Guanabacoa: un pueblo cobijado con el manto azul de la
Madre del Señor
Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R.
Guanabacoa es uno de los municipios
más importantes de la provincia de La Habana, Cuba. Su toponimia hunde sus raíces
en la lengua taína, en la cual significa “tierra de ríos y lomas”, por su abundante
hidrografía y topografía. En su tierra ondulada surcan los ríos de
Cojimar, Bacuranao, Tarará, Itabo y el Boca Ciega. Desde su fundación el 12 de
junio de 1554, recibió el nombre de Pueblo de Indios. Este lugar también es
conocido como «la villa de Pepe Antonio», por el alcalde mayor de la villa,
José Nicolás Antonio Gómez y Pérez de Bullones, quien la defendió en el conflicto
de la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Fue el rey Felipe V, “el Animoso”, quien
en 1743 le otorgó a Guanabacoa el título oficial de Real Villa de la Asunción. Sus
primeros pobladores eran aborígenes, excepto el sacerdote, fray Alonso de
Ulloa, de la Orden de Predicadores.
En cuanto al dogma de la
Asunción de María, la Munificentissimus Deus, constitución apostólica
con la cual el papa Pío XII definió el dogma de la Asunción de María en cuerpo
y alma al cielo, en la fórmula definitoria indica: “Por la autoridad de Nuestro
Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la
nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina
que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su
vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste”. Y el Concilio
Vaticano II afirma lo siguiente: “Terminado el curso de su vida en la tierra,
fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el
Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo,
Señor de los señores”.
El papa Benedicto XVI, de
felicísima memoria, en su riquísimo pontificado habló sobre este dogma en
varias ocasiones con estas palabras: “María fue elevada al cielo en cuerpo y
alma: en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros
una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre
de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo
madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros: ´He aquí a tu
madre´. En el cielo tenemos una madre”.
La Dra. Deyanira Flores,
importante marióloga de América Latina, nos instruye acerca del dogma de la
Asunción de María con estas palabras: “Es la glorificación corporal anticipada
de la Virgen María. En otras palabras, es el hecho de que Jesucristo, al
terminar su vida en la tierra, se la llevó al cielo en cuerpo y alma glorificándola
a su derecha como Reina y Señora de todo lo creado por ser Su Madre Santísima”.
Un ciclón, popularmente bautizado
como el “Ciclón del 26” (10 de octubre de 1926) azotó La Habana y zonas
aledañas, con lo cual causó la muerte a más de 600 personas y produjo muchos desastres
materiales irreparables. Este ciclón también fustigó fuertemente el histórico
templo de Nuestra Señora de la Asunción. Arrancó violentamente de su torre el
reloj público, que en 1851 había sido reparado. Después de ese fatídico suceso,
el templo se sometió a varias reparaciones y en 1950 se le hicieron varias
remodelaciones significativas. Entre las décadas de los años de 1950, 1980 y
2010, se le hicieron al amado templo de la Asunción un sinfín de reparaciones
necesarias. Los arreglos que comenzaron en 2010 se han considerado las más
grandes que ha tenido el templo, las cuales estuvieron a cargo de la Oficina
del Historiador de la Ciudad. Las obras de restauración cubrieron prácticamente
todo el templo: repello, pintura, techo, torre y puertas. Y desde sus
comienzos, al templo histórico de la “Tutelar” se le añadieron naves laterales
(1769 y 1810), fachada (1846 y 1850), y en 1957, se añadió al templo un segundo
nivel, situado arriba de las oficinas parroquiales.
En este bellísimo templo hay
imágenes preciosas para contemplar y venerar. Imágenes de vestir y también
talladas en madera y otras moldeadas. Hay tres imágenes de Nuestra Señora de la
Asunción: una tallada en madera (1755); la principal, de vestir, comprada en
1789 por el presbítero José Lorenzo de Jesús Rivero y Romeguera, quien fue su
primer camarero a petición de sí mismo. Es a esta imagen a quien llaman la
“Tutelar” de Guanabacoa, según explicó el joven Pbro. Alfredo San Juan Guilarte, actual párroco de la parroquia
Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa; y la otra, de la fábrica de Artes
Religiosas de Olot, provincia de Gerona, España, donada por el Sr. Antonio
Bandini. Sobre esta imagen, no se sabe dónde se encuentra actualmente, según comentó
el padre San Juan Guilarte. Además de estas tres imágenes de Nuestra Señora de
la Asunción, hay en el templo alrededor de veinticinco imágenes, cuadros
antiquísimos al óleo en muy mal estado, y muebles preciosos, que también urgen
de restauración.
Esta venerada imagen por el
pueblo guanabacoense tenía tres procesiones muy solemnes hasta 1958: 14 de
agosto, vísperas de su gran día; el propio 15, y ocho días después de su gran
fiesta. Los historiadores locales afirman que el culto y devoción a la Virgen
Nuestra Señora de la Asunción ya estaba consolidado en 1749. En 1767, la
iglesia que peregrinaba en Guanabacoa se llenó de júbilo al recibir del papa
Clemente XIII la gracia de la celebración de un jubileo por el día de Nuestra
Señora de la Asunción. Aquellas fiestas se extendieron por tres días, para culminar
con la solemne procesión el día 15. El pueblo de Guanabacoa no escatimó en
gastos para la iluminación, un trono para la imagen de la Virgen, alfombras y
música. La iluminación era muy importante, pues a mediados del siglo XVIII no
se había inventado la luz, idea que se le atribuye a Thomas Edison (1879). La
leña que alimentaba las fogatas en las calles y alrededor del templo era muy
necesaria en la Cuba del siglo XVIII para iluminarse, aunque paradójicamente,
parece ser necesaria hoy en la Cuba del siglo XXI por los ´alumbrones´, como
los llama la gente, que es la nueva racha de apagones que sufre la isla…Una
racha tras otra racha…
Si hacemos un salto en el
tiempo sobre las fiestas tutelares a fines del siglo XIX, etapa republicana y
1959, las fiestas en honor a la Virgen de la Asunción también sufrieron grandes
cambios muy significativos. Después de los giros sociopolíticos y económicos
que sufrió Cuba, se pensó seriamente a finales del siglo XIX en si mantener o
no las fiestas en honor a “Tutelar” con el mismo esplendor acostumbrado de
antaño. Pues a finales de dicho siglo, la cantidad presupuestada para las
fiestas patronales fue reducida a 200 pesos. Para celebrar tales fiestas, se
necesitaba una cantidad mayor a los 600 pesos.
En
el siglo XX, las fiestas patronales de Guanabacoa comenzaron a tomar otro
matiz: litúrgicas y religiosas frente a actividades profanas o no religiosas. Estas
se afianzaron a partir de este siglo, pues desde siempre las actividades no
religiosas han estado presentes en todas las fiestas religiosas de la Iglesia
católica. En esta época las actividades de las fiestas no religiosas o paganas
consistían en las siguientes diversiones que tanto gustaron a la población:
retretas, juego de las estatuas, el juego de la sartén, torneo de cintas, cabalgatas,
carreras de sacos y zancos, carreras de bicicletas y patines, conciertos, concurso
de pregones, diferentes tipos de bailes, tradiciones culinarias y venta de
productos industriales y artesanales. Se fomentaban en estas fiestas la
oralidad y conservación de costumbres y tradiciones. Para las fiestas agostinas
en honor a la “Tutelar” se realizaban procesiones por las calles del pueblo,
con fuegos artificiales, altares, alfombras y bellísimos ornamentos para
engalanar la iglesia y la buena música. La Comisión de festejos invitaba al
pueblo a participar con estas palabras: “Nadie debe faltar allí durante la
semana del 13 al 19 de Agosto para dar a su espíritu un baño de poesía, al
paladar ricas papas rellenas y al cuerpo dulce y cadenciosos sones criollos”.
A partir de 1959, con el
triunfo de la Revolución, las fiestas en honor a la “Tutelar” fueron perdiendo paulatinamente
aquel brillo que las caracterizó años atrás, aunque no así en los primeros años
del naciente régimen autoritario. No así el amor y devoción por parte del
pueblo cristiano católico guanabacoense, el cual se ha mantenido encendido como
una antorcha de fe luminosa. En 1961, surgió una confrontación fuerte entre la
Iglesia católica y el gobierno revolucionario de Cuba. Por ende, las
celebraciones festivas en honor de la “Tutelar” se vieron también afectadas. ¿Qué
sucedió en ese año con las fiestas patronales de Guanabacoa? Para esas fechas
tan señaladas en Guanabacoa, hubo que solicitar permiso para que la imagen de
la patrona y señora saliera a las calles de su pueblo.
Las actividades de dichas
fiestas se redujeron grandemente. Se sustituyeron aquellas actividades que
tanto gustaron al pueblo con otras de carácter “revolucionario”, o como me lo
expresó un señor intelectual de Guanabacoa, actividades en el “espíritu puro revolucionario”
… Imágenes y objetos propios de la “Tutelar” quedaron exhibidos en una vidriera
para festejar a la Señora de Asunción. Por muchos años, todas las actividades
relacionadas a la Asunción se realizaban dentro del templo. Esta imagen tan venerada
se asomaba a las tres puertas del templo. En resumen, las fiestas de la Señora
de la Asunción quedaron reducidas a la mínima expresión: dentro de las cuatro
paredes de su templo y casa, y en las vidrieras de algunas casas o edificios. Esta
historia la recibí de una señora el año pasado, 2023, cuando visité por primera
vez la parroquia de la Asunción el 15 de agosto, día en que cayó una fuerte
lluvia. Año en que el impedimento para salir a las calles con la amada imagen
de la “Tutelar” fue el mal tiempo, no un mandato de las autoridades
revolucionarias.
Hay imágenes llenas de
historia, de gran riqueza religiosa, cultural, devocional y folclórica.
Imágenes unidas íntimamente a un pueblo, ciudad o país, o, mejor dicho,
pueblos, ciudades y países relacionados a una imagen. En el caso de la venerada
imagen de Nuestra Señora de la Asunción, aclamada por el pueblo de Guanabacoa
como la “Tutelar”, su pueblo está unido a Ella como madre amorosa que es. En
torno a estas veneradas imágenes se han tejido también curiosas leyendas, y la
“Tutelar” no escapa de fábulas curiosas y hasta con cierto corte de jocosidad.
De la “Tutelar” se narran historias relacionadas a Ella y sus tan celebradas
fiestas: la Virgen y los rayos, la Virgen y el pendón real, la lágrima de la
Virgen, la Virgen y el ciego y la Virgen se puso brava.
A partir de 1980, las
celebraciones en honor a la Virgen de la Asunción comenzaron a tomar una leve
fuerza celebrativa, lentamente, hasta despegar hacia las fechas históricas del
21 al 25 de enero de 1998. En justicia hay que decir que, en la década de 1980
hasta mediados de la década de 1990, se rescataron parcialmente algunos actos
de dicha festividad en honor a la Virgen de la Asunción, la amada “Tutelar”. Aunque
la razón sustancial no fue el celebrar a la Virgen en su asunción gloriosa,
sino más bien conmemorar el otorgamiento del título de Villa al pueblo de
Guanabacoa y otros acontecimientos cívicos vividos por los guanabacoenses.
En 1998 se realiza la visita
histórica de san Juan Pablo II a Cuba, a la que algunos llaman “la gran visita
papal”, comparándola con la de sus sucesores en el pontificado, Benedicto XVI y
Francisco. Aquella fue la “visita papal”, le escuché decir a un sacerdote del
clero de La Habana, hablándole a un grupo de religiosos extranjeros que
recibían un taller de inculturación religiosa. En esa visita histórica de san
Juan Pablo II, fue cuando él pidió que “Cuba se abra al mundo y el mundo se
abra a Cuba”. Después de dicha visita, el régimen de Cuba autorizó el ingreso
de congregaciones religiosas, concedió el permiso para la salida de las
procesiones, y por supuesto, las relativas a la “Tutelar”.
Actualmente, las fiestas en
honor a la Bienaventurada Virgen María en su Asunción gloriosa, se realizan con
actos litúrgicos y piadosos, como novenario de misas, rezo del santo rosario y
la procesión, con los permisos anticipados de rigor a la oficina de Asuntos
Religiosos.
Gracias al joven historiador
Armando González Roca, conocido como Armandito, en Guanabacoa y Regla, quien
puso en mis manos material muy valioso en digital y físico sobre la venerada
imagen de Nuestra Señora de la Asunción, la amada “Tutelar”, pude enriquecer y
ampliar con más datos históricos sobre la imagen de la Asunción y sus fiestas
tan celebradas con todo el ardor del pueblo de Guanabacoa estas páginas. Le
estoy muy agradecido. Mis respetos para este joven escritor.
Antes de terminar de
escribir estas breves letras sobre algunos aspectos de la devoción del pueblo
de Guanabacoa a la Virgen María, aclaro que el presente escrito, que el
paciente lector ha ojeado u hojeado, no es científico ni histórico ni
académico. Esa tarea ya fue cumplida por insignes escritores de pluma exquisita
y rigor histórico y documental, pues este su servidor no es historiador. Por
ello, quien lea estas líneas debe hacerlo valorando en su justo valor lo
expresado en cada palabra y oración. Me tomé la libertad de citar algunas
expresiones de personas que me compartieron sus vivencias.
Soy simplemente un misionero
que ama la escritura y la lectura, sin ningún título de especialización,
alguien a quien le apasiona todo lo referente a una figura que amo después de
la de Nuestro Señor Jesucristo: la Bienaventurada Virgen María. Soy un
autodidacta cien por ciento. Soy redentorista, hijo del inmenso san Alfonso
María de Ligorio, uno de los santos más marianos por excelencia.
Agradezco al historiador Armando
González Roca, por el material proporcionado en físico y digital. Ellos me
confiaron documentos muy valiosos, a saber: Boletín de Guanabacoa; álbumes
y folletos digitales.
Que la Santísima Virgen
María, en su Asunción gloriosa, interceda por este pueblo cobijado con su manto
azul de amor y ternura: Guanabacoa. ¡Gracias, Guanabacoa!
Desde la “Llave del Nuevo Mundo y antemural de la Indias
Occidentales”, en Pascua Florida 2024.
Por eso es llamada luna; porque, como dice san Buenaventura, como la luna está intermedia entre la tierra y los cuerpos celestes, y lo que de ellos recibe lo difunde a la tierra, así la Virgen es reina colocada entre Dios y nosotros, y ella nos difunde la gracia”. Como la luna está entre la tierra y el sol, y todo lo que de él recibe ella lo refleja en la tierra, así María recibe los influjos celestiales de la gracia del sol divino para transmitirlos a los que vivimos en la tierra.
(San Alfonso María de Ligorio. Las glorias de María. Capítulo V: María, nuestra mediadora).
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