bien de España´. Al poco tiempo de la proclamación de la Segunda República Española comenzó la violencia contra la Iglesia católica, como la horrible quema de sus conventos. A este episodio en la historia de España se le llamó cuestión religiosa en la Segunda República Española. La Iglesia en España no hizo campaña política ni a favor ni en contra del sistema de la Segunda República. El Concilio Vaticano II, en la constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, indica que la Iglesia está llamada a: “Participar de los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo”. Los jerarcas de la Iglesia no deben o no debemos participar en política estrictamente partidista, pueden participar en política en sentido amplio, mas no en sentido estricto. El buen lector preguntará: ¿Qué significa política en sentido amplio? Política en sentido amplio significa buscar el bien común.

    El historiador de la Iglesia, Pbro. Andrés Martínez Esteban, escribe sobre las acusaciones que se le hicieron a la Iglesia: “Bajo la acusación de que hay sacerdotes, religiosos y religiosas están apoyando el alzamiento militar y que están participando en política que son datos que hoy sabemos que no son ciertos. Son acusaciones falsas pero que se utilizan como excusa para perseguir a todas estas personas simplemente por el hecho de pertenecer a la Iglesia católica, con el resultado de que se les fusila y se les mata sistemáticamente”. A la Iglesia católica se la acusaba de haber vivido por siglos un concubinato con la Monarquía imperante, siendo cómplice de grandes vejaciones y de tener un poder desmedido. Este odio de sangre y odio de muerte en contra de la Iglesia hunde sus raíces en la postura de partidos políticos que defendían la separación de la Iglesia y el Estado, lo cual dio origen a la constitución de 1931. En el periodo que va del 14 de abril de 1931 y el 1 de abril de 1939, hubo en España un anticlericalismo visceral, alimentado por algunos medios de publicidad como la revista satírica La Traca, que desapareció en 1938. Esta revista llegó a vender más de 500.000 ejemplares.

    Nuestros beatos mártires redentoristas vivieron, de manera frugal, en la cotidianidad de la vida, haciendo de lo ordinario algo extraordinario. Vivieron el espíritu del carisma de la Congregación, observando el conjunto de preceptos fundamentales que se debe guardar como un tesoro en la comunidad religiosa. Hoy ellos están en los altares de la Iglesia y se suman al número de los hijos ínclitos de la Congregación del Santísimo Redentor. La celebración de la eucaristía y rito de beatificación fue presidida por el delegado apostólico, Emmo. y Rvdmo. Sr. cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, y concelebrada por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, el 22 de octubre de 2022, en la catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid, desde la cual escuchamos la fórmula de beatificación que los proclamó bienaventurados, que están gozando de las delicias del Paraíso y fueron inscritos en el catálogo de los beatos de la santa Iglesia católica y apostólica. En su homilía enfatizó el cardenal Semeraro diciendo: “La fe radical en Dios, que es nuestro Padre, y la solidaridad absoluta con su Hijo Jesucristo: éstas son las coordenadas que, por sí solas, pueden guiarnos, incluso cuando nos encontramos en medio de los miedos y chantajes humanos”. El superior provincial de España, padre Francisco Javier Caballero, dio gracias por la beatificación con estas palabras: “Estos doce nuevos beatos son la expresión clara del compromiso misionero con la reconciliación, con el encuentro de los hijos de san Alfonso María de Ligorio”.

    El grupo de mártires redentoristas inscritos en el número de los beatos de la santa madre Iglesia católica y apostólica, lo componen seis sacerdotes y seis hermanos coadjutores redentoristas.

    Que nuestros nuevos beatos mártires redentoristas, rueguen por nuestra Congregación del Santísimo Redentor, por la todavía provincia de América Central y por el proceso de reconfiguración y reestructuración.

    ¡Vivan nuestros beatos mártires de Madrid, Aniceto, Antonio, Nicasio, Rafael, Nicesio, Gregorio, José María, José Joaquín, Crescencio, Ángel, Bernardo y Donato! Profetas y heraldos de la fe, generosidad, el perdón y la reconciliación