jueves, 5 de febrero de 2026

    Guanabacoa: un pueblo cobijado con el manto azul de la 

                                         Madre del Señor



Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R.


Guanabacoa es uno de los municipios más importantes de la provincia de La Habana, Cuba. Su toponimia hunde sus raíces en la lengua taína, en la cual significa “tierra de ríos y lomas”, por su abundante hidrografía y topografía. En su tierra ondulada surcan los ríos de Cojimar, Bacuranao, Tarará, Itabo y el Boca Ciega. Desde su fundación el 12 de junio de 1554, recibió el nombre de Pueblo de Indios. Este lugar también es conocido como «la villa de Pepe Antonio», por el alcalde mayor de la villa, José Nicolás Antonio Gómez y Pérez de Bullones, quien la defendió en el conflicto de la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Fue el rey Felipe V, “el Animoso”, quien en 1743 le otorgó a Guanabacoa el título oficial de Real Villa de la Asunción. Sus primeros pobladores eran aborígenes, excepto el sacerdote, fray Alonso de Ulloa, de la Orden de Predicadores.

El municipio de Guanabacoa cuenta con instituciones civiles y religiosas insignes, como la Casa de la Cultura “Rita Montaner” (antiguo Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa), Museo Municipal de Guanabacoa (antigua “Casa de las Camareras de la Virgen de la Asunción”), Casa de la Trova, Cine-Teatro Carral, Museo Municipal de Guanabacoa, Escuela de Música “Guillermo Tomás” (antiguo Colegio “San Juan Bosco”), la “Casa de las Cadenas” (1724), Convento de Santo Domingo de Guzmán y San Francisco, Iglesia Parroquial Mayor de Nuestra Señora de la Asunción, Iglesia de San Antonio de Padua (desde 1971 rebautizada Iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús) y la Ermita de la Inmaculada Concepción y Santo Cristo de Potosí. Esta ermita cumplió recientemente 380 años de culto. Según los historiadores locales, dicha ermita es la obra arquitectónica más antigua de Guanabacoa. En cuanto a su arquitectura, algunos de estos edificios se han mantenido en pie en el tiempo como testigos silenciosos del devenir de la historia. Con profundo dolor y tristeza hay que decir que varios de estos edificios históricos se encuentran abandonados, con huellas empolvadas, mientras con el incontenible paso de los años dejan el glamur de lo que fueron en su momento. Algunos de estos históricos edificios tienen elementos de la arquitectura mudéjar de raíces árabe.

Como toda ciudad o municipio, Guanabacoa cuenta con sitios emblemáticos: la Loma de la Cruz, los Manantiales de La Cotorra, Parque Central “José Martí”, Parque de la República (antigua Plaza de Armas), la Plaza del Mercado, la Galería de Arte “Concha Ferrant” y la galería “Corralfalso 259”, monumento a Miguel F. Viondi y Vera, Cementerio Judío de Guanabacoa y el Cementerio Municipal de Peñalver.

La fiesta religiosa más importante y la más antigua de Guanabacoa es en honor a la Bienaventurada Virgen María en su Asunción gloriosa en cuerpo y alma a los cielos, solemnidad que la Iglesia católica celebra el 15 de agosto. Los guanabacoenses invocan cariñosamente a la Virgen María de la Asunción como “La Tutelar”. Hay otras dos fiestas marianas que se celebran con gran devoción a la Virgen María en Guanabacoa: Nuestra Señora de los Dolores (pueblo de Barreras) y Nuestra Señora de Guadalupe (Peñalver-Bacuranao), fiestas que se celebran el 15 de septiembre y 12 de diciembre, respectivamente.

En cuanto al dogma de la Asunción de María, la Munificentissimus Deus, constitución apostólica con la cual el papa Pío XII definió el dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo, en la fórmula definitoria indica: “Por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”. Y el Concilio Vaticano II afirma lo siguiente: “Terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores”.

El papa Benedicto XVI, de felicísima memoria, en su riquísimo pontificado habló sobre este dogma en varias ocasiones con estas palabras: “María fue elevada al cielo en cuerpo y alma: en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros: ´He aquí a tu madre´. En el cielo tenemos una madre”.

La Dra. Deyanira Flores, importante marióloga de América Latina, nos instruye acerca del dogma de la Asunción de María con estas palabras: “Es la glorificación corporal anticipada de la Virgen María. En otras palabras, es el hecho de que Jesucristo, al terminar su vida en la tierra, se la llevó al cielo en cuerpo y alma glorificándola a su derecha como Reina y Señora de todo lo creado por ser Su Madre Santísima”.

Sobre la primera iglesia o templo dedicado a la venerada imagen de “La Tutelar”, afirman los historiadores que en 1576 se construyó una pequeña iglesia, la cual quedó abierta al público el 15 de agosto de 1578 bajo la advocación de la Virgen Santísima en su Asunción gloriosa con cura propio, se lee en las páginas de su historia. El 15 de agosto de 1607 fue elevada a la categoría de parroquia, por el obispo Juan de las Cabezas y Altamirano. Con el devenir de los años, aquella pequeña iglesia resultó insuficiente para albergar a la ferviente feligresía que crecía cada vez más. La nueva iglesia parroquial se construyó en donde se encontraba la ermita de Nuestra Señora de Candelaria. En 1721 se concluyó la construcción de la nueva iglesia parroquial. El templo quedó verdaderamente hermoso, joya arquitectónica de gran belleza. Así lo describió el obispo viajero, Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, en 1755. El 21 de julio de 1769, se le hizo al templo de la Asunción la primera remodelación, mientras que una segunda remodelación se realizó 10 de octubre de 1846. El tiempo pasa y a su paso no perdona ni a las personas ni a las cosas con el inclemente y despiadado deterioro. Después de estas dos remodelaciones, se comienzan a realizar las primeras obras de reparación que se extendieron por varios años. El 7 de abril de 1848 se dieron por terminadas las obras de reparación de la iglesia sin poder concluir los trabajos de reparación de la torre, que finalizaron el 22 de febrero de 1851. A estas reparaciones de vital necesidad se agregaron al templo construcciones como, por ejemplo, su coro, el cual quedó terminado en 1857, y en 1867 se le hizo a la fachada un hermoso nicho.

Un ciclón, popularmente bautizado como el “Ciclón del 26” (10 de octubre de 1926) azotó La Habana y zonas aledañas, con lo cual causó la muerte a más de 600 personas y produjo muchos desastres materiales irreparables. Este ciclón también fustigó fuertemente el histórico templo de Nuestra Señora de la Asunción. Arrancó violentamente de su torre el reloj público, que en 1851 había sido reparado. Después de ese fatídico suceso, el templo se sometió a varias reparaciones y en 1950 se le hicieron varias remodelaciones significativas. Entre las décadas de los años de 1950, 1980 y 2010, se le hicieron al amado templo de la Asunción un sinfín de reparaciones necesarias. Los arreglos que comenzaron en 2010 se han considerado las más grandes que ha tenido el templo, las cuales estuvieron a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Las obras de restauración cubrieron prácticamente todo el templo: repello, pintura, techo, torre y puertas. Y desde sus comienzos, al templo histórico de la “Tutelar” se le añadieron naves laterales (1769 y 1810), fachada (1846 y 1850), y en 1957, se añadió al templo un segundo nivel, situado arriba de las oficinas parroquiales.

En este bellísimo templo hay imágenes preciosas para contemplar y venerar. Imágenes de vestir y también talladas en madera y otras moldeadas. Hay tres imágenes de Nuestra Señora de la Asunción: una tallada en madera (1755); la principal, de vestir, comprada en 1789 por el presbítero José Lorenzo de Jesús Rivero y Romeguera, quien fue su primer camarero a petición de sí mismo. Es a esta imagen a quien llaman la “Tutelar” de Guanabacoa, según explicó el joven Pbro. Alfredo San Juan Guilarte, actual párroco de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa; y la otra, de la fábrica de Artes Religiosas de Olot, provincia de Gerona, España, donada por el Sr. Antonio Bandini. Sobre esta imagen, no se sabe dónde se encuentra actualmente, según comentó el padre San Juan Guilarte. Además de estas tres imágenes de Nuestra Señora de la Asunción, hay en el templo alrededor de veinticinco imágenes, cuadros antiquísimos al óleo en muy mal estado, y muebles preciosos, que también urgen de restauración.

Esta venerada imagen por el pueblo guanabacoense tenía tres procesiones muy solemnes hasta 1958: 14 de agosto, vísperas de su gran día; el propio 15, y ocho días después de su gran fiesta. Los historiadores locales afirman que el culto y devoción a la Virgen Nuestra Señora de la Asunción ya estaba consolidado en 1749. En 1767, la iglesia que peregrinaba en Guanabacoa se llenó de júbilo al recibir del papa Clemente XIII la gracia de la celebración de un jubileo por el día de Nuestra Señora de la Asunción. Aquellas fiestas se extendieron por tres días, para culminar con la solemne procesión el día 15. El pueblo de Guanabacoa no escatimó en gastos para la iluminación, un trono para la imagen de la Virgen, alfombras y música. La iluminación era muy importante, pues a mediados del siglo XVIII no se había inventado la luz, idea que se le atribuye a Thomas Edison (1879). La leña que alimentaba las fogatas en las calles y alrededor del templo era muy necesaria en la Cuba del siglo XVIII para iluminarse, aunque paradójicamente, parece ser necesaria hoy en la Cuba del siglo XXI por los ´alumbrones´, como los llama la gente, que es la nueva racha de apagones que sufre la isla…Una racha tras otra racha…

Si hacemos un salto en el tiempo sobre las fiestas tutelares a fines del siglo XIX, etapa republicana y 1959, las fiestas en honor a la Virgen de la Asunción también sufrieron grandes cambios muy significativos. Después de los giros sociopolíticos y económicos que sufrió Cuba, se pensó seriamente a finales del siglo XIX en si mantener o no las fiestas en honor a “Tutelar” con el mismo esplendor acostumbrado de antaño. Pues a finales de dicho siglo, la cantidad presupuestada para las fiestas patronales fue reducida a 200 pesos. Para celebrar tales fiestas, se necesitaba una cantidad mayor a los 600 pesos.

En el siglo XX, las fiestas patronales de Guanabacoa comenzaron a tomar otro matiz: litúrgicas y religiosas frente a actividades profanas o no religiosas. Estas se afianzaron a partir de este siglo, pues desde siempre las actividades no religiosas han estado presentes en todas las fiestas religiosas de la Iglesia católica. En esta época las actividades de las fiestas no religiosas o paganas consistían en las siguientes diversiones que tanto gustaron a la población: retretas, juego de las estatuas, el juego de la sartén, torneo de cintas, cabalgatas, carreras de sacos y zancos, carreras de bicicletas y patines, conciertos, concurso de pregones, diferentes tipos de bailes, tradiciones culinarias y venta de productos industriales y artesanales. Se fomentaban en estas fiestas la oralidad y conservación de costumbres y tradiciones. Para las fiestas agostinas en honor a la “Tutelar” se realizaban procesiones por las calles del pueblo, con fuegos artificiales, altares, alfombras y bellísimos ornamentos para engalanar la iglesia y la buena música. La Comisión de festejos invitaba al pueblo a participar con estas palabras: “Nadie debe faltar allí durante la semana del 13 al 19 de Agosto para dar a su espíritu un baño de poesía, al paladar ricas papas rellenas y al cuerpo dulce y cadenciosos sones criollos”.

A partir de 1959, con el triunfo de la Revolución, las fiestas en honor a la “Tutelar” fueron perdiendo paulatinamente aquel brillo que las caracterizó años atrás, aunque no así en los primeros años del naciente régimen autoritario. No así el amor y devoción por parte del pueblo cristiano católico guanabacoense, el cual se ha mantenido encendido como una antorcha de fe luminosa. En 1961, surgió una confrontación fuerte entre la Iglesia católica y el gobierno revolucionario de Cuba. Por ende, las celebraciones festivas en honor de la “Tutelar” se vieron también afectadas. ¿Qué sucedió en ese año con las fiestas patronales de Guanabacoa? Para esas fechas tan señaladas en Guanabacoa, hubo que solicitar permiso para que la imagen de la patrona y señora saliera a las calles de su pueblo.

Las actividades de dichas fiestas se redujeron grandemente. Se sustituyeron aquellas actividades que tanto gustaron al pueblo con otras de carácter “revolucionario”, o como me lo expresó un señor intelectual de Guanabacoa, actividades en el “espíritu puro revolucionario” … Imágenes y objetos propios de la “Tutelar” quedaron exhibidos en una vidriera para festejar a la Señora de Asunción. Por muchos años, todas las actividades relacionadas a la Asunción se realizaban dentro del templo. Esta imagen tan venerada se asomaba a las tres puertas del templo. En resumen, las fiestas de la Señora de la Asunción quedaron reducidas a la mínima expresión: dentro de las cuatro paredes de su templo y casa, y en las vidrieras de algunas casas o edificios. Esta historia la recibí de una señora el año pasado, 2023, cuando visité por primera vez la parroquia de la Asunción el 15 de agosto, día en que cayó una fuerte lluvia. Año en que el impedimento para salir a las calles con la amada imagen de la “Tutelar” fue el mal tiempo, no un mandato de las autoridades revolucionarias.

Hay imágenes llenas de historia, de gran riqueza religiosa, cultural, devocional y folclórica. Imágenes unidas íntimamente a un pueblo, ciudad o país, o, mejor dicho, pueblos, ciudades y países relacionados a una imagen. En el caso de la venerada imagen de Nuestra Señora de la Asunción, aclamada por el pueblo de Guanabacoa como la “Tutelar”, su pueblo está unido a Ella como madre amorosa que es. En torno a estas veneradas imágenes se han tejido también curiosas leyendas, y la “Tutelar” no escapa de fábulas curiosas y hasta con cierto corte de jocosidad. De la “Tutelar” se narran historias relacionadas a Ella y sus tan celebradas fiestas: la Virgen y los rayos, la Virgen y el pendón real, la lágrima de la Virgen, la Virgen y el ciego y la Virgen se puso brava.

A partir de 1980, las celebraciones en honor a la Virgen de la Asunción comenzaron a tomar una leve fuerza celebrativa, lentamente, hasta despegar hacia las fechas históricas del 21 al 25 de enero de 1998. En justicia hay que decir que, en la década de 1980 hasta mediados de la década de 1990, se rescataron parcialmente algunos actos de dicha festividad en honor a la Virgen de la Asunción, la amada “Tutelar”. Aunque la razón sustancial no fue el celebrar a la Virgen en su asunción gloriosa, sino más bien conmemorar el otorgamiento del título de Villa al pueblo de Guanabacoa y otros acontecimientos cívicos vividos por los guanabacoenses.

En 1998 se realiza la visita histórica de san Juan Pablo II a Cuba, a la que algunos llaman “la gran visita papal”, comparándola con la de sus sucesores en el pontificado, Benedicto XVI y Francisco. Aquella fue la “visita papal”, le escuché decir a un sacerdote del clero de La Habana, hablándole a un grupo de religiosos extranjeros que recibían un taller de inculturación religiosa. En esa visita histórica de san Juan Pablo II, fue cuando él pidió que “Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba”. Después de dicha visita, el régimen de Cuba autorizó el ingreso de congregaciones religiosas, concedió el permiso para la salida de las procesiones, y por supuesto, las relativas a la “Tutelar”.

Actualmente, las fiestas en honor a la Bienaventurada Virgen María en su Asunción gloriosa, se realizan con actos litúrgicos y piadosos, como novenario de misas, rezo del santo rosario y la procesión, con los permisos anticipados de rigor a la oficina de Asuntos Religiosos.

Gracias al joven historiador Armando González Roca, conocido como Armandito, en Guanabacoa y Regla, quien puso en mis manos material muy valioso en digital y físico sobre la venerada imagen de Nuestra Señora de la Asunción, la amada “Tutelar”, pude enriquecer y ampliar con más datos históricos sobre la imagen de la Asunción y sus fiestas tan celebradas con todo el ardor del pueblo de Guanabacoa estas páginas. Le estoy muy agradecido. Mis respetos para este joven escritor.

Antes de terminar de escribir estas breves letras sobre algunos aspectos de la devoción del pueblo de Guanabacoa a la Virgen María, aclaro que el presente escrito, que el paciente lector ha ojeado u hojeado, no es científico ni histórico ni académico. Esa tarea ya fue cumplida por insignes escritores de pluma exquisita y rigor histórico y documental, pues este su servidor no es historiador. Por ello, quien lea estas líneas debe hacerlo valorando en su justo valor lo expresado en cada palabra y oración. Me tomé la libertad de citar algunas expresiones de personas que me compartieron sus vivencias.

Soy simplemente un misionero que ama la escritura y la lectura, sin ningún título de especialización, alguien a quien le apasiona todo lo referente a una figura que amo después de la de Nuestro Señor Jesucristo: la Bienaventurada Virgen María. Soy un autodidacta cien por ciento. Soy redentorista, hijo del inmenso san Alfonso María de Ligorio, uno de los santos más marianos por excelencia.

Agradezco al historiador Armando González Roca, por el material proporcionado en físico y digital. Ellos me confiaron documentos muy valiosos, a saber: Boletín de Guanabacoa; álbumes y folletos digitales.

Que la Santísima Virgen María, en su Asunción gloriosa, interceda por este pueblo cobijado con su manto azul de amor y ternura: Guanabacoa. ¡Gracias, Guanabacoa!

Desde la “Llave del Nuevo Mundo y antemural de la Indias Occidentales”, en Pascua Florida 2024.

 

Por eso es llamada luna; porque, como dice san Buenaventura, como la luna está intermedia entre la tierra y los cuerpos celestes, y lo que de ellos recibe lo difunde a la tierra, así la Virgen es reina colocada entre Dios y nosotros, y ella nos difunde la gracia”. Como la luna está entre la tierra y el sol, y todo lo que de él recibe ella lo refleja en la tierra, así María recibe los influjos celestiales de la gracia del sol divino para transmitirlos a los que vivimos en la tierra. 

(San Alfonso María de Ligorio. Las glorias de María. Capítulo V: María, nuestra mediadora).

 

 

 

 

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