viernes, 6 de febrero de 2026

                                           Devoción a san Caralampio en Alajuela



Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R.


San Caralampio, obispo y mártir, cuyo nombre en griego significa “brillar de alegría”. A mediados del siglo XX llegó al barrio de El Llano la devoción a este santo obispo y mártir de la santa madre Iglesia católica y apostólica. Los señores Josefa Caballero y Eberto Cordero Ramírez fueron los grandes promotores de la devoción al santo de Turquía, cuya imagen fue donada por el presbítero Caballero, pariente de doña Josefa Caballero.

Las celebraciones en honor a este santo fueron verdaderas expresiones de devoción y gratitud. Una de las romerías, recordada en la tradición oral y en breves escritos, tenía el siguiente recorrido: la imagen salía en hombros desde la ermita de la Inmaculada Concepción hacia la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, donde permanecía varios días; luego era llevada a la Catedral de Nuestra Señora del Pilar; de la catedral pasaba al Santuario Santo Cristo de Esquipulas de la Agonía; y después regresaba a su casa, la ermita de El Llano.

El 14 de febrero de 1958, el comercio del centro de Alajuela cerró sus puertas como señal de respeto religioso ante el paso de la venerada imagen del santo. La feligresía recibió, por la intercesión de san Caralampio, numerosos milagros y sanaciones, y muchos niños de la comunidad fueron protegidos de la enfermedad infecciosa de la poliomielitis.

Antes de que llegara la devoción a san Caralampio a Alajuela, su presencia en Costa Rica se remonta a mediados del siglo XIX. Durante la Campaña Nacional de 1856-1857, en el cantón de Bagaces, provincia de Guanacaste, la región enfrentó una devastadora epidemia del cólera. Se cuenta que el 5 de junio de 1856 murió la última persona afectada por el cólera en Bagaces, poniendo fin a la terrible peste que había cobrado la vida de más de 10 000 costarricenses. Este suceso fue visto como un milagro atribuido a san Caralampio. La devoción a este santo llegó desde Nicaragua a través de una estampa que se convirtió en la primera imagen venerada en Bagaces, llevada por la señora Hermenegilda Silva Guido (Datos tomados de diversos artículos publicados en internet). 




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