jueves, 5 de febrero de 2026

 

La iglesia de Santa María de los Dolores y su belleza espiritual: 1732, una fecha clave para nuestra Congregación

 



Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R.

 

A modo de introducción

Varios historiadores, escritores y conocedores de la historia de la iglesia de Santa María de los Dolores coinciden en afirmar que los orígenes de esta amada iglesia se remontan a finales del siglo XVII o a principios del XVIII.

Don Mario Felipe Martínez Castillo, en su libro Cuatro centros de arte colonial provinciano hispano criollo en Honduras, afirma lo siguiente:

Desde finales del siglo XVII ya se encuentran datos de la existencia de una ermita para los mulatos y esclavos en el Real de Minas de Tegucigalpa. Esta ermita debió ser muy pobre en sus principios (…) Cuando el Obispo de Comayagua fray Antonio de Guadalupe López Portillo en 1730 visita el Real de Minas autoriza a la Cofradía de Dolores para que venda las propiedades que posee y las invierta en la construcción de la iglesia dedicada a Nuestra Señora 1.

Y en la Relación sobre la Iglesia de Los Dolores, Rodolfo Díaz Zelaya, escribe:

Por iniciativa, patrocinio y dirección del Presbítero Juan Francisco Márquez, propietario de las minas de Agalteca, se comenzó en el año de 1732 la construcción de la Iglesia de Los Dolores (…) El Presbítero Márquez enfermó, y al morir, quedó la Iglesia inconclusa. Tocó a los vecinos terminarla en el año de 1815 2.

¿Quiénes eran aquellos vecinos o pobladores en los orígenes de la iglesia de Los Dolores?  Don Nahum Valladares y Valladares nos cuenta: 

El primer templo católico que existió al establecerse el Real de Minas, fue la ermita de los nativos que se levantó rústicamente allá por el año de 1579. Los historiadores y cronistas de la ciudad, convergen por sus investigaciones al señalar que los primeros habitantes españoles de Tegucigalpa se instalaron en el sitio que hoy conocemos como Los Dolores levantando para los oficios religiosos, una ermita muy próxima a donde habían construido los primeros ranchos para vivir 3.

Historiadores y cronistas hablan de pardos y mulatos, que son los nacidos de negra y blanco, o, al contrario. Y fueron ellos los que terminaron la construcción de la iglesia que había iniciado en 1732 el presbítero Francisco Márquez; cuya obra concluyó el 17 de marzo de 1815. La iglesia de la Virgen de Los Dolores demoró en construirse ochenta y tres años (1732-1815), con mucho sacrificio y entrega generosa.

La historia nos muestra un pasado glorioso o ignominioso, vemos cómo las personas y las cosas cambian, mudan, se transforman. Por eso la definición de tiempo es ´´la duración de las cosas sujetas a mudanza´´. Es la historia la encargada de hablarnos de un pasado determinado, en cuyo tiempo y espacio se dan las grandes o pequeñas transformaciones, es la mensajera de siempre a través de los siglos y milenios. Una frase de Marco Tulio Cicerón, reza así: Historia nuntia vetustatis (La historia es la mensajera del pasado).

El tiempo no perdona. El tiempo avanza y va marcando paso a paso su incontenible marcha. La iglesia de Los Dolores, desde antes de su fundación en el año de 1732, ha sufrido para bien grandes transformaciones. Y gracias a los estudiosos, a los cronistas, historiadores y amantes del arte, conocemos hoy día esas transformaciones por las que ha pasado esta iglesia. A la fecha contamos con varias descripciones de nuestra iglesia de Los Dolores, como varias han sido las transformaciones a las que ha sido sometida, y todas para su belleza arquitectónica.

¿Cómo era la iglesia de Los Dolores en el siglo XVIII o a finales del XVII? ¿Y cómo   es en este nuevo siglo XXI? Todas las descripciones convergen en decir o puntualizar en las siguientes características:

-Ya en el siglo XVII se conoce de la existencia de una ermita rústica, para mulatos y negros esclavos en el Real de Minas de Tegucigalpa; estos fueron los que iniciaron la labor de levantar dicha ermita.

-La primera piedra para la construcción de lo que hoy es la iglesia de Los Dolores, fue colocada en el año de 1732. En este dato coinciden varios de los cronistas e historiadores.

- ´´La iglesia de Los Dolores es una edificación de singular valor histórico´´. Así lo afirman Mario Renato Muñoz, Luis Alejandro Ramos y Elkin Sierra; en la obra Recorridos arquitectónicos de la capital.

-La iglesia de Los Dolores es símbolo en la historia religiosa y cultural de la ciudad de Tegucigalpa, Honduras y de toda Latinoamérica.

-Su fachada es de relevantes arquitectónicos, de estilo barroco, sobresaliente y de gran interés por su policromía.

-En su frontispicio o fachada se pueden apreciar detalles decorativos y esculturas en terracota vidriada, única en su género; obra maestra atribuida a Juan Nepomuceno Cacho.

En los orígenes de su construcción, partiendo de la fecha de 1732, el templo de Los Dolores constaba únicamente de una sola nave, con dos torres laterales, artesonado de madera. Sus paredes laterales estaban reforzadas por corpulentas falsabragas; poseía también grandes puertas y ventanales a cada lado; el artesón del presbiterio era de estilo mudéjar. 

El estilo ´´mudéjar´´, según la definición que nos ofrecen los entendidos del arte es: ´´el estilo arquitectónico que floreció en España desde el siglo XIII hasta el XVI, caracterizado por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe´´.

La cúpula y la bóveda se le adaptan tiempo después. Bajo la mira de la crítica de los expertos del arte, algunos no se refieren muy felizmente a estas adaptaciones.

De un escrito titulado Monumentos Históricos de Comayagüela y Tegucigalpa: Iglesia Los Dolores, del arquitecto Felipe Lacouture, de origen francés, en colaboración del Lic. Francisco Flores y Rolando Soto; dicen acerca de la cúpula y bóveda:

Ampliación del presbiterio con una desproporcionada cúpula moderna. Eliminación del ´´alfarje´´ que existía, según lo común en estas iglesias de la región y sustitución deplorable por una bóveda de ´´cañón rebajado´´, en concreto armado sobre la nave principal 4.   

 

1.- Descripción de la iglesia de Santa María de los Dolores

Para el historiador de la antigua viceprovincia de San Salvador, el R.P. Roberto Bolaños A., la cúpula no es más que ´´imponente´´, la cual se inauguró en 1958. Y fue a finales de los años cuarenta cuando se fundió la bóveda, obras dirigidas por los ingenieros Francisco Prats, Armando Amato y el maestro de obras Medardo García. Tanto la bóveda y la cúpula le han dado a la iglesia de Los Dolores mayor prestancia arquitectónica.

La descripción del frontispicio, la recogemos de la ya citada Relación por Rodolfo Díaz Zelaya:

Esta es de dos cuerpos, remate lobulado con linternilla al final, y dos torres para campanas. Sobre su base de piedra canteada, rosada, de origen basálico, está el primer cuerpo con cuatro columnas barrocas almohadilladas adosadas, adornadas de rosetones. Las columnas la dividen en tres calles. En la del centro se encuentra la puerta principal, de arco de medio punto descansando sobre dos jambas, todo de la misma clase de piedra rosada. Las jambas y el arco contienen una vaciada inscripción que hace a la reparación se le hizo a la iglesia en el año 1910; al Presbítero Márquez, y a su terminación con la ayuda de los vecinos y de los pardos en el año 1815. En los vanos a los lados de la puerta se encuentran dos querubines. En el segundo cuerpo está la ventana del coro, con cuatro adornos esquineros de frutas y dos querubines. El primero y segundo cuerpo se encuentran divididos por un cornisamento. En las calles de ambos lados y cuerpos, sobre repisas y ribetes canuteados simulando ornacinas, se encuentran cuatro imágenes de medio bulto; y tanto estas como todos los adornos aplicados a la fachada, son de barro cocido, propiamente cerámica esmaltada, manufacturada en Comayagua, de la clase llamada Cerámica Vidriada Mollolica. Quedan incluidas, asimismo, las peras barrocas. Todos estos ornamentos singulares, hacen, que la fachada de la Iglesia de Los Dolores sea un ejemplar único en América. Sobre el segundo cuerpo se encuentra un entablamento compuesto de cornisa, hilera de frutos y simulación de un barandal balaustrado. Se inicia la parte baja del remate con cuatro pequeñas columnas de follaje retorcido, imitando columnas salomónicas con querubines, a manera de capiteles; y sobre estas, una especie de arquitrabe o cornisamento. En los tres vanos formados por las columnas, sobre pequeñísimas repisas se hayan tres círculos canuteados, y en el centro de los mismos algunos símbolos de la pasión –martillo—látigo—escalera—gallo, etc… y hacia los lados dos pequeñas rosetas. Sobre este cornisamento hay cuatro peras barrocas. En la segunda parte del remate se encuentra un óculo y dentro de este un sol con los rayos calados en su borde, y a los lados dos pequeñas rosetas. Esta parte tiene un filete curveado con terminales en volutas. Finalmente se encuentra la linternilla con cuatro peras barrocas y una cruz en el tope. Las torres para las campanas tienen en el segundo cuerpo un tragaluz, debajo de este un adorno de frutas, y arriba un querubín. En el tercer cuerpo los campanarios son de cuatro ventanas con arco de medio punto; y las cumbres son de figura casi cónica, con divisiones canuteadas y simulación de ser ascamadas o imbricadas, y en el tope una cruz. Parece ser que, con todos los elementos canuteados trataron de imitar el carrizo o bambú. Ambas torres tienen cuatro divisiones que simulan barandales balaustrados, como elementos ornamentales 5.

El mismo autor también nos describe el altar mayor de la iglesia de Los Dolores, el cual fue confeccionado en la década de los años cuarenta. Don Miguel Galindo estuvo a cargo de tan maravillosa obra.  La descripción que nos hace Díaz Zelaya, es la siguiente:

El retablo o altar mayor es de estilo no definido, con una ornamentación abstracta. Se encuentran en este retablo tres imágenes de bulto. En el sitio preferencial una composición de Cristo Crucificado, y al pie de la cruz la Madre Dolorosa. El corazón de Jesús y la Virgen del Carmen, parada sobre un globo terrestre. En el arco toral del fondo, tallados, un ángel y el sol en un extremo, y en el extremo opuesto otro ángel y la luna´´ 6.

 

De la pluma del padre Bolaños, tenemos otra descripción posterior a la de Díaz Zelaya:

El altar mayor, aunque construido hacia 1943, también es de gran belleza y de no despreciable valor artístico. Obra de maestro indígena Miguel Galindo, está tallado en madera recubierta de fina purpurina. La decoración es de tipo vegetal, es el sarmiento que adhiere a la vid del Santísimo Sacramento, y destaca por su color rojo viejo sobre el fondo ocre del retablo. En los tres nichos abiertos en él, se encuentran las imágenes de la Virgen del Carmen, a la derecha, y el Sagrado corazón de Jesús, a la izquierda, en el primer nivel, mientras que en el nicho central se encuentra la imagen del Santo Cristo de Limpias y Nuestra Señora de Los Dolores, Patrona de la Parroquia 7.

La iglesia posee otros retablos de belleza sinigual, más antiguos que el altar mayor. Nuevamente escuchemos al Sr. Don Mario Felipe Martínez Castillo:

Para 1732 está adornada de retablos de talla dorada, los dos más antiguos son los ejecutados por el ensamblador y pintor Blas de Mesa dedicado uno a San José, escultura en talla rodeado de pinturas alegóricas al Santo el otro retablo también firmado por Mesa; desconocemos a quien fue dedicado porque sus nichos han sido ocupados por santos de veneración moderna. Ambos retablos están en el más puro estilo barroco salomónico, con sus columnas recubiertos de parras de uvas 8.

Más descripciones únicas. Nuevamente de la guía del padre Roberto Bolaños, tenemos una descripción de los retablos de la iglesia en la actualidad:

En su interior el templo resulta majestuoso. Posee, además de la nave central, dos capillas laterales. La derecha, dedicada a la Virgen de Fátima, Construida en la década de los cincuenta; en ella se encuentra una valiosa pintura de arte colonial que representa a la Familia de Jesús. La capilla de la izquierda está dedicada a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y contiene un retablo del siglo XVIII, que se atribuye al pintor y ensamblador Blas de Mesa, en el que se venera al Sagrado Icono del siglo XII (…) Pero, sobre todo, destaca bellísimo altar del Patriarca San José, elaborado en el siglo XVIII, atribuido a Blas de Mesa, en cuyo nicho central luce la talla colonial de San José, a mi parecer una de las más hermosas y perfectas que hayamos visto en Centroamérica 9.

Tanto Bolaños como Martínez escriben sobre las hermosas pinturas de gran valor artístico y cultural que adornan el interior de la iglesia: riquísimos cuadros de historia sacra que, al ser contemplados, no permiten menos que afirmar que poseen una belleza incomparable. Estas obras fueron restauradas en 2002, cuando era párroco el R. P. Ricardo Paredes Amador, con el apoyo de la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño. Estas son las obras:

Cristo atado a la columna. Autor: Blas de Mesa. Técnica: óleo sobre tela, siglo XVIII;

La Familia de Dios. Autor: José Miguel Gómez. Técnica: óleo sobre tela, siglo XVIII;

El marco (de la pintura La Familia de Dios). Autor: Anónimo. Técnica: talla en madera policromada, siglo: XVIII.

La Genealogía de San Francisco. Autor: Anónimo. Técnica: óleos sobre lienzo, siglo XVIII.

El marco (de la pintura La Genealogía de San Francisco). Autor: Anónimo. Técnica: talla en madera policromada, siglo: XVIII.

 

1.1 La histórica iglesia de Santa María de los Dolores se les confía a los misioneros redentoristas

Fue a los misioneros redentoristas a quienes el arzobispo José de la Cruz Turcios y Barahona confió, en 1949, el cuidado pastoral de los fieles de tan grande parroquia. En el Decreto de Erección se lee:

Por tanto: oído el parecer del Venerable Cabildo de nuestra Iglesia Catedral Metropolitana, del Reverendo señor Cura Párroco de San Miguel de Tegucigalpa, y del Reverendo Rector de la Iglesia de Los Dolores (…) Encomendamos la administración de la nueva Parroquia de Nuestra Señora de Los Dolores a los Reverendos Padres Redentoristas 10.

El primer párroco de la nueva parroquia de Santa María de los Dolores fue el misionero redentorista, R.P. Valentín Martínez. El día de su toma de posesión como párroco, fue muy solemne:

El trascendental acontecimiento fue solemnizado con la celebración de una Misa Pontifical presidida por Monseñor Turcios, arzobispo de Tegucigalpa. En discurso de ocasión fue pronunciado por el arzobispo y versó sobre ´La Jurisdicción Eclesiástica desde el Romano Pontífice hasta los Párrocos. Concluida la homilía, Monseñor Emilio Morales Roque, Vicario General, dio lectura al Decreto Arzobispal por el que se erigió la Parroquia de Los Dolores. Al finalizar la celebración eucarística, el R.P. Valentín Martínez, Superior de la Comunidad, prestó su juramento de ley como párroco de Los Dolores. A continuación, se entonó el Tedeum, para rendir gracias a Dios por el don de una nueva Parroquia en la ciudad 11.

La iglesia de Los Dolores, al ser elevada a categoría de parroquia, regentada por los misioneros redentoristas, comienza un apostolado intenso, que ha dado grandes frutos, los cuales aún permanecen fortalecidos con la gracia del Espíritu Santo hasta nuestros días. Si escribiéramos toda la actividad apostólica de los misioneros redentoristas, tendríamos que publicar no un libro, sino varios de ellos. En 1928, año en que llegaron los redentoristas a la tierra de Lempira, a la fecha actual, se han dado verdaderamente grandes frutos.

Por ejemplo: solamente en la década de los cuarenta, los misioneros redentoristas, predicaron en más de ciento veinte ciudades, pueblos, aldeas y caseríos. La predicación de misiones populares, ejercicios espirituales, retiros, jornadas misioneras, novenas, triduos, sermones particulares, catequesis, semanas santas, ha sido parte integral de la misión de los hijos de san Alfonso 12.

También los redentoristas, además de su intenso trabajo apostólico, acompañaron por mucho tiempo al arzobispo en la visita pastoral, suplieron a los párrocos de diferentes parroquias en sus ausencias. La situación en cuanto al número de sacerdotes de la Iglesia en Honduras, era bastante pobre. La mayoría de los sacerdotes eran extranjeros. Era una situación lamentable, la falta de pastores del Señor para guiar la grey encomendada a ellos. De esta situación viene adoleciendo la Iglesia hondureña desde el siglo XVI.

 

2.- La Iglesia en Honduras a principios del siglo XX

El sacerdote jesuita, José María Tojeira, en su libro Panorama Histórico de la Iglesia en Honduras (cuya portada presenta el frontispicio de la iglesia de Los Dolores), habla de esa situación:

Monseñor José María Martínez Cabañas se encontró, al llegar al obispado en febrero de 1902, con una Iglesia en profunda decadencia. Prácticamente sin seminario, con un clero cada día más escaso, con un peso social declinante, con la entrada, todavía lenta pero sistemática, del movimiento protestante, sobre todo, sobre todo, con una sociedad que vivía un profundo movimiento de cambio (…) Como en el siglo XVI, las órdenes religiosas se hacen de nuevo necesarias, esta vez para restablecer una Iglesia que se había en buena parte consumido a lo largo del siglo demasiado duro y difícil, y donde había tenido que jugar papeles que le sobrepasaban y para los que no había contado con suficientes ayudas. Salesianos, Paulinos y Redentoristas serán en esta ocasión los primeros en hacer acto de presencia de un modo ordenado en Honduras (…) Cuando en la actualidad se está dando un proceso de recuperación del clero nacional, resulta importante reflexionar sobre las consecuencias de la presencia masiva de clero extranjero. Lo positivo y básico que podemos decir sobre esta realidad es que sin la presencia de clero extranjero la Iglesia hondureña hubiera carecido de fuerza para recuperarse de la profunda crisis en que se hallaba 13.

Hoy en día, gracias a Jesús, el Buen Pastor, la Iglesia hondureña ha sido bendecida con un clero nacional que crece cada vez más en sus dos provincias eclesiásticas.

 

 

 

2.1 Siglo XVIII: año de 1732

El memorable año de 1732, tiene efemérides que marcaron ese año como: acontecimientos de nacimientos, fallecimientos, canonizaciones, ordenaciones, guerras y fundaciones, son parte de nuestra historia civil y religiosa. En el año que nos ocupa nacieron, entre otros, grandes hombres para la historia.

En 1732 nacieron los siguientes personajes:

El 22 de febrero, en Wakefield, Estados Unidos de América, nació George Washington, primer presidente de la gran Unión Americana;

Un 31 de mayo, en Austria, nace el compositor Josef Haydn, considerado el ´´padre´´ de la sinfonía y de los cuartetos de cuerda;

El 5 de abril, en la gran Francia, nace Jean-Honoré Fragonard, pintor que cultivó los géneros pintorescos del retrato, temas históricos, escena final, paisajes y escenas mitológicas;

En ese mismo mes, al día siguiente, nació en Cádiz, España, José C. Mutis, el gran botánico y matemático;

El papa Clemente XII reinaba felizmente como vicario de Cristo.  Él canonizó a tres grandes santos de la santa madre Iglesia: a san Vicente de Paúl, san Juan Francisco Regis y Juliana Falconieri;

Fallecieron en ese año:

Melchor Pérez de Holguín, el ´´Brocha de Oro´´, pintor barroco de la época colonial;

Álvaro Navia Osorio y Vigil, militar español y creador de la obra Reflexiones Militares.

Una importante batalla:

Se da la Reconquista y Defensa de Orán, plaza española desde 1509 y perdida en 1708 durante la guerra de Sucesión;

Jenaro María Sarnelli, beato redentorista, fue ordenado sacerdote en julio de 1732;

Pero en ese memorable año se dieron dos grandes fundaciones: una, la Congregación del Santísimo Redentor (Italia, Nápoles); y otra, la fundación de la iglesia de Los Dolores (Tegucigalpa, Honduras). En 1732 nace la Congregación del Santísimo Redentor.

Ciertamente el año de 1732 fue un año de enclave para los misioneros redentoristas y la iglesia de Los Dolores. ¿Cómo era la Iglesia napolitana, cuando nace la Congregación del Santísimo Redentor, y cómo era la de Tegucigalpa cuando se fundó la iglesia de Los Dolores?

Siguiendo a José María Tojeira, en su libro Panorama Histórico de la Iglesia en Honduras, presenta al siglo XVIII, como el siglo del esplendor en lo social y eclesiástico. Cuando se fundó la iglesia de Los Dolores, el obispo de Honduras era Mons. Antonio López de Guadalupe y Portillo, mexicano, y perteneciente a la Orden Franciscana. Estuvo al frente de la Iglesia entre 1725 a 1742. La realidad social en el siglo XVIII, presentaba las siguientes características -entre otras muchas- que influyeron y marcaron enormemente a la Iglesia en Honduras:

-Relanzamiento de la economía en España.

-Aumento de la población en el país.

-Descubrimiento de nuevas minas.

-En 1720 se da un incremento importante de producción en el mineral de San Antonio de Oriente.

En cuanto a la realidad eclesial, encontramos las siguientes características entre otras:

-El auge económico del momento trajo muchas donaciones a la Iglesia, que ayudaron a levantar grandes templos en ese siglo: la Catedrales de Comayagua y Tegucigalpa, y otras muchas iglesias en Honduras, entre ellas, la iglesia de Los Dolores;

-Obispos y presbíteros hicieron importantes donaciones de sus bienes para obras de la Iglesia;

-La Iglesia se sustentaba económicamente de rentas, capellanías, limosnas, y en parte de los fondos de las Cofradías, que en ese siglo crecieron desarrollándose a lo máximo. También poseía títulos de tierra y propiedades de las cuales fue despojada con la Ley de Confiscación;

-En el siglo XVIII, la relación entre la Iglesia y las autoridades civiles fue estable;

-Este siglo contó con grandes administradores eclesiásticos y Obispos muy cultos;

-El obispo Antonio López de Guadalupe y Portillo, con su labor pastoral, dejó una huella indeleble en la Iglesia del siglo XVIII. Llevó hacia adelante la cultura, construyó varios edificios y sus orientaciones pastorales guiaron a la Iglesia a una gran reforma;

-En el episcopado de Mons. Guadalupe, el quehacer pastoral estaba centrado en el culto y la administración de los sacramentos;

-Mons. Antonio López de Guadalupe, cuidó con esmero a todos sus sacerdotes. A los párrocos les recomendaba la buena administración y preparación de los fieles.

La Iglesia y sociedad napolitana en el siglo XVIII.  Este siglo, es llamado el ´´Siglo de las Luces´´, es por ello, que a nuestro fundador el gran san Alfonso María de Ligorio, se le conoce como ´´El Santo del Siglo de las Luces´´. Un siglo donde surgió el ´´movimiento intelectual´´ conocido como ´´Ilustración´´; en este siglo se dieron acontecimientos de tipo político, social, económico, cultural e intelectual que influyeron en toda Europa y el mundo. El siglo XVIII fue testigo de dos acontecimientos como la independencia de Estados Unidos (4 de julio de 1776) y la Revolución Francesa (1789); desde este siglo, se entiende ´´el mundo moderno´´, según los historiadores y filósofos de nuestros días.

En 1732 ocupaba la silla de Pedro, el papa Clemente XII (Lorenzo Corsini), quien en su pontificado -1730 a 1740- condenó la ´´francmasonería´´ o masonería, (Bula In Eminenti Apostolatus Specula, 1738), enriqueció la Biblioteca Apostólica Vaticana, ayudó a universidades que estaban en manos de los padres dominicos; pero, lo más significativo, es que favoreció las misiones y envió misioneros a lugares donde hacía falta evangelizar. 

El siglo XVIII fue de tiempos muy rígidos. En la predicación de la Iglesia en Nápoles, se predicaba no a un Dios-Misericordia, sino a un Dios-Juez, muy alejado de la realidad de su Pueblo. Este siglo se vio sacudido por la doctrina del teólogo y obispo Cornelio Jansen (el jansenismo), doctrina que influyó negativamente con un rigorismo moral en los predicadores de la época. Es Alfonso María de Ligorio, quien lucha incansablemente contra ese movimiento inmisericorde, predicando el Evangelio, mostrando a los más pobres y sufridos, que Dios es Amor, y que Él es Misericordia.

 

2.2 El siglo de san Alfonso María de Ligorio

El siglo XVIII fue el siglo de san Alfonso, sus obras literarias 111 en total, sorprendieron a todos y se han reeditado hasta nuestros días. Las obras (de carácter pastoral, espiritual y moral) de este insigne doctor de la Iglesia y patrono de Confesores y Moralistas, se han traducido a más de sesenta lenguas; cito algunas de ellas: Máximas eternas (1728), Reflexiones útiles a los obispos (1745), La Teología Moralis (1748),  La Práctica del amor a Jesucristo, Preparación para la muerte, Las glorias de María (esta le llevó 16 años en redactarla, 1750), El amor a Cristo, El gran medio de la Oración, Sobre la dignidad sacerdotal, Meditaciones sobre la Pasión de Jesucristo, Visitas al Santísimo Sacramento y a María Santísima, Siete Meditaciones sobre San José, La monja santa y Selva de materias predicables. 

 

2.3 La belleza espiritual en el interior de la iglesia de Los Dolores

Al entrar en la iglesia de Los Dolores, nuestros ojos admiran la belleza artística sinigual que encierra este casi tricentenario templo. La belleza artística de Los Dolores, no solo es material, también posee una espiritual. ¿Cuál es la hermosura espiritual de la iglesia de Los Dolores?  ¿En qué radica su estética? La belleza está en Cristo Nuestro Señor, Él es el Bello y de Él emana toda hermosura en este mundo. Esa belleza se vive a través del culto vivo y razonable de la santa madre Iglesia católica.

Estando a la antigua y cansada puerta de la iglesia de Los Dolores, puerta que ha visto pasar el tiempo, dando unos cuantos pasos al interior del templo, a mano derecha, encontramos uno de los altares laterales, en que está plasmado artísticamente el misterio trinitario: la Santísima Trinidad o Divina Providencia. A los pies de este altar se contempla, en una urna muy sencilla, la imagen de un hermoso Niño Jesús Durmiente esculpida por manos españolas; con una coronita de espinas en su mano derecha. ¡Bella imagencita! Este misterio de la Trinidad afirma los teólogos, entre ellos, Juan Apecechea, ´´es la suprema verdad de la fe cristiana´´. La palabra ´´misterio´´, no significa, o no se debe entender en lenguaje teológico o bíblico, como algo terrible o inalcanzable. El misterio de la Santísima Trinidad es un misterio revelado por Dios, para sumergirnos en Él y vivir en Él y desde Él.  La Iglesia católica, en su bimilenaria doctrina, nos enseña esta gran verdad de fe: "El Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, sin embargo, no hay tres Dioses sino uno solo".

Siguiendo a mano derecha, encontraremos, el altar dedicado al patriarca san José, atribuido a Blas de Mesa, del siglo XVIII. Dicho altar está embellecido por hermosísimas pinturas que hacen alusión a la vida del Patriarca aquí en la tierra, junto a Jesús y María: los desposorios, la huida a Egipto y el llamado del santo patriarca a la Casa del Padre. A los pies del Patriarca, están las imágenes del Divino Niño, Nuestra Señora de Suyapa, Patrona de la República de Honduras y santa Librada o Liberata.

La imagen de san José desde el punto de vista de las bellas artes, es preciosa y única. Es una talla de tipo colonial con rasgos perfectos; esta imagen es poseedora de una inigualable belleza artística, pero más bella es la misión que recibió el Castísimo Esposo de la Bienaventurada siempre Virgen María: ser el padre adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo. Llamado por las Sagradas Escrituras: “El servidor fiel y solícito, a quien el Señor puso al frente de su familia”.

Continuando con nuestro peregrinaje en la iglesia de Los Dolores, a mano izquierda, está el primer altar ecléctico, en donde está la bendita imagen de san Gerardo María Mayela, santo redentorista, flanqueada por las imágenes de santa Rita de Casia y san Martín de Porres. Y arriba, como coronando dicho altar, está la pequeña imagencita del Niño Jesús de Praga.

En el siguiente y segundo altar ecléctico, siempre a mano izquierda, están tres valiosísimas imágenes: al centro, Jesús Nazareno, flanqueado por san Antonio de Padua y la Virgen Nuestra Señora de Los Dolores, la ´´mera, mera´´ como le llaman algunos, para diferenciarla de la que está en el altar mayor a los pies del Santo Cristo de Limpias.

La imagen de Nuestra Señora de Los Dolores. Esta preciosa imagen de La Dolorosa, según los historiadores de Tegucigalpa, se le atribuye a Blas de Mesa, por su estilo característico, siglo XVIII; es una imagen de vestir en madera policromada con su daga y resplandor en plata repujada y labrada. Esta imagen también pudo ser propiedad de la desaparecida iglesia de la Limpia Concepción de los Naturales de Tegucigalpa, siglo XVII, afirmación que encontramos en el libro Arte y Evangelización V Centenario Primera Misa en tierra firme de América. Dicha imagen es considerada una de las más antiguas y más bellas de las cuatro Dolorosas que hay en la ciudad capital; las otras tres imágenes están en las siguientes iglesias: Catedral de San Miguel Arcángel de Tegucigalpa, Inmaculada Concepción de María de Comayagüela y El Calvario de Tegucigalpa.

María es representada llena de dolor al pie de la cruz, con siete espadas que le traspasan el corazón, como se lo profetizó el anciano y sabio Simeón; estas espadas, que contemplamos en las imágenes de La Dolorosa, son hechas de metal precioso, como plata y oro; algunas llevan hasta piedras preciosas incrustadas y son ataviadas con bellísimos y finísimos mantos, bordados con hilos de oro y plata. Hay mantos que tienen hasta trescientos años de haber sido confeccionados.

Alrededor de la iglesia de Los Dolores, como una corona de salvación, se encuentran las catorce estaciones del viacrucis. Estas son muy hermosas, fueron elaboradas en Barcelona, España.  viacrucis, como bien sabe el buen devoto católico, significa ´´Camino de la Cruz´´. También se le conoce como “Estaciones de la Cruz” y “Vía Dolorosa”. En el santo viacrucis, meditamos los momentos que vivió Nuestro Señor camino a El Calvario; es un acto de amor y sacrificio que hacemos al recorrer las catorce estaciones. Cada una de ellas representa, los momentos más difíciles que Jesús vivió por amor a la humanidad, dando la vida por todos.

En Tegucigalpa, capital de Honduras, se estableció la Archicofradía del Perpetuo Socorro, en la iglesia de Los Dolores, el 28 de junio de 1931, y la primera novena se predicó al año siguiente. Predicó el padre Félix Ruiz de Samaniego, uno de los fundadores del carisma en América Central. El icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, que se encuentra en el altar colonial dedicado a Ella, obra de Blas de Mesa, elaborado en la ciudad de Valencia, España, con un costo $300.00 lo donó la señora Mercedes Agurcia, (¿sería la escritora doña Mercedes Agurcia Membreño, llamada dulcemente ´´El Hada de los niños´´?).  La devoción de los martes a la Virgen del Perpetuo Socorro comenzó en 1947.  En ese tiempo Los Dolores no tenía la categoría de Parroquia. 

Al pasar a la nave central del templo de Los Dolores, deteniéndonos ante el altar mayor, vemos en el centro, arriba, una imponente imagen de Jesús Crucificado. Es la bendita imagen del Santo Cristo de Limpias. A los pies de esta imagen está la Madre Dolorosa, la cual no es la imagen ´´oficial´´ de la patrona de la iglesia de Los Dolores, sino, la que está en el segundo altar lateral ecléctico, de la que ya hemos hablado. Abajo, a la izquierda de quien lo mira de frente, está la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, y a la derecha la imagen de Nuestra Señora del Carmen.

Pasando a mano derecha, estamos en la capilla de Nuestra Señora de Fátima. Hoy en día es la Capilla del Santísimo Tabernaculum Domini. Esta capilla lateral, en los años cincuenta contó con un hermoso retablo, confeccionado en España (Segovia) por los Monjes Jerónimos del Paular; a principios de los años ochenta, se hizo el actual retablo, obra dirigida por el Ing. Francisco Prats, siendo párroco, el recordado padre Nicolás Eguíluz.

 

3.- La parroquia de Santa María de los Dolores hoy

Los misioneros redentoristas regentan esta amada parroquia desde 1930. Desde entonces, la labor pastoral, sacramental y espiritual en esa porción territorial de la arquidiócesis de la capital de Honduras ha sido fecunda. Los feligreses de esta amada e histórica parroquia han encontrado en los misioneros redentoristas a pastores incansables en la predicación del Evangelio, confesores, directores espirituales, catequistas y maestros de la fe. Nuestros misioneros han sabido acompañar a tantos hermanos en su vida de fe.

La parroquia de Santa María de los Dolores es una de las parroquias más antiguas de la arquidiócesis de Tegucigalpa. Está conformada por los siguientes barrios: Los Dolores (centro) Abajo, El Porvenir, Miramesí y El Chile. Cuenta en su territorio con cuatro iglesias: El Calvario, Capilla de los Caballeros del Santo Entierro, en el barrio Abajo; Divina Providencia, en el barrio El Chile, y Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio popular de Miramesí. Estos barrios son de los barrios más pobres de la capital de Tegucigalpa.

Es una parroquia visitada a diario por turistas nacionales y extranjeros. Podemos afirmar que, en el casco histórico de la capital de Honduras, Tegucigalpa, la iglesia de Santa María de los Dolores es una de las más visitadas.

 

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1 Martínez Castillo, Mario Felipe. (2009). Cuatro centros de arte colonial provinciano hispano-criollo en Honduras. Tegucigalpa: Editorial Universitaria.

2 Díaz Zelaya, Rafael. (1982, 22 de octubre). Relación sobre la Iglesia de Los Dolores [Material auxiliar archivado, I-2]. Tegucigalpa: Biblioteca Nacional.

3 Valladares y Valladares, Néstor. (s. f.). Iglesia Los Dolores. En Rutas lo nuestro (Fascículo 10). Tegucigalpa: La Tribuna.

4 Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). (s. f.). Iglesia Los Dolores. En Monumentos históricos de Comayagüela y Tegucigalpa. Tegucigalpa: INAH.

5 Díaz Zelaya, Rafael. (1982). Relación sobre la Iglesia de Los Dolores (pp. 17–19). Tegucigalpa: Biblioteca Nacional.

6 Díaz Zelaya, Rafael. (1982). Relación sobre la Iglesia de Los Dolores (p. 19). Tegucigalpa: Biblioteca Nacional.

7 Bolaños, Roberto. (1998). Crónica de los misioneros redentoristas en Honduras (1928–1998). Tegucigalpa: Imprenta Criterio.

8 Martínez Castillo, Mario Felipe. (2009). Cuatro centros de arte colonial provinciano hispano-criollo en Honduras (p. 127). Tegucigalpa: Editorial Universitaria.

9 Bolaños, Roberto. (1998). Crónica de los misioneros redentoristas en Honduras (1928–1998) (p. 8). Tegucigalpa: Imprenta Criterio.

10 Bolaños, Roberto. (1998). Crónica de los misioneros redentoristas en Honduras (1928–1998) (p. 183). Tegucigalpa: Imprenta Criterio.

11 Bolaños, Roberto. (1998). Crónica de los misioneros redentoristas en Honduras (1928–1998) (p. 185). Tegucigalpa: Imprenta Criterio.

12 Bolaños, Roberto. (1998). Crónica de los misioneros redentoristas en Honduras (1928–1998) (pp. 88–95). Tegucigalpa: Imprenta Criterio.

13 Tojeira, José María. (1986). Panorama histórico de la Iglesia en Honduras (pp. 198–205). Tegucigalpa: Lithopress.

 

 

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