viernes, 6 de febrero de 2026

 

CUARESMA, CAMINO DE LUZ TRANSFORMADORA




Por P. Bosco J. Rodríguez A.,C.Ss.R.


“Y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados” (Apocalipsis 1, 5).

    Con el Miércoles de Ceniza iniciamos el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Este tiempo nos prepara para vivir en nuestro peregrinaje en la fe, la celebración exultante de gozo del misterio de la Pascua de Cristo Jesús. Estos cuarenta días de ejercicio espiritual en la Iglesia, nos llevan a recordar los cuarenta días de Moisés en el monte Sinaí o monte Horeb, los cuarenta años en el desierto del pueblo elegido de Israel saliendo de Egipto a Canaán, pasando por Qâdêsh Barnêa (Cades Barnea), donde se dio la gran rebeldía de dicho pueblo, punto de quiebre entre Dios y su pueblo; y los cuarenta días de ayuno de Jesús.

    La escalada cuaresmal nos lleva a la renovación de nuestro compromiso bautismal, y a la vez a tomar un camino de conversión serio y resuelto, camino de luz transformadora. El tiempo de Cuaresma nos debe mover espiritualmente a una profunda renovación interior. Los entendidos y estudiosos de la palabra de Dios, nos iluminan diciendo que el acento o la fuerza en este tiempo, no son las prácticas penitenciales, sino la acción santa o justicia del Señor en nuestras vidas, mediante el signo bíblico de la ceniza.

    La Cuaresma nos debe conducir a un cambio radical de vida en este tiempo tan agitado en que vivimos. Como cristianos católicos, ante todo, nuestra meta de vida debe ser esa. La santa madre Iglesia católica y apostólica, nos invita tender reciamente a Jesucristo. ¿Cómo? En la Palabra de Dios encontramos la respuesta, que en palabras sencillas es: escucharla atentamente, orar y compartir con el prójimo, es decir, con nuestros hermanos de comunidad, realizando las obras de misericordia a las que nos invitó el papa Francisco, de feliz memoria. Todas estas actitudes nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, a la Santísima Virgen María y a nuestros santos y beatos.

    La Cuaresma es un tiempo privilegiado para el perdón y la reconciliación como hermanos. Un tiempo de gracia y santidad para vivir la inmensa misericordia de Dios como Padre amoroso que es. Estamos llamados como cristianos al perdón y a la reconciliación fraterna. ¡A perdonarnos entre nosotros! El papa Francisco, en su primer libro El nombre de Dios es Misericordia, nos ilumina con palabras muy diáfanas a vivir y abrirnos en este tiempo:

    Abrirse a la Misericordia de Dios, abrirse a sí mismo y a su propio corazón, permitir a Jesús que le salga al encuentro, acercándose con confianza al confesionario. E intentar ser misericordioso con los demás.

    Que, en nuestro recorrido cuaresmal, caracterizado por la sobriedad y sencillez, hayamos entrado en el arrepentimiento de nuestros pecados y cambiado algo de nosotros, para ser mejores cristianos y discípulos de Cristo Nuestro Señor, Redentor del mundo. También, que en la ´soledad sonora del desierto´ cuaresmal, hayamos encontrado en la oración y el ayuno, fortaleza y esperanza pascual. Y al celebrar gozosamente la Pascua Florida, la fiesta más importante para todos los cristianos católicos, vivamos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado, con el que nos abrió las puertas de la vida eterna

“Pero no está aquí, pues ha resucitado, como había anunciado. Venid, ved el lugar donde estaba” (Mateo 28, 6). 

La celebración cuaresmal de este año ha de ser comprendida en clave de misericordia y favor, porque son los signos de los tiempos: solo entonces, nos dirá el profeta Isaías, llamado el “príncipe de los profetas”, la carne brillará con tu luz interior, como una luz transformadora.

    Que Santa María, Madre de Dios, la Virgen de la Pasión nos arrope con su manto de amor, ternura y misericordia. Que tengamos una provechosa y santa Cuaresma. ¡Ánimo, la Cuaresma es un camino de luz transformadora!

 

 



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