LA VANIDAD DEL ÍDOLO DEL SEXO Y LA FAMA
Los ídolos del sexo y la fama van muy
unidos de la mano. Están ungidos con el óleo de la vanidad. Son secuaces. La
sexualidad es un don de Dios. Es un maravilloso regalo que recibimos los
hombres y mujeres y está orientado, como nos enseña la Iglesia, al amor
verdadero. La sexualidad no es simplemente ´´sentir´´, no. He ahí el detalle. Es
expresar en libertad el amor. Por eso tiene una doble finalidad: es unitiva y
procreativa. La sexualidad está al servicio del amor, por eso es trascendente. Cuando
la sexualidad humana se convierte en un instrumento deshumanizado, se
desorienta y pasa a ser un ídolo lleno de vanidad esclavizante. Es eso lo que
hace la pornografía y la trata de personas o comercio de personas. Cuando la
sexualidad humana se cosifica, pierde su verdadero sentido de trascendencia y
se vuelve inmanente; es decir, algo interno, la devalúa. La sexualidad tiene
grandes dimensiones en el amor.
La fama de los ´famosos´. La vanidad del
famoso no es estrictamente como dice el diccionario, ´´la opinión que la gente tiene de alguien o de algo´´. Me refiero
a la fama de las llamadas estrellas del cine y la televisión. A los que mal
llaman con el anglicismo ´´celebrity´´, que
se traduce como ´celebridad´. Llaman ´celebridad´ a la cantante Madonna,
Cher, Taylor Swift, Kanye
West, Kim Kardashian, Ed Sheeran y otros muchos más. Son celebridad por su fama,
porque son personas famosas, hagan lo que hagan son noticia, aunque digan y
hagan un acto sublime o una estupidez… Son seguidos por millones de admiradores,
muchos de ellos sin criterio ni visión. Por eso decía el escritor alemán Georg
Christoph Lichtenberg: ´´A la gloria de
los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores´´. Y
mi muy estimadísimo poeta y dramaturgo Federico García Lorca, decía de los
famosos: ´´El hombre famoso tiene la
amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen
sobre ellos otros´´. Los actos de estos a quienes llaman ´celebridad´ son
cubiertos ampliamente por los medios de comunicación, redes sociales y la
prensa rosa. Es la fama por la fama, a toda costa.
La fama siempre se arropa con un abrigo fantasmagórico,
perfumado con el perfume de la vanidad. Vanidad que llevó al personaje de Jean-Baptiste
Grenouille, de la novela Das Parfüm, die
Geschichte eines Mörders (El perfume: historia de un asesino), del escritor
alemán Patrick Süskind, a cometer los más horrendos crímenes, obteniendo de los
cadáveres fragancias exquisitas que se vendían con gran valor entre las bellas
damas de la sociedad. Su fama alcanzó un nivel altísimo, que el personaje confundió
con el éxito. La fama no siempre es sinónimo de éxito. No se debe confundir la fama con el
éxito. Nunca.
Cuando alguien desea ser famoso, es
porque desea vehementemente ser muy conocido, admirado y muy respetado. Se dice
que la fama es muy caprichosa: hoy se tiene, mañana… quien sabe… Muchos famosos
se han retirado de su vida artística en la crespa de la ola. Sintieron que la
fama les había robado el don más preciado del ser humano: la libertad. Dejaron
de ser ellos, para ser la imagen proyectada de su fama. Eso le sucedió al
famosísimo Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, mejor conocido como Cantinflas,
´el más grande comediante del mundo´,
dijo Charles Chaplin. Su esposa, la bailarina rusa Valentina Ivanova, cuando
quería conversar seriamente con él, le decía que, con quien deseaba conversar era
con su esposo, Mario, no con Cantinflas. La fama del personaje lo absorbió
tanto, que él mismo se buscaba dentro de sí para encontrarse con su yo
verdadero. La escritora Guadalupe Loaeza, escribió que Mario Moreno y Cantinflas
vivían en permanente contradicción… Otro caso es el de la muy famosa Josefa
Flores González o Pepa Flores, conocida mundialmente por su trabajo en el cine,
la televisión y la música bajo el nombre de Marisol.
Marisol se retiró de todo el mundo
artístico para siempre, no soportando ni siquiera los flashes de las cámaras ni gente en derredor suyo aplaudiéndole. Por
décadas fue fenómeno de masas, hizo reír, bailar y soñar a miles de jovencitas europeas
que querían ser como ella. Antes de cumplir sus quine años se había convertido
en la gran estrella del cine español. Hasta que llegó el momento de enterrar
para siempre a Marisol, nombre que la llevó a la cúspide de la fama. Tanto, que
no se presentó a recibir el Goya de Honor 2019 de la Academia de cine español,
sino que, en nombre de ella, lo recogieron sus tres hijas. Sus hijas dijeron
que su madre vivía muy feliz retirada para siempre de los escenarios. Marisol,
la que un día había encantado al mundo hispano con sus inolvidables temas como ´´Tu
nombre me sabe a yerba´´ y ´´Corazón contento´´, hasta que en el año de 1985
tomó la firme decisión de alejarse para siempre de la música y el cine. Cumplió
con su promesa de no volver a tener proyección pública. Así es la fama…
Hay personajes famosos que nunca
buscaron conscientemente la fama. Un ejemplo vivo fue Agnes Gonxha Bojaxhiu,
conocida mundialmente como santa Teresa de Calcuta. Humildad, sencillez y
entrega generosa hasta doler, fueron las características que dibujaron la
sobria silueta de la monja carismática que vio nacer la ex República Yugoslava
de Macedonia; sin duda alguna, es una de las más grandes santas del siglo XX. Los
biógrafos y religiosas más cercanos a santa Teresa de Calcuta, afirman que ella
rehuía a posar para cámara alguna. Solía repetir el texto evangélico de Lucas
17, 10: ´´De igual modo vosotros, cuando
hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos
hecho lo que debíamos hacer´´. En otras palabras, Teresa de Calcuta no
permitió que la vanidad del ídolo de la fama, el poder y el dinero invadieran
su vida de amor y entrega. Sufrió ataques muy fuertes del Diablo desde fuera,
pero nunca logró el espíritu pervertidor hacerla sucumbir en la vanidad, altar
de oro de los ídolos de este mundo.
Con la mortal pandemia de la COVID-19,
quedó muy claro algo: muchísimas cosas en este mundo son efímeras. La vanidad
de los hombres y mujeres quedó descubierta, al desnudo. Cosas que creíamos
importantes, realmente no lo eran. Eran creación de nuestras ´necesidades´
infundadas. Descubrimos que sí podíamos vivir de los necesario, del día a día. Se
vio la humanidad desnuda y necesitada. Hemos de volver a Dios y adorarle solo a
Él. Solo en Dios cobra sentido el sinsentido de la vida.
Adorar a Dios es amar a Dios sobre todas
las cosas y despojarse de los ídolos de este mundo, cuyo altar es la vanidad,
que es la arrogancia, presunción, envanecimiento del alma. Adorar al Señor, el
Dios de la vida, que nos dio a su hijo muy amado Jesucristo, es pedirle que nos
libre de la vanidad que nos lleva al mal. Por eso imploramos infinitamente a
Dios: ´´no nos dejes caer en la
tentación, y líbranos del mal´´. Amén.
´´La
vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que
pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados´´ (Ernesto Sábato, escritor argentino).
´´Buscamos
la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la
forma actual del bien máximo. Pero la figura del consumidor satisfecho es
ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no
feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores.
Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva, nada o casi nada? ´´
(José Luis López Aranguren, filósofo y ensayista español).