CUARESMA, CAMINO DE LUZ
TRANSFORMADORA
Por P. Bosco J. Rodríguez A.,C.Ss.R.
“Y de parte de Jesucristo, el
Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de
la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados” (Apocalipsis
1, 5).
Con el Miércoles de Ceniza
iniciamos el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Este tiempo nos prepara para
vivir en nuestro peregrinaje en la fe, la celebración exultante de gozo del
misterio de la Pascua de Cristo Jesús. Estos cuarenta días de ejercicio espiritual
en la Iglesia, nos llevan a recordar los cuarenta días de Moisés en el monte
Sinaí o monte Horeb, los cuarenta años en el desierto del pueblo elegido de
Israel saliendo de Egipto a Canaán, pasando por Qâdêsh Barnêa (Cades Barnea),
donde se dio la gran rebeldía de dicho pueblo, punto de quiebre entre Dios y su
pueblo; y los cuarenta días de ayuno de Jesús.
La escalada cuaresmal nos
lleva a la renovación de nuestro compromiso bautismal, y a la vez a tomar un
camino de conversión serio y resuelto, camino de luz transformadora. El tiempo
de Cuaresma nos debe mover espiritualmente a una profunda renovación interior.
Los entendidos y estudiosos de la palabra de Dios, nos iluminan diciendo que el
acento o la fuerza en este tiempo, no son las prácticas penitenciales, sino la
acción santa o justicia del Señor en nuestras vidas, mediante el signo bíblico
de la ceniza.
La Cuaresma nos debe
conducir a un cambio radical de vida en este tiempo tan agitado en que vivimos.
Como cristianos católicos, ante todo, nuestra meta de vida debe ser esa. La santa
madre Iglesia católica y apostólica, nos invita tender reciamente a Jesucristo.
¿Cómo? En la Palabra de Dios encontramos la respuesta, que en palabras
sencillas es: escucharla atentamente, orar y compartir con el prójimo, es
decir, con nuestros hermanos de comunidad, realizando las obras de misericordia
a las que nos invitó el papa Francisco, de feliz memoria. Todas estas actitudes
nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, a la Santísima Virgen María y a
nuestros santos y beatos.
La Cuaresma es un tiempo
privilegiado para el perdón y la reconciliación como hermanos. Un tiempo de
gracia y santidad para vivir la inmensa misericordia de Dios como Padre amoroso
que es. Estamos llamados como cristianos al perdón y a la reconciliación
fraterna. ¡A perdonarnos entre nosotros! El papa Francisco, en su primer libro El
nombre de Dios es Misericordia, nos ilumina con palabras muy diáfanas a
vivir y abrirnos en este tiempo:
Abrirse a la Misericordia de
Dios, abrirse a sí mismo y a su propio corazón, permitir a Jesús que le salga
al encuentro, acercándose con confianza al confesionario. E intentar ser
misericordioso con los demás.
Que, en nuestro recorrido cuaresmal, caracterizado por la sobriedad y sencillez, hayamos entrado en el arrepentimiento de nuestros pecados y cambiado algo de nosotros, para ser mejores cristianos y discípulos de Cristo Nuestro Señor, Redentor del mundo. También, que en la ´soledad sonora del desierto´ cuaresmal, hayamos encontrado en la oración y el ayuno, fortaleza y esperanza pascual. Y al celebrar gozosamente la Pascua Florida, la fiesta más importante para todos los cristianos católicos, vivamos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado, con el que nos abrió las puertas de la vida eterna.
“Pero no está aquí, pues ha resucitado, como había anunciado. Venid, ved el lugar donde estaba” (Mateo 28, 6).
La celebración
cuaresmal de este año ha de ser comprendida en clave de misericordia y
favor, porque son los signos de los tiempos: solo entonces, nos dirá el profeta
Isaías, llamado el “príncipe de los profetas”, la carne brillará con tu luz
interior, como una luz transformadora.
Que Santa María, Madre de
Dios, la Virgen de la Pasión nos arrope con su manto de amor, ternura y
misericordia. Que tengamos una provechosa y santa Cuaresma. ¡Ánimo, la Cuaresma
es un camino de luz transformadora!
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