jueves, 5 de febrero de 2026

 Regla: ciudad mágica cobijada con el manto azul de la Madre 

                                               del Señor



Por P. Bosco José Rodríguez A., C.Ss.R.

 

Uno de los quince municipios de la provincia de La Habana, Cuba, es el municipio de Regla. Si nos remontamos a los siglos XVI y XVII, encontraremos los orígenes de este periférico municipio, cuyo nombre autóctono es Guaicanamar, que significa “frente al mar”, pues está ante a la bellísima bahía de La Habana, espejo donde se mira la “Llave del Nuevo Mundo y antemural de la Indias Occidentales”. Según los historiadores, en 1573 ya se conocía la existencia de un caserío de indios, el cual pertenecía al cacicazgo indio de Guanabacoa. Como surgimiento u origen del pueblo ultramarino de Regla, se toma como marco de referencia el 27 de febrero de 1517, cuando le fueron otorgadas las tierras a don Diego Miranda, donde hoy se levanta el santuario de Regla.

El 3 de marzo de 1687, don Pedro Recio de Oquendo concede a Manuel Antonio, conocido como “el peregrino”, un terreno para la construcción de la ermita de Nuestra Señora de Regla. Aquella ermita se levantó con tablas y guano (así le llaman en Cuba a las palmas de tronco alto y redondo), que más tarde sería lo que es hoy: Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla, “faro de la fe cristiano-mariano”.

Regla es el municipio sin hospital. Cuenta con una gran riqueza cultural popular, así lo reflejan sus símbolos municipales: escudo y monumentos nacionales. Entre ellos se destacan su bello Palacio Municipal y el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla, templo de grandes valores históricos y socioculturales, hito luminoso del municipio. Personalidades de gran talla espiritual y moral, como la del siervo de Dios Félix Varela y Morales, están relacionadas a este templo dedicado a Nuestra Señora de Regla.

El poblado de Regla está al este de la bahía de La Habana. Al norte limita con el barrio de Casablanca; al sur y al este con Guanabacoa, mientras que al oeste con la bahía. El municipio de Regla tiene su amplio malecón y mirador. El escritor cubano Alejo Carpentier y Valmont, autor de El siglo de las luces, en sus crónicas llamó a Regla la “ciudad mágica”. Escribió: “Por cinco centavos una lancha con atribuciones de alfombra mágica, puede llevarnos a Regla, la ciudad del misterio, donde reina constantemente, una atmósfera de prodigio”. El municipio de Regla está presente en todas las artes: pintura, escultura, arquitectura, música, danza, literatura y cine; y ha dado a Cuba entera hombres y mujeres que se han destacado en estas bellas artes. Jóvenes brillantes que se han destacado en una o varias de estas disciplinas y que se sienten orgullosos de ser reglanos. El joven escritor reglano, Enzzo Hernández Hernández, autor de la novela Ghosting. Una historia de fantasmas, expresaba con estas sentidas palabras su relación con el poblado que lo vio nacer: “Quienes hemos nacido en Regla y somos conscientes de su historia y costumbres, sentimos un profundo arraigo hacia esta diminuta península. Mucho se ha hablado del carácter ultramarino del pueblo, de la cultura de su gente y sus originarias tradiciones espirituales y religiosas, pero es un lugar tan fascinante que nos sorprende siempre”.

Al caminar por las calles de Regla, podemos ver casas de madera de más de cien años de existencia que ven pasar el tiempo, muy parecidas a las casas de madera que se ven en aquellas antiguas películas del Oeste, del parque temático Oasys MiniHollywood (provincia de Almería, España). También las hay de mampostería y, por supuesto, de clásica y de gran belleza arquitectónica. ¡Realmente son bellísimas y de buen ver! Se pueden observar en sus calles curiosos ´carricoches´ halados por dos caballos y pequeños promontorios de heno en algunas esquinas. En el corazón del municipio están el parque Guaicanamar, el Cine-Teatro Regla y el edificio de la sede del Gobierno Municipal. Otros lugares importantes para los reglanos son el Museo Municipal Eduardo “Gómez Luaces”, el parque Julio Antonio Mella, conocido como “Lamandarria”, ubicado en Benito Anido, cerca de la Notaría Regla y Parque Infantil La Esperanza, entre otros. Y cómo no mencionar sus famosas calles, en las que a izquierda y derecha se asoman las populares “mesitas”, donde se puede adquirir desde un pequeño tornillo a un material de construcción. Este es el pueblo donde tiene su trono la Beatísima Virgen María de Regla.

¿Cuál es el origen de esta tan amada advocación mariana de la Virgen de Regla o Nuestra Señora de Regla? En sus Confesiones, san Agustín cuenta que su madre, santa Mónica de Hipona, tuvo un sueño en el que se le apareció un ángel “de pie sobre una regla de madera”, comunicándole que donde ella estaba allí estaría también su hijo Agustín. Este sueño de la santa de Hipona fue anticipo de la conversión de su hijo Aurelio Agustín, quien más tarde sería el inmenso san Agustín de Hipona, obispo, doctor y padre de la Iglesia. Once años más tarde de aquel profético sueño de santa Mónica, su hijo Agustín estaría en la misma “regla de fe” que su madre. “Me convertiste a ti que ya no apetecía ni abrigaba esperanza alguna de este mundo, estando ya en aquella regla de fe sobre la que hacía tantos años me habías mostrado a ella. Y así convertiste su llanto en gozo, mucho más fecundo de lo que ella había apetecido y mucho más caro y casto que el que podía esperar de los nietos que le diera mi carne”, escribió san Agustín. Así nació la bellísima advocación mariana de Nuestra Señora de Regla, referencia manifiesta a la “regla de la fe” en la que entró san Agustín, al convertirse a la fe de la Iglesia santa católica y apostólica.

Sobre la bendita imagen de Nuestra Señora de Regla, se dice que fue el mismo san Agustín quien la mandó a esculpir. La mantuvo en su oratorio privado y ante esa bendita imagen escribió la Regla o forma de vida monástica que lleva hoy su nombre. El santo de Hipona fue un hombre muy mariano, herencia que recibieron de él todos sus hijos, los frailes agustinos, la gran familia de los agustinos. Estos, a lo largo de los siglos, han honrado a la Santísima Virgen María bajo estas cuatro dulcísimas advocaciones: Nuestra Señora del Socorro, Nuestra Señora de Gracia, Nuestra Señora de la Consolación y Correa y Nuestra Señora, Madre del Buen Consejo.

La difusión de esta advocación tiene focos de irradiación en distintas partes del mundo en forma de santuarios dedicados a María bajo este tierno y dulce nombre de Nuestra Señora de Regla. El escritor Rafael Lazcano, gran conocedor de la Orden de San Agustín, en su libro Historia, leyenda y devoción a Nuestra Señora de Regla, nos presenta el itinerario de fe, vida y amor que ha recorrido por el mundo esta amada advocación. Lazcano nos dice en su obra cómo del antiguo reino bereber africano, ahora extinto, llegó la devoción a la Virgen de Regla a Chipiona (Cádiz). Luego, se extendió a Sevilla, al sur de España. Se venera a la Virgen de Regla en el Convento del Espíritu Santo, Hermandad de Nuestra Señora de Regla, San Acacio, Convento de San Agustín. La devoción reglana también llegó a las islas Canarias, España. En La Orotava (Tenerife), Pájara (Fuerteventura), Los Llanos (Santa Cruz de Tenerife), Los Llanos de Aridane (La Palma) y Málaga. En el mapa devocional de esta advocación mariana vemos cómo ha encontrado un altar en los corazones de miles de españoles católicos.

La Virgen negra que vino del mar desde África tiene su altar en Chipiona, municipio español situado en la provincia de Cádiz. Es el majestuoso Santuario de Nuestra Señora de Regla de Chipiona uno de los focos de fe católica más importantes de toda Andalucía. Este santuario tiene su origen en una fortaleza, que era propiedad de los Ponce de León, llamados los Señores de Chipiona, en el siglo XIV, aunque algunos historiadores afirman que su origen puede ser anterior. Fue restaurado en el siglo XVII, reparación que terminó entre 1835 y 1882.

Las fiestas en honor a Nuestra Señora la Virgen de Regla en Chipiona son consideradas de interés religioso, folclórico, cultural y turístico en Andalucía. Según documentos históricos, estas fiestas se remontan a 1611. Ya en los siglos XVI y XVII, la imagen de Nuestra Señora de Regla era la más conocida y popular de toda Andalucía. En la actualidad, las celebraciones en honor a esta venerada imagen son diversas, como, por ejemplo, pasacalle infantil, izada de banderas e inauguración del alumbrado en el Santuario de Regla, actuación de artistas muy importantes de España, elaboración de una alfombra de sal, en la que participan varias asociaciones, una diana floreada por parte de agrupaciones musicales, entre otras. La procesión de la Virgen de Regla, que parte del Santuario con el acompañamiento musical, es lo más esperado por sus fieles devotos. Esta procesión es histórica. La historia recuerda especialmente la procesión del 8 de septiembre de 1588, cuando se envió a la Armada Invencible para luchar contra Inglaterra. Todos sus devotos vibran al paso de la Virgen negra de Regla, como lo hacía la célebre cantante chipionera Rocío Jurado, “la más grande”, quien le dedicaba la canción “Virgen de Regla”, coreada por muchos devotos de la virgen negra. Todos los 8 de septiembre, la cantante rendía honor a Santa María de Regla desde el tradicional balcón que lleva su nombre: "el balcón de Rocío Jurado". Ni por un millón de euros hubiera aceptado una gala ese día, dijo en una entrevista a Televisión Española. Jurado fue considerada "verdadera embajadora" de las fiestas en honor a Nuestra Señora de Regla. Ella se convirtió en la más notable devota de la Virgen negra. Y así como ella hay miles y miles que vibran al escuchar el nombre santo de la Virgen de Regla.

El itinerario de esta devoción mariana, según la tradición, resulta en que, tras la muerte de san Agustín, en Hippo Regius, el 28 de agosto de 430 d.C., unos monjes, entre los que figuraba el diácono Cipriano, huyeron con la bendita imagen en una pequeña embarcación para salvarla de los vándalos invasores, quienes habían invadido Galia, la actual España y el norte de África. Zarandeados por la furiosa tempestad del mar, llegaron a la playa de Chipiona. Allí, quienes seguían la Regla de San Agustín construyeron una ermita en honor a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de Regla. Con la llegada de la invasión musulmana, la venerada imagen fue resguardada en un aljibe, puesta debajo de una roca, por espacio de varios siglos.

En 1330, un canónigo regular de San Agustín descubrió la bendita imagen de la Virgen negra en el aljibe, que con el paso del tiempo pasó a llamarse el Humilladero del Santuario de Nuestra Señora de Regla. El canónigo bautizó a la bendita imagen encontrada con el nombre de Nuestra Señora de Regla. Junto al Humilladero se encuentra el actual Santuario de Nuestra Señora de Regla. ¿Es esa imagen encontrada en el Humilladero la misma que mandó a burilar el propio san Agustín? Según Rafael Lazcano, a quien hemos citado más arriba, en su obra Historia, leyenda y devoción a Nuestra Señora de Regla, nos dice cómo era la imagen en 1330. Escribe Lazcano: “La imagen de la Virgen de Regla, fechada hacia 1330, era una escultura sedente, más bien pequeña, 62 cms. de alto sin contar la peana que la sustenta, de estilo de transición del románico al gótico, esculpida entre los siglos XII y XIII, en madera policromada y de una sola pieza, desnuda en su origen, y de color moreno”.

Desde finales del siglo XVI, la imagen luce una bellísima túnica, correa agustiniana, manto, velo, diadema real y rostrillo. Luego se le añadió un Niño Jesús sobre su pecho, que está de pie apoyado sobre la pierna izquierda de la imagen de la Virgen, nos lo describe Rafael Lazcano. El santuario de la Virgen negra en Chipiona ha pasado por el deterioro inclemente del tiempo y por la desamortización que se produjo en la época. En 1904 fue demolido el antiguo santuario y en 1906 se levantó el nuevo de estilo neogótico. Es regentado por los frailes franciscanos, quienes con mucho esmero han cuidado del santuario y de la devoción a la Virgen de Regla. El 5 de septiembre de 1954, entre himnos vibrantes, miles de vivas y un sinnúmero de aplausos, la Virgen de Regla de Chipiona fue coronada solemnemente por el cardenal Pedro Segura y Sáenz, arzobispo de Sevilla. Participaron como padrinos figuras de la nobleza, muy renombrados por la historia. En dicha coronación participó el muy notable orador José María Pemán, periodista, dramaturgo y poeta.

En América, nos dice Lazcano, la devoción a la Virgen de Regla llegó a la iglesia de San Agustín, en Guayaquil, Ecuador. Los frailes agustinos promovieron la Cofradía de Nuestra Señora de Regla. En San Pedro de los Milagros, en Antioquia, Colombia, la única y principal patrona de este lugar es Nuestra Señora de Regla desde el siglo XVIII. En el municipio de Tovar, Venezuela, desde el siglo XVII se venera la bendita imagen de Nuestra Señora de Regla, devoción promovida por los misioneros agustinos. En Baní, República Dominicana, conocida como la “Capital del mango”, desde principios del siglo XVIII se venera a Nuestra Señora de Regla. La catedral de la diócesis de Baní lleva el dulce nombre de Nuestra Señora de Regla. Nuestra Señora la Virgen de Regla es un símbolo de la fe cristiana para el pueblo dominicano, convirtiéndose en la patrona de la provincia de Peravia. En la República de Filipinas, en Lapulapu u Opon, provincia de Cebú, se le rinde culto a Nuestra Señora de Regla desde el siglo XVI. Y en los Estados Unidos Mexicanos, la Catedral Metropolitana de Chihuahua, como templo parroquial, fue dedicada a san Francisco de Asís y a Nuestra Señora de Regla. En Florida, Estados Unidos, se erigió la Ermita de Regla (Shrine of Our Lady of Regla), de rito ortodoxo. Ella es la patrona de la Pequeña Habana, en Miami.

En fin, son varios los lugares en África, Asia, Europa y América en donde veneran como madre y patrona siempre fiel a la Virgen Nuestra Señora de Regla. La devoción crece cada día más y más. Porque las palabras de la misma Virgen María se han cumplido: “Por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lc 1,48). Es así como esta amada advocación de la Virgen negra, Nuestra Señora de Regla, encontró en la “Llave del Nuevo Mundo y antemural de la Indias Occidentales”, La Habana, Cuba, un dignísimo altar material y otro en el corazón de sus hijos los reglanos.

El culto a Nuestra Señora de Regla comenzó en La Habana, a finales del siglo XVII. Tres destacadas figuras intervinieron en la fundación del Santuario de Regla: el obispo Diego Evelino Vélez, Pedro Recio de Oquendo y Manuel Antonio, llamado “El Peregrino”. Si seguimos a los historiadores y cronistas locales, tenemos el siguiente itinerario lleno de sucesos de la devoción a la Virgen de Regla, la Virgen negra de los cubanos, con respecto a su templo, su fiesta y su pueblo:

1687: el 3 de marzo comenzó en Cuba el culto a la Virgen de Regla;

1688: el 16 de enero comenzó la construcción de la ermita de Regla;

1692: 24 de octubre. Uno de los más violentos huracanes azotó sin piedad la parte occidental de Cuba. A este huracán se lo bautizó con el nombre de San Rafael. Este fenómeno atmosférico destruyó la ermita de Nuestra Señora de Regla. Aparece en escena para la historia de Regla, Juan Martín de Conyedo o Juan de Conyedo Martín, quien ayudó a levantar una iglesia más grande de rafia, tapia y tejas, apunta el Pbro. Ángel Pérez Varela en su escrito Notas para la Historia del Santuario de la Virgen de Regla;

1694: se coloca la imagen de bulto de la Virgen, traída de Madrid por el castellano de la Punta don Pedro de Aranda y Avellaneda;

1714: el Pbro. José López Ruiz de Salazar, administrador del santuario, solicitó a los regidores de La Habana proclamar a la Virgen de Regla patrona y protectora de la bahía y puerto de La Habana. El 14 de diciembre, el acta del Cabildo resolvió con una respuesta positiva la petición del padre Ruiz de Salazar. El 26 de diciembre, primer día de la Pascua de Navidad, fue de gran celebración para el Santuario y todos los habaneros y los regidores colocaron a los pies de la venerada imagen las llaves de la ciudad. El obispo y otras autoridades estuvieron presentes;

1716: se amplía la ermita de la Virgen de Regla para recibir a todos los peregrinos y devotos que acudían de todas partes a venerarla;

1717: octubre 20, se instaló el altar del Santísimo Sacramento, y por primera vez, se queda presente para la exposición Jesús Sacramentado en el Tabernaculum Domini. Se contó con la presencia del obispo, hubo procesión, repique de campanas y grandes fiestas;

1743: muerte del ermitaño de Regla, Juan Martín de Conyedo, sepultado en el santuario de Regla, quien amó y consagró su vida a Nuestra Señora de Regla. Vivió en él 51 años;

1744: comenzaron las obras para levantar la muralla que rodea y protege el santuario;

1754: visita eclesiástica al Santuario del obispo viajero Pedro Agustín Morell de Santa Cruz;

1762: la milagrosa imagen de la Virgen de Regla tuvo que ser resguardada por la amenaza de los piratas y corsarios que amenazaban la ciudad de La Habana. La imagen fue trasladada a la iglesia del Calvario;

1794: visita al Santuario del primer obispo de La Habana Felipe José de Trespalacios;

1805: el 21 de agosto, el obispo José Díaz Espada y Fernández elevó a categoría de parroquia a la iglesia de Nuestra Señora de Regla. Se nombra al Pbro. José María Cortés y Salas como su primer cura de almas;

1811: en la inauguración de obras del Santuario de Regla, predicó desde el púlpito, el venerable Félix Varela Morales. Escribe don Eduardo Gómez Luaces que ese día solemne de la inauguración, aunque se contara con 4 campanas muy bellas con nombre cada una en el santuario, ninguna tocó ese día;

1812: el poblado de Regla es declarado municipio en honor a la Virgen de Regla, uno de los más antiguos de Cuba;

1818: tras ser azotado por un huracán, el Santuario de Regla comienza su reconstrucción y finaliza la construcción de la torre por manos nativas;

1885: concluyen los trabajos de reconstrucción del templo de la Virgen de Regla y el 6 de septiembre se hizo la bendición del nuevo altar mayor de Regla, bóveda del presbiterio y vitrales con los evangelistas;

1906: el llamado “ciclón de los jamones” golpeó la estructura del santuario, pero no en grandes proporciones;

1926: uno de los tres más grandes huracanes que ha azotado Cuba afectó las estructuras del Santuario.

1944: 18 de octubre: el tercer gran huracán de la historia de Cuba causó grandes estragos en el poblado de Regla. Resultan dañadas estructuralmente más de mil viviendas;

1955: S.E.R. cardenal Manuel Arteaga Betancourt bendijo e inauguró el 10 de julio, a las cinco de la tarde, la Capilla del Santo Cristo de Limpias, filial de la parroquia y Santuario de Nuestra Señora de Regla, hoy parroquia Santo Cristo Redentor, regentada por los misioneros de la Congregación del Santísimo Redentor. El cardenal Arteaga contribuyó para dicha obra, con la cantidad de 7,450.00 pesos. La idea de una nueva capilla fue de sor Concepción San Martín y de la muy recordada presidenta de la Cofradía del Santo Cristo de Limpias, Srta. Nieves Inchauspi. Su actual párroco es el R.P. Bosco J. Rodríguez A., misionero redentorista nicaragüense.

1956: el 24 de febrero, la venerada imagen de la Virgen de Regla es coronada por S.E.R. cardenal Manuel Arteaga Betancourt;

1958: el 5 de septiembre, la venerada imagen de la Virgen de Regla fue sustraída de su templo y devuelta nueve días después;

1961: es bendecida la nueva pila bautismal del Santuario de Regla;

1965: el 11 de agosto, las autoridades de la nación, declararon al Santuario de Regla “Monumento Nacional”, por su antigüedad y condiciones. Este memorable santuario fue convertido en un lugar que recibe día a día visitantes cubanos y extranjeros.

Es importante anotar que, en Cuba, además de la Iglesia católica e iglesias evangélicas, están presentes tres religiones más: la Regla de Ocha o santería, la Regla de Palo Monte o paleros y la sociedad Abakuá. Además de esta religiosidad sincrética está la presencia del espiritismo, al que acude una gran cantidad de gente. Este tiene tres vertientes: de mesa, de cordón y cruzado. Los orishas fueron relacionados con los santos de la Iglesia católica. Los más importantes orishas son: Obbatalá, relacionado con Nuestra Señora de las Mercedes, quien es el gran orisha; Changó, relacionado con santa Bárbara, muy popular en la república de Cuba; Ochún, relacionada con la Virgen María de la Caridad, es la orisha dueña de los ríos, del amor, del oro y del cobre; y Yemayá, relacionada con la Virgen María de Regla, es la orisha del mar.

El Santuario Nacional de Regla en La Habana es el epicentro donde convergen muchos practicantes de esta religión. Literalmente, el 7 de septiembre, La Habana se viste de azul en el día de la Virgen de Regla. Para los que practican la santería, que son muchos en La Habana, es el día en que se celebra en Cuba a la Virgen de Regla. Ella es invocada como la patrona de los pescadores, Yemayá, la reina de los siete mares. Llevan muñecas de tez negra como el ébano, vestidas de un color azul intenso. La celebración en honor a la virgen negra de Regla está sellada por un riquísimo simbolismo, pues muchos que no profesan la fe santa y católica la invocan desde el interior de su corazón, le piden por su salud y prosperidad, y suplican su protección para aquellos que se aventuran a recorrer las 228 millas marinas (369 kilómetros) en busca de una vida mejor y más digna…

De la mano del historiador y periodista gallego Eduardo Gómez Luaces, haremos una descripción a vuela pluma de la bendita imagen de Nuestra Señora de Regla, su culto, su templo, su fiesta y los aspectos más significativos del poblado que lleva su nombre.

Pero antes, hago un esbozo sobre la obra insigne y sobre el legado del escritor Eduardo Gómez Luaces. Este hombre que perteneció al mundo de las letras, del periodismo y que ostentó nociones de medicina, nació en Ferrol, Galicia, España, ciudad que conserva numerosos yacimientos arqueológicos. Gómez Luaces vivió la mayor parte de su vida en Cuba, a donde llegó con su familia siendo un niño. Su formación intelectual, espiritual y moral la inició en el Colegio de las Escuelas Pías de Guanabacoa. Establecido en el municipio de Regla, estuvo al frente de importantes revistas y periódicos de la época. Se convirtió en el historiador y cronista oficial de este municipio. Entre sus obras más importantes figuran Historia Nuestra Señora de Regla. Sus fiestas. Los cabildos; Un siglo de periodismo en Regla; Regla: su aporte a la medicina cubana en el siglo XIX; Regla y sus hombres del 68; 400 años de historia de Regla; Liceo Artístico y Literario de Regla. El municipio de Regla ha honrado su memoria y legado siete años después de su fallecimiento, el 29 de diciembre de 1982, al bautizar el Museo Municipal de Regla con su nombre.

La imagen bendita de la Virgen de Regla, venerada por la mayoría de los reglanos, es representada con rostro y manos negras. La imagen del Niño Dios que sostiene en sus brazos es de tez blanca y mide 69 centímetros de alto. Está ataviada con siete collares de piedras preciosas. El altar mayor del santuario, en donde se encuentra esta bendita y venerada imagen, es de cedro y su bóveda es de ladrillo bellamente trabajado, que hace juego con el conjunto arquitectónico del templo. La imagen está en el centro del retablo del altar mayor. El presbiterio tiene un techo de bello templete, el cual está sostenido por 8 columnas con bóveda artesonada. La construcción del altar mayor data de 1885. La bóveda está decorada por ciento cinco florones en relieve. El camarín tiene dos lámparas de plata que la adornan y alumbran bellamente.

Las joyas que posee la bendita imagen de Regla son un templete de plata, con lindas columnas y dosel con campanilla, y un trono de plata para las procesiones, entre otras. En el impreso Nuestra Sra. de Regla. Coronación Canónica de la Virgen 1956, el autor describe así el trono de plata para las procesiones: “compuesto de un basamento cuadrado con las esquinas ochavadas, cuatro columnas con bases, separadas por una corona imperial en forma de cúpula, adornada con cinco pompones y catorce campanillas, todas de plata”.

No siempre fue esta imagen la venerada por los reglanos. La primera imagen de la Virgen de Regla venerada en el otrora pueblo de Guaicanamar, ahora municipio de Regla, era al óleo. En 1694, don Pedro Aranda de Avellaneda, llamado el “Castellano de la Punta”, mandó traer una imagen de la Virgen de Regla a su natal España para cumplir una promesa a la Virgen negra. Un 8 de septiembre del año en mención, como cumplimiento de su promesa, don Pedro hizo entrega de la imagen a la ermita del poblado para su entronización. Esa es la imagen que hoy se venera en el histórico poblado de Regla.

La historia nos recuerda, según lo narrado por el ermitaño Juan Martín de Conyedo, el día en que la Virgen de Regla fue proclamada patrona de la bahía y del puerto de La Habana. Para celebrar la proclamación de la Virgen de Regla como patrona y protectora de la bahía de La Habana, se organizaron grandes fiestas en su honor el mismo año de la proclamación y en años posteriores. Estas fiestas se extendieron durante ocho días. Don Eduardo Gómez describe estas grandes fiestas a las que él denomina de antaño, de la mano de Conyedo, como fiestas que unían en un mismo espíritu patriota y mariano a todos los reglanos que amaban a la Virgen bajo la advocación de Regla, para festejar la proclamación tan anhelada de la Virgen negra como su patrona y protectora. A raíz de esta declaración de la Virgen de Regla surgieron dos importantes instituciones: la comunidad de los Ermitaños y la atención a los peregrinos que visitaban Regla.

Como un cortejo real, los navíos fondeados en la bahía de La Habana, adornados todos con banderines de colores, anunciaban el introito de aquellas celebraciones marianas. Figuras importantes de la Iglesia y la sociedad se dieron cita al apersonarse en el santuario: altos jerarcas eclesiásticos como el obispo Gerónimo Valdés; clero y religiosos, el gobernador y capitán Laureano de Torres Ayala, etc., eran los que presidieron aquellas fiestas. Los navíos fondeados en la bahía de La Habana hicieron salvas en honor a la Virgen. Ese día, cuando el sol ya había juntado sus doradas redes y la luna extendió su manto plateado, se podían ver desde el santuario los faroles de los navíos, las fogatas que eran muchas, y se escuchaba la música por doquier, como un gran concierto de espectacular belleza.

En esas fiestas de antaño en honor a la Virgen negra de Regla, muchos de sus devotos se acercaban al santuario para ofrecerle sus agradecimientos con animales y exvotos de oro y plata. Las raíces más profundas del origen del pueblo de Regla están en España. Todos en sus casas, afirma el historiador oficial de Regla, tenían bellísimos altares que engalanaban sus viviendas.

La historia del Santuario de Nuestra Señora de Regla recuerda con mucho agradecimiento a los sacerdotes que han ejercido como capellanes y curas de almas en favor de los feligreses desde su primer pastor, el Pbro. José María Cortés y Salas, hasta el actual, el padre Roberto Betancourt Castro. Uno de los sacerdotes más recordados por los feligreses es el padre Ángel Pérez Varela, quien según el Lic. Orlando González Díaz, historiador y sacristán del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla, estuvo como cura párroco del santuario 43 años y varios meses. Quien les escribe estas letras ha escuchado de personas mayores, octogenarias, palabras muy devotas, ungidas de agradecimiento y admiración por el padre Varela. En la parroquia Santo Cristo Redentor, otrora Capilla del Santo Cristo de Limpias, donde soy párroco, he escuchado testimonios muy bellos sobre este ilustre sacerdote. Lo recuerdan por sus enseñanzas bien ponderadas, con profundidad y claridad de palabra, y por su gran amor y devoción a la Santísima Virgen María.

Hablar del inolvidable padre Varela es hablar de un acontecimiento que marcó la vida de todos los católicos cubanos, me refiero al acto de la coronación canónica de la Virgen de Regla. Nos preguntamos, ¿cómo fue aquella coronación de la imagen de la Virgen de Regla? Ocurrió un histórico 24 de febrero de 1956, fiesta muy señalada en el calendario cívico (aniversario del Grito de Baire 1895) y eclesiástico, pues recuerda en la mayor de las Antillas la lucha contra el colonialismo español y la consagración episcopal de Manuel Arteaga Betancourt (24 de febrero de 1942 por Mons. Giorgio Caruana, nuncio apostólico), primer cardenal cubano y uno de los primeros en América Latina.

Fue el padre Ángel Pérez Varela quien, con el consentimiento del señor cardenal Manuel Arteaga, arzobispo de San Cristóbal de La Habana, en la Preces Petitorias, pide en cinco puntos fundamentales al Venerable Capítulo de la Patriarcal Basílica de San Pedro, en el Vaticano, la coronación canónica de la muy venerada imagen de Nuestra Señora de Regla. El 3 de septiembre de 1955, el venerable pontífice, Pío XII, a través del prefecto de la Sagrada Congregación de la Reverenda Fábrica de San Pedro, el obispo de Frascati, autorizó la coronación con estas palabras: “…por unanimidad decretamos y mandamos que esa predicha y venerada imagen bajo el título de ‘Beatífica Virgen María de Regla’ pueda ser coronada canónicamente con una preciosa corona de oro con la autoridad de este Cabildo del Vaticano”.

Para el gran evento de la coronación de la venerada imagen de Nuestra Señora de Regla, se llevaron a cabo los siguientes actos preparatorios que, a modo cronológico, expondremos al seguir respetuosamente el folleto de Nuestra Sra. de Regla. Coronación Canónica de la Virgen 1956:

-Se constituyó el Comité “Pro-coronación Canónica de la Virgen de Regla;

-El Comité encargó a los talleres de orfebrería “La Estrella de Italia” que crease una hermosa corona de oro para la bendita imagen;

-Se mandó a restaurar el baldoquino de la Virgen y su traje. El tan delicado trabajo se le confió a “El Arte Católico” y la restauración del traje se le confió al artista Pedro Piedrahita;

-El 8 de enero de 1956 se publicó el programa oficial de la coronación de la Virgen negra;

-Los días 20, 21 y 22 se hizo un triduo preparatorio con exposición del Santísimo, rosario, prédica, bendición y salve;

-El 23 de febrero se hizo el traslado procesional de la imagen por el mar hacia la Iglesia Catedral, en la cual se cantaron las letanías, adoración nocturna ante el Santísimo Sacramento y santa misa. La imagen fue trasladada en una bellísima embarcación delicadamente adornada. Iba ataviada con su traje, en su trono restaurado. Durante la procesión acuática se rezó el santo rosario y se entonaron alegremente cantos y vivas a la Virgen. En la procesión iban el alcalde de Regla, autoridades civiles, miembros de la Acción Católica y Comité de las fiestas marianas y varios devotos. En Casablanca y Regla se repicaron las campanas al paso de la bella imagen de Nuestra Señora de Regla. Al llegar al muelle, la imagen fue llevada en hombros por miembros de la Marina de Guerra del Estado Mayor y del Arsenal.

-El histórico 24 de febrero, el templo catedralicio de La Habana había reunido en su seno a una gran cantidad de fieles que llegaron a presenciar el solemne acto de coronación canónica de la Virgen de Regla. A las diez de la mañana dio comienzo la misa solemne en preparación de la coronación canónica de la Virgen, con la bendición de la corona según el rito establecido, lectura del documento de aprobación y el momento tan esperado por todos los fieles: la solemne coronación por el señor cardenal Manuel Arteaga Betancourt, arzobispo metropolitano de la arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana. Este fue el momento en que el inolvidable cardenal Arteaga pronunció las siguientes palabras sobre la bendita imagen: “Como te coronamos con nuestras manos en la tierra, así merezcamos ser coronados por Cristo en el cielo”. Los antiguos cañones de la Fortaleza de la Cabaña comenzaron las salvas y las campanas de la Santísima y Metropolitana Iglesia Catedral de La Habana, de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, replicaron para expresar el júbilo de los corazones de todos los fieles allí reunidos.

-El regreso de la venerada imagen se hizo en procesión por tierra desde la Catedral hasta el santuario de Regla. Al terminar el acto solemne de la coronación, la feligresía se dispuso a contemplar la bendita imagen de la Virgen de Regla coronada. La descripción de la corona que nos ofrece el autor del folleto, que hemos seguido fielmente, es la siguiente: “Es de finísimo oro, pesando 18 onzas, de remarcado estilo imperial, con aires bizantinos, lleva en esmalte los escudos de Cuba, La Habana y Regla, y las banderas cubana y pontificia entrelazadas, las conchas que se levantan sobre el cintillo que ajusta la sagrada cabeza llevan preciosos topacios, amatistas y aguasmarinas, y está rematada por una soberbia cruz de brillantes; lleva además un precioso aro salpicado de estrellas con piedras preciosas y además artísticamente colocados brillantes y aguasmarinas en el frontis de la corona”.

-Al caer la tarde del 24 de febrero, la venerada imagen regresó a su casa, el santuario que lleva dignamente su nombre. La carroza fue acompañada por un sinfín de personas, fieles amantes de la Virgen, religiosas y religiosos de diferentes órdenes y congregaciones de La Habana, instituciones católicas, representantes de instituciones cívicas, autoridades del gobierno regional, bandas musicales y miembros ilustres del Clero de La Habana. Todos gritaban a voz en cuello vivas infinitas a la Virgen: ¡Viva la Virgen! ¡Viva la Reina coronada!

El autor del folleto de Nuestra Sra. de Regla. Coronación Canónica de la Virgen 1956, es el ilustrísimo presbítero Ángel Pérez Varela. El padre Varela, con mucho ahínco y gran amor por la Madre de Dios, preparó cada detalle de los actos de coronación de la Virgen de Regla. Con justicia y razón, la Comisión Editora del escrito del padre Varela llama a este tan notorio sacerdote el “¡artífice de la coronación!” A tal señor, tal honor. Valorar en su justo valor.

El 24 de febrero de 2026, la venerada imagen de Nuestra Señora de Regla cumplirá 70 años de haber sido coronada solemnemente por el inolvidable cardenal Manuel Arteaga Betancourt. Para conmemorar este importante aniversario de coronación, feligreses y devotos de esta tan amada advocación se preparan para celebrar y agradecer a Dios por tantos beneficios espirituales obrados por la intercesión de su Virgen negra de Regla, comentó en conversación con quien escribe estas letras el padre Roberto Betancourt Castro, actual párroco del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla.

Antes de terminar de escribir estas letras sobre algunos aspectos de la devoción del pueblo de Regla a la Santísima Virgen María, aclaro que el presente escrito, que el paciente lector ha ojeado u hojeado, no es científico ni histórico ni académico. Esa tarea ya fue cumplida por insignes escritores de pluma exquisita y rigor histórico y documental, pues este su servidor no es historiador. Por ello, quien lea estas líneas debe hacerlo valorando en su justo valor lo expresado en cada palabra y oración. Soy simplemente un misionero que ama la escritura y la lectura, sin ningún título de especialización, alguien a quien le apasiona todo lo referente a una figura que amo después de la de Nuestro Señor Jesucristo: la Bienaventurada Virgen María. Soy un autodidacta cien por ciento. Soy redentorista, hijo del inmenso san Alfonso María de Ligorio, uno de los santos más marianos por excelencia.

Agradezco a los historiadores Orlando González Díaz, Armando González Roca e Israel Domínguez García, sacristán de la parroquia Santo Cristo Redentor, por el material proporcionado en físico y digital. Ellos me confiaron documentos muy valiosos, a saber: Historia de Nuestra Señora de Regla. Sus fiestas. Los Cabildos; Nuestra Sra. de Regla. Coronación Canónica 1956 y Notas para la Historia del Santuario de la Virgen de Regla. Otra fuente consultada fue el libro Historia, leyenda y devoción a Nuestra Señora de Regla, del historiador, bibliógrafo, biógrafo, polígrafo y editor Rafael Lazcano.

Que la Santísima Virgen María, bajo la dulcísima advocación de Regla, interceda por el pueblo cobijado con su manto azul de amor y ternura: Regla. ¡Gracias, Regla!


    Por eso es llamada luna; porque, como dice san Buenaventura, como la luna         está intermedia entre la tierra y los cuerpos celestes, y lo que de ellos recibe lo     difunde a la tierra, así la Virgen es reina colocada entre Dios y nosotros, y ella     nos difunde la gracia”. Como la luna está entre la tierra y el sol, y todo lo que     de él recibe ella lo refleja en la tierra, así María recibe los influjos celestiales        de la gracia del sol divino para transmitirlos a los que vivimos en la tierra” 

(San Alfonso María de Ligorio. Las glorias de María. Capítulo V: María, nuestra mediadora).

 

 

 

 


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