jueves, 5 de febrero de 2026


             REDENCIÓN COPIOSA EN LA MAYOR DE LAS ANTILLAS: CUBA

“Llave del Nuevo Mundo y antemural de la Indias Occidentales”


  Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R.                                            


                                                     Verbos preliminares

Cuando el navegante, almirante, virrey y gobernador general de las Indias Occidentales, Cristóbal Colón, fue rechazado por el rey Juan II de Portugal, el “Príncipe perfecto”, por haberle propuesto viajar al oeste a través del océano Atlántico hasta llegar a las Indias, decide presentarse con su proyecto ante los Reyes Católicos. Esta histórica audiencia entre el avezado almirante y los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón se dio el 20 de enero de 1486, en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares. Fue la reina Isabel I de Castilla, en particular, la que creyó en el plan de Colón e hizo posible que tal proyecto llegara a buen puerto. En recuerdo de la audiencia de los Reyes Católicos a Cristóbal Colón, Rubén Darío escribió: “Algo se inicia como un vasto social cataclismo sobre la faz del orbe”.

Así, Cristóbal Colón partió el 3 de agosto de 1492 del Puerto de Palos de la Frontera, en Huelva, España, con el pensamiento de que se dirigía a Asia o Las Indias, o hacia la India y países de Oriente. Arribó el histórico 12 de octubre a la isla de Guanahani, rebautizada como San Salvador, y hoy parte del archipiélago de Las Bahamas. Luego llegó a Cuba, a la que rebautizó como Juana, el 28 de octubre y a la isla de Quisqueya, rebautizada por el navegante como La Española (República Dominicana y Haití), el 5 de diciembre. En el segundo viaje, Colón salió de Puerto de Cádiz el 25 de septiembre de 1493, llegó a las islas de Jamaica y de Puerto Rico, a la que Colón llamó San Juan Bautista, el 19 de noviembre. En su cuarto viaje, Cristóbal Colón partió de Sevilla el 3 de abril de 1502 y recorrió las costas caribeñas de las actuales repúblicas de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Las naves del avezado almirante recorrieron el litoral centroamericano entre agosto de 1502 y mayo de 1503.

Cuando el almirante Cristóbal Colón arribó a aquellas tierras, estas estaban habitadas por pueblos indígenas como los taínos, los ciboneyes y los caribes, quienes subsistían principalmente de la pesca, la caza y una agricultura básica.

Los taínos y los ciboneyes pertenecían al tronco cultural de los arahuacos, originarios de la región del Orinoco, en la actual Venezuela, desde donde se expandieron por el Caribe. Los caribes, por su parte, conformaban un grupo cultural distinto.

Según diversos estudiosos, estos pueblos mantenían formas de gobierno basadas en el consenso comunitario, comparables a una suerte de democracia sin partidos. En el caso de los taínos, su cultura presentaba una organización social y política bien definida, estructurada jerárquicamente bajo la autoridad de los caciques. En el Nuevo Mundo se hablaban más de mil lenguas distintas y comerciaban entre unos y otros. Las deidades y dioses de los taínos eran Yaya, el Todopoderoso; Atabey, la madre de Yaya; Yayael, el hijo de Yaya; Itiba Cahubaba, la diosa de la fertilidad; Cuatrillizos, quien sostiene a Yayael; Bayamanaco, el dios del fuego; Guabancexy, la diosa que crea los huracanes; y Yucahú, quien daba fertilidad a los machos y a la yuca.

En realidad, al llegar Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, encontró un inmenso continente de gran belleza, muy poblado de sociedades en desarrollo, territorios codiciados de forma desmesurada por dos reinos de Europa: Castilla y Portugal. Estos se repartieron las zonas de navegación del océano Atlántico y todos los territorios del llamado Nuevo Mundo.

¿Quiénes llegaron en las tres carabelas? Las carabelas eran la Niña o Santa Clara; la Pinta, por su color particular; y la Santa María, que en realidad se llamaba “La Gallega”, a la que Colón rebautizó como Santa María de la Inmaculada Concepción. Colón le llamaba “la Capitana”, como indica en sus escritos fray Bartolomé de las Casas. La Santa María no era propiamente una carabela, sino que era “nau” o “carraca”, un gran barco, mucho más grande que las otras dos.

La Pinta, al mando del navegante y explorador Martín Alonso Pinzón; la Niña, al mando del también navegante y explorador Vicente Yáñez Pinzón; y al mando de la Santa María, Cristóbal Colón. A bordo de las tres naves iban alrededor de 90 marineros. Un dato curioso con respecto al nombre y apellido del almirante: Cristóbal significa “el que lleva a Cristo”, y Colón significa “colonizador”. Con ellos iban, según algunos historiadores, la cruz y la espada, el soldado y el fraile.

Las órdenes mendicantes fueron de las primeras en llegar al Nuevo Mundo. Entre ellas figuraron los franciscanos, dominicos, mercedarios, agustinos, jesuitas y carmelitas descalzos, quienes arribaron a aquellas tierras entre los años 1524 y 1585.

La tarea fundamental de los misioneros se desarrolló en dos grandes campos de acción: la evangelización de los pueblos nativos y el servicio religioso a la población europea ya establecida en el territorio. No obstante, antes de las fechas señaladas por los historiadores como el inicio formal de la misión, Cristóbal Colón, en su segundo viaje (1493-1496), llevó consigo a varios religiosos.

Bien decía Marco Tulio Cicerón que «la historia es la mensajera del pasado», y es conocida la postura asumida por muchos misioneros frente a la llamada “conquista” y al trato recibido por los pobladores originarios. En este contexto, los misioneros se dividieron en dos posiciones claramente definidas: aquellos que concebían la evangelización como una guerra justa y aquellos que defendían la conversión del nativo con pleno respeto a sus derechos humanos.

Estas dos posturas comenzaron a tomar fuerza a partir del histórico sermón de fray Antonio de Montesinos, pronunciado el último domingo antes de la Navidad de 1511. Montesinos es considerado un incansable defensor de los pueblos indígenas de las Antillas, hecho que recoge el historiador y reformador social fray Bartolomé de las Casas. Puede decirse, en síntesis, que unos misioneros actuaron con auténtico corazón misionero, mientras otros lo hicieron con un marcado corazón colonizador.

La evangelización en el Nuevo Mundo consistió, entre otros puntos, en la conversión a la fe católica y en la educación en la fe de los nativos. Esta fue la tarea fundamental de aquellos misioneros, labor promovida y organizada por los Reyes Católicos, principalmente por Isabel I de Castilla, quien llamaba a los nativos “tesoro de almas para la cristiandad”, mediante concesiones papales expresadas en las bulas a partir del papa Alejandro VI, que concedieron territorios para tal fin. Eso permitió a la Corona de los reinos de Castilla y Aragón extender su poderío en Europa, pues la corona y la Iglesia católica eran dos caras de la misma moneda, las guerras se hacían por la Corona y por Dios. Se obedecía a Dios, al papa y a la reina Isabel la Católica.

Las tres primeras diócesis originales de los pueblos del Caribe y América Central fueron Santo Domingo, Concepción de la Vega (en la isla de La Española: Haití y República Dominicana) y San Juan de Puerto Rico, erigidas por el papa Julio II el 8 de agosto de 1511. Estas diócesis eran sufragáneas de la arquidiócesis de Sevilla, España. Sus primeros obispos fueron el franciscano Francisco García de Padilla (Santo Domingo), considerado el primer apóstol y obispo de América; Pedro Suárez de Deza (Concepción de la Vega); y Alonso Manso (San Juan de Puerto Rico).

Posteriormente, el papa León X creó la primera diócesis en tierra firme, Santa María la Antigua del Darién, trasladada más tarde a Ciudad de Panamá, el 5 de diciembre de 1520. Este mismo pontífice erigió la primera diócesis de Cuba el 11 de febrero de 1517, en Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa. En 1527, el papa Clemente VII creó la diócesis de Honduras, y en 1531 erigió la diócesis de León, en Nicaragua, sin emitir bulas; a esta se le anexó el territorio de la actual República de Costa Rica el 6 de julio de 1545, país en el que se erigió su primera diócesis el 28 de febrero de 1850. Asimismo, el 18 de diciembre de 1534, el papa Paulo III creó la diócesis de Santiago de Guatemala, separándola de México. La primera diócesis de la República de El Salvador fue erigida el 28 de septiembre de 1842, y finalmente, el 29 de febrero de 1956, el vicariato apostólico de Belice fue elevado a diócesis por el papa Pío XII.

Entre 1926 y 1929 estalló la Guerra Cristera, también conocida como la Cristiada, en la república de los Estados Unidos Mexicanos, impulsada con un clima de odio, sangre y muerte por el pedagogo, militar, político y presidente Francisco Plutarco Elías Campuzano, considerado uno de los tres hombres fuertes de Sonora. El plan de Elías Calles, como se le conocía, era claro: destruir por completo la Iglesia católica en México. ¿Qué pensaba el perseguidor Calles de la Iglesia y de los sacerdotes? En uno de sus discursos afirmaba:

Yo soy enemigo de la casta sacerdotal, del cura intrigante, del cura explotador, del cura que pretende tener sumido a nuestro pueblo en la ignorancia, a merced del explotador del trabajador. Yo declaro que respeto todas las religiones y todas las creencias, mientras los ministros de culto no se mezclen en nuestras contiendas políticas con desprecio a nuestras leyes, ni sirvan de instrumento a los poderosos para explotar a los desvalidos.

Como consecuencia de esta sucesión continuada de olas de insultos y de actos sangrientos contra numerosos sacerdotes, algunos misioneros redentoristas se vieron obligados a salir del país, dirigiéndose hacia Estados Unidos de América, España, Venezuela, Colombia, Centroamérica y Cuba.

Primera fundación redentorista en Cuba

La mayúscula de las Antillas, la República insular de Cuba, que vio nacer a la gran escritora y poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, de prolífica pluma, con más de cuarenta obras en su haber, recibió en su puerto de La Habana, en 1926, un 16 de julio, día de Nuestra Señora del Carmen, a los padres Baldomero Fernández Silva, viceprovincial de México, y José Morán Pan, quienes llegan a la “perla del Caribe” con la intención de fundar y sembrar el carisma redentorista en la más grande de las islas regionales.

El territorio de la Iglesia católica en Cuba tiene once diócesis y tres arquidiócesis. En 1927, encontramos a los redentoristas al este de la isla, en la arquidiócesis de Santiago de Cuba, segunda ciudad más importante de la república. En el episcopologio de esa arquidiócesis, san Antonio María Claret y Clará ocupa el treintaiseisavo lugar en la lista de los pastores que han ocupado la silla arzobispal santiaguera.

La actividad apostólica de los redentoristas desde la Iglesia de la Sagrada Familia en esa arquidiócesis consistió en parroquias, escuelas y comunidades religiosas, estableciéndose la primera comunidad redentorista en 1931. En ese mismo año, el 19 de marzo de 1931 es erigida canónicamente la casa del Santísimo Corazón Eucarístico de Jesús en La Habana. Allí se dedican a la predicación y oratorios públicos.

El libro de las Crónicas de La Habana 1935-1946, tomo II, registra la actividad comunitaria y apostólica de los misioneros en la capital de Cuba desde el 1 de enero de 1935 hasta diciembre de 1946. Este libro es un manuscrito de escritura ilegible, del cual se tiene una fotocopia borrosa del original. El método y estilo de los cronistas de la época era hacer un resumen al final de cada mes de todas las actividades sacramentales, litúrgicas y devocionales.

En este escrito sobre los misioneros redentoristas en Cuba se pretende contar las vivencias de unos misioneros que, durante décadas, trabajaron apostólicamente, en una tierra tan linda como es la tierra cubana, tierra de misión. Tierra fértil que, en épocas pasadas, fue llamada “tierra de azúcar”. Sobre las crónicas en la otrora provincia de América Central y de Cuba, inspirado por la imagen de los lagos y lagunas, alguien dijo que eran como Nicaragua, mi amada tierra lacustre: “Llena de lagos y lagunas”, y las crónicas de nuestras comunidades religiosas también son así: “Llenas de lagos y lagunas”, y yo agregaría, de inmensos mares y océanos. En ellas faltan datos, anécdotas, vivencias y referencias en torno a la comunidad y parroquia redentoristas; será otro quien se encargue de escribir la historia, en sentido estricto, de los misioneros redentoristas en Cuba.

Con respecto al contexto eclesial, entre 1935 y 1946 se vivieron en la Iglesia universal y cubana los siguientes acontecimientos: es nombrado Mons. Jorge Carvana, primer nuncio apostólico en Cuba (1935); coronación canónica de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba (1936); fallece Mons. Severiano Sainz Bencomo, obispo de Matanzas; el papa Pío XI promulga las encíclicas Mit Brennender Sorge (preocupación por el nazismo) y Divini Redemptoris (condena al marxismo y comunismo) (1937); el presbítero Alberto Martín Villaverde es nombrado obispo de Matanzas (1938).

El cardenal Eugenio María Giuseppe Giovanni Pacelli fue elegido papa, con el nombre de Pío XII (1939); se fundan la Asociación de Maestras Católicas de Cuba y la Casa Cultural de Católicas (1939); muere el primer arzobispo de La Habana, Mons. Manuel Ruiz Rodríguez; los obispos cubanos dirigen una “Exposición del Episcopado cubano a los señores delegados a la Asamblea Constituyente”; por iniciativa de los Caballeros de Colón se inicia una campaña de “Afirmación Católica” (1940).

Se funda el movimiento “Democracia Social Cristiana”; Mons. Evelio Díaz Cía es nombrado obispo de Pinar del Río; se funda la Confederación de Colegios Cubanos Católicos (1941); es consagrado obispo Manuel Arteaga Betancourt (24 de febrero de 1942); se funda la Liga de Damas de Acción Católica y se establece en La Habana la Unión de Universitarias Católicas (1942).

Mons. Martínez Dalman ingresa en la Academia de la Historia (1943); los obispos declaran a la Asociación de Caballeros Católicos de Cuba como rama de Hombres de la Acción Católica Cubana (1949); el papa Pío XII exaltó la figura del cardenal Manuel Arteaga Betancourt con estas palabras: “Una púrpura romana llevada a ser ornamento de su Patria, de las Antillas y de toda la América Central” (1945); se funda la Universidad Católica de Santo Tomás de Villanueva (1946).

Asimismo, sobre el contexto sociopolítico, entre 1935 y 1946 sucedieron acontecimientos que marcaron el día a día de todos los cubanos. Siendo presidente de Cuba el señor Carlos Mendieta Montefur, se inician las relaciones diplomáticas entre Cuba y la Santa Sede (1934-1935). Es asesinado en El Morrito el líder revolucionario Antonio Guiteras Holmes (1935); llega a la presidencia de Cuba don Miguel Mariano Gómez y Arias, cuya presidencia solo fue de siete meses. Es reelegido presidente de los Estados Unidos de América el demócrata Franklin D. Roosevelt (1936); el Partido Comunista funda la Unión Revolucionaria (1937); legalización del Partido Comunista (1938); la Asamblea Constituyente aprueba una nueva Constitución para Cuba (1939); es elegido presidente de Cuba Fulgencio Batista Zaldívar, quien fue presidente constitucional de la República de 1940 a 1944, y dictador de 1952 a 1959.

Cuba establece relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1942); se legaliza la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), presidida por Lázaro Peña González (1943); llega a la presidencia de Cuba don Ramón Grau San Martín, llamado el “Divino Galimatías”, último presidente que nació en la Cuba Española (1944); Fidel Castro Ruz se gradúa de bachiller en Letras en el Colegio de Belén, de los padres jesuitas (1945); se funda el Partido del Pueblo Cubano (1946).

La primera fundación de los misioneros redentoristas en Cuba hay que enmarcarla en la etapa de la Iglesia católica llamada “etapa republicana”. El historiador Manuel Pablo Maza Miquel, sacerdote jesuita, en el capítulo IV de su libro Breve historia de la Iglesia en Cuba: Colonia y República 1511-1958, intitula dicho acápite así: “La Iglesia cubana durante la República, 1902-1958”. Es en este período que debemos enmarcar la labor de los redentoristas en su primera fundación.

En la vida republicana, la Iglesia católica fue adaptándose poco apoco, adecuándose al proceso, dando respuestas y siendo voz sonora en la novedad de la República. Quedaba atrás el régimen de patronato en Cuba, la escisión entre Iglesia y Estado era inminente: el matrimonio civil era el único válido y la enseñanza era laica. El espíritu anticlerical se diseminaba por todo el territorio cubano, era la moda del pensamiento. La situación encrudeció a partir de la fracasada, o, ¿traicionada revolución castrista de 1959? A la que llaman los críticos pensantes, “el gran negocio de los Castro”.

La etapa republicana que nació en 1902 fue desarrollándose de crisis en crisis, entre desavenencias políticas. Por ejemplo, la histórica enmienda del senador de Connecticut, Orville Hit Platt, la cual fue abolida por el presidente Carlos Mendieta Montefur, causó muchos conflictos internos, de los que fluían opiniones a favor y en contra. A estos conflictos internos se sumaban los raciales y la educación religiosa, señalada como contraria a la libertad del hombre y la mujer. A la altura de 1950 había una gran división racial: los negros no iban a los mismos lugares donde iban los blancos.

Cuba seguía siendo “españolizada”, pues solo entre 1903 y 1933 entraron a Cuba más de 723,000 ciudadanos españoles. Era la Cuba española o españolizada. Es el tiempo en que la sociedad dejó de vivir a la sombra de la torre del campanario de la Iglesia. Eso explica el por qué son tan comunes los apellidos españoles en Cuba; por ello nace en 2007 la Ley de Memoria Histórica, que devino como Ley de Nietos en 2021, la cual permite, a descendientes de españoles, recuperar la nacionalidad de su abuelo o abuela emigrante. De 2022 a 2025, los cubanos que sean descendientes de los españoles que se exiliaron tras la Guerra Civil (1936-1939) y por la dictadura podrán optar a la nacionalidad española.

En ese contexto tan difícil y de crisis, la Iglesia y la vida consagrada dieron una respuesta generosa para paliar un poco los problemas que vivía Cuba en su etapa republicana. Religiosos y religiosas europeos, mexicanos y estadounidenses, desde su carisma propio, enriquecieron a la Iglesia en Cuba. Los consagrados se abrieron paso en el campo de la educación. Órdenes y congregaciones como la Orden de San Agustín, Compañía de Jesús, Orden de Predicadores, Orden de los Clérigos Regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pía o Escolapios, Congregación de los Hermanos Maristas, Hermanos de las Escuelas Cristianas y Compañía de Santa Teresa de Jesús, enriquecieron el campo de la educación a través de sus carismas en las instituciones educativa que habían fundado. Los colegios católicos crecieron rápidamente en Cuba, pues para 1958 eran más de 200 colegios, fundados por 46 congregaciones y órdenes religiosas, desde oriente a occidente del país.

La labor de los religiosos no solo se limitó al campo educativo, sino que también se extendió a hospitales, orfanatorios, cárceles, asilos de ancianos, parroquias y centros de misión, todos asistidos por congregaciones religiosas que, según su carisma, fueron enriqueciendo e iluminando la realidad social que vivía Cuba en la etapa republicana. Otra tarea difícil de la Iglesia que peregrinaba en Cuba en esa época era promover el clero cubano. Para ello, la Santa Sede comienza a nombrar obispos nativos, a fortalecer los seminarios, al clero y a formar a agentes de pastoral en la Cuba republicana.

Para 1940, la Iglesia católica gozaba de gran esplendor: laicado y clero nativo con excelente formación y con presencia sólida de sacerdotes y religiosos extranjeros. Dicen algunos entendidos que 1940 fue realmente brillante para la mayor de las Antillas. Fue en ese año que se redactó la Constitución cubana de 1940, la cual no fue derogada, sino suspendida. Fue firmada el 1 de julio de 1940 como tributo a los independentistas cubanos que firmaron la Primera Constitución de Cuba de 1869. Según los peritos, aquella constitución sería la ruta para que Cuba se democratizara, invocando el artículo 149, que conduce al último presidente constitucional de Cuba, porque el actual no lo es, se trata del Dr. Roberto García Cebrián, según afirma el grupo de abogados del Gobierno Constitucional Cubano para la Transición.

Se añade a esto el fortalecimiento de congregaciones religiosas fundadas en Cuba, como, por ejemplo, la Congregación de Nuestra Señora del Santo Rosario o Dominicas cubanas, Congregación de Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha y Congregación de Religiosas del Apostolado del Sagrado Corazón de Jesús, quienes tienen como carisma la educación y atención de ancianos, labor muy reconocida y apreciada en el municipio de Guanabacoa. Así surgió la obra de beneficencia “Casa de Abuelos Beato Ciriaco María Sancha”, en donde reina la amada “Tutelar”, Nuestra Señora de la Asunción, en Guanabacoa.

Amable y paciente lector, volvamos al libro de Crónicas de La Habana. En sus páginas leemos que la actividad misionera de los redentoristas era de mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio, viviendo el carisma en absoluta pobreza, para dar a conocer la redención copiosa de Nuestro Señor Jesucristo. Las actividades o “correrías” apostólicas las describían o clasificaban en misiones, ejercicios espirituales, retiros, semanas santas, misiones populares, catequesis, predicaciones, confesiones, bautizos de niños y adultos, matrimonios y cuidado de capellanías. Por ejemplo, en 1935 predicaron 11 misiones de 8 días, 2 tandas de ejercicios espirituales de 8 días, 6 meses de predicación, 380 bautizos de niños, 40 bautizos de adultos y 20 matrimonios.

Los cronistas de esa época especificaban los trabajos apostólicos en casa y fuera de ella. Al leer sobre los trabajos dentro y fuera de casa o de la comunidad eran prácticamente las mismas actividades: jueves eucarísticos, homilías, horas santas, sermones, catequesis, visita a los enfermos, pláticas, confesiones, dirección espiritual, primeras comuniones, Martes del Perpetuo Socorro, rosarios, triduos y novenas.

Cuando llegaron los primeros redentoristas a Cuba, se encontraron con los primeros escollos que debían superar. Los redentoristas en su primera expedición habían llegado a uno de los 15 municipios de La Habana: Diez de Octubre, histórico municipio, que posee los barrios de Luyanó, Santos Suárez, La Víbora, Lawton, Sevillano y Vista Alegre. El primer arzobispo de La Habana, José Manuel Dámaso Ruiz y Rodríguez, quería que fundaran en Luyanó; pero los misioneros se habían decantado por el sector de La Víbora.

Nuestro cronista de la época menciona varios lugares donde los misioneros trabajaron apostólicamente. Es importante anotar que el cronista no nos especifica los nombres completos de los misioneros con sus apellidos, ni los nombres oficiales de los lugares e instituciones que los redentoristas atendían en La Habana. Un dato que sí consigna el cronista es sobre la colaboración que los misioneros redentoristas de La Habana hacían a los redentoristas en Puerto Rico. Aquellos ayudaron a estos en varias misiones populares en Puerta de Tierra y Aguas Buenas. Como dato histórico, los primeros redentoristas llegaron a Puerto Rico el 7 de marzo de 1887 al muelle de San Juan, quienes fueron recibidos en el muelle por el P. Ramón Gandía, el primer redentorista puertorriqueño. Este los hospedó en su casa unos días y luego viajaron a la ciudad de Mayagüez. El P. Gandía fue la primera vocación redentorista del Caribe. Nació en Arecibo, Puerto Rico, en 1844. Fue ordenado como sacerdote diocesano en 1868, ingresó al noviciado redentorista en Avon, Francia, para profesar luego en 1870. Fue enviado a trabajar a Ecuador. Salió de la congregación y regresó a su natal Puerto Rico como diocesano.

En La Habana, los redentoristas apoyaron en el trabajo apostólico sacramental en lugares como Luyanó, Playa, Arroyo Naranjo, Marianao, Boyeros, Juanelo, Aldecoa, Lawton, Almendarez, Salvador (quizá sea el municipio cubano situado en la provincia de Guantánamo), Bejucal, San José de las Lajas y Santa Marta (del municipio de Caimito), Colón, Pinar del Río, Santa Rosalía. Mas allá de estos lugares, los misioneros redentoristas predicaron santas misiones en ciudades como Santiago de Cuba, Matanzas, Cienfuegos y Santa Clara.

En enero de 1939, se llevaron a cabo misiones en Barrera (Parroquia Nuestra Señora de los Dolores), Arango (Capilla Nuestra Señora del Carmen), Minas (Capilla Nuestra Señora de la Caridad del Cobre) y Bacuranao (Capilla Sagrado Corazón de Jesús). Estas capillas, setenta y cinco años después, fueron encomendadas a los redentoristas. Desde el año 2014, están siendo acompañadas con la celebración de la santa misa y sacramentos.

Los redentoristas también sirvieron como capellanes, confesores y directores espirituales en diferentes centros e instituciones, colegios, escuelas, parroquias y capillas. Tal y como el cronista consigna los nombres de estos lugares e instituciones, así los escribiremos. Acompañaron espiritualmente a religiosos y feligreses de comunidades como Capilla El Calvario, Hermanos de La Salle, templo del Pilar, Jesús del Monte, Colegio Americano, Maristas, Preciosa Sangre, Buen Pastor, Catequistas de la Cruz, Colegio de la Sagrada Familia, Asociación de Caballeros Católicos, Ursulinas, Hijas del Calvario de Lawton, Escuela Parroquial de Marianao, Colegio San Fernando, Institución del Hogar, Madres Pasionistas, Colegio la Aurora, El Pilar, Colegio de las Oblatas de la Providencia, Hijas de Galicia, Colegio del Socorro y los Cruzados.

Los misioneros redentoristas que trabajaron en La Habana, entre 1935 a 1946, eran todos de nacionalidad española, unos muy patriotas; otros, nacionalistas; y otros, muy franquistas…

En las crónicas leemos lo que hicieron nuestros redentoristas en aquel lejano año de 1939, un 18 de julio:

“Ese día firmamos todos en la Embajada de España. Y aunque lo hubiéramos hecho con la sangre de nuestras venas no hubiera sido un exceso. ¡Viva España! ¡Viva Franco!”.

Tal fervor por la patria y por el dictador Francisco Franco Bahamonde, quien gobernó el Reino de España entre 1939 y 1975, los llevó a sustituir la imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, patrona de la República de Cuba, ¡por una de Franco! Algo inadmisible. Escribe el cronista:

Como el Superior no asistió a la comida ese día, ocupó su puesto en la mesa el retrato de Franco. El que regaló el “Diario de la Marina”: un simple papel de periódico; pero fue honra para Franco porque lo prendimos con alfileres por encima del cuadro de la Virgen de la Caridad, dejando visible la barca, y a los tripulantes con los pelos de punta, no sé si por llevar a bordo a Franco o si porque les quitamos a la virgen de la vista.  

Uno de esos tripulantes que menciona el cronista es el negrito Juan Moreno. La historia cuenta que Moreno se casó con la parda María de los Reyes, con quien procreó dos hijos: Fabián y Fausto. Fue mayoral en las excavaciones del cerro, luego pasó a ser el capitán de las milicias del Real de Minas. En la imaginería popular contemporánea sobre el hallazgo de la Virgen de la Caridad, se recuerda e identifica a Juan Moreno como “el negrito piadoso de la Virgen”. Gran devoción, pasión y vehemencia por el Generalísimo el de nuestros misioneros españoles de aquella época.

¿Quiénes eran los redentoristas de aquella época en la Cuba republicana? El cronista nos da una serie de nombres incompletos, así como los nombres de los lugares que misionaron los redentoristas. De algunos solo menciona su primer nombre o apellido. Son los siguientes misioneros: José Gómez, Hno. Rafael, Peláez, Grandal, Aranda, Avelino, Romance, Eulogio, Silva, José Guaresti, Miñón, Lorenzo, Cañas, Duque, Calvo, Castresano, Serrano, Blanco, Domínguez, Hernando, Buznego (el P. Eladio Buznego, quien falleció en San Salvador, El Salvador), Cañas, José Morán Pan (fundador de las comunidades en Panamá y Managua, Nicaragua), Gerardo Duque, Matías Martínez, Porfirio Díaz, Antonio Solés, Jesús Sánchez, Leandro Hermosa, Aniceto G. Ruiz, Cándido Irigoyen, Manuel Bertoles, Policarpo Dancel, P. España, y Fausto Hernando, quien falleció en Nicaragua, sus restos reposan en el "Cementerio General” de esa ciudad.

Al abrir el libro de Crónicas de La Habana, en el que se buscó en sus primeras páginas la referencia de la comunidad, nombre, lugar y los nombres de los misioneros que la conformaban, no encontramos estos datos. ¿Cuál o cuáles eran las comunidades religiosas redentoristas en La Habana? ¿Dónde estaba o estaban localizadas? Las crónicas redentoristas no nos lo consignan, no contamos con esos datos. Los únicos libros de crónicas que hemos encontrado son los siguientes: Crónicas de La Habana 1935-1946 tomo II, Crónicas 2005-2021 y Crónica Isla de la Juventud 2001-2006.

Este último se debe considerar como el primer libro de crónicas redentoristas de la segunda fundación. Hay otro libro de crónicas de la Isla de la Juventud, que fue solicitado para este escrito, pero no se pudo contar con él. Falta un libro de crónicas muy valioso, el primero, el que recoge la vida y apostolado de los misioneros redentoristas que va de los años de 1926 a 1934. Se presume que dicho libro puede estar en Santiago de Cuba, donde se erigió canónicamente la primera comunidad redentorista, quizá se encuentra recubierto de polvo y entregado al sepulcro sin memoria del olvido. O quizá no existe, porque nunca se escribió.

La duración de un vuelo desde La Habana hasta la ciudad de Santiago de Cuba es de casi dos horas, con una distancia aproximada de 755 km, el tiempo estimado de viaje por tierra es de aproximadamente 11 horas y 52 minutos. En el libro de las Crónicas de La Habana, se mencionan las visitas que hacían los redentoristas de Santiago de Cuba, pero desconocemos la actividad con detalles que ellos realizaban en aquella ciudad, donde la bendita imagen de la patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, tiene su casa, desde la cual bendice y arropa con su manto color oro a todos sus hijos cubanos. Hasta esa ciudad llega el lamento del pueblo sufriente de Cuba. La ausencia de ese valioso libro es una de las grandes lagunas o mares de nuestras crónicas…

Para encontrar respuestas sobre la localización de la comunidad redentorista de los años de 1930 y 1940, acudimos al Archivo Histórico del Arzobispado de La Habana. Encontramos la siguiente referencia y guía para responder en parte al vacío de las crónicas: Redentoristas 1927-2000, Legajo 21-17 exp. de 1927 a 1959. En el legajo 21, expediente 2, encontramos lo siguiente: “Sobre establecimiento de una residencia para la Comunidad en la barriada de Luyanó, previa consulta al párroco de Jesús del Monte y el Superior de los Pasionistas. Extenso informe sobre las ventigas [sic] de la nueva fundación por el P. Grandal. (Año 1930)”. En noviembre de ese mismo año, 1930, el superior de los misioneros redentoristas solicita permiso al arzobispo de La Habana para que la comunidad redentorista se establezca en Luyanó. Esta es una localidad del municipio Diez de Octubre, provincia de La Habana. La historia de esta localidad está vinculada a la historia nacional, con valores patrimoniales, arquitectónicos y ambientales. Se dice que es la cuna de grandes personalidades de la cultura de Cuba.

En la revista digital El Estornudo. Alergias crónicas, leemos el siguiente comentario sobre este lugar: “Luyanó es uno de esos barrios detenidos en colas inmensas, bulla, y locos con actitudes casi cuerdas entre tanto surrealismo”.

Siguiendo la línea epistolar de los años de 1930, entre el superior de los redentoristas, R.P. Francisco Eulogio Peláez, y el arzobispo de La Habana, S.E.R. José Manuel Dámaso Ruiz y Rodríguez, la residencia de los hijos de san Alfonso era en la localidad de Luyanó, perteneciente a la parroquia de El Buen Pastor de Jesús del Monte. Es en 1946 cuando el superior de los misioneros redentoristas, R.P. Julio Domínguez, solicita al arzobispo de La Habana, cardenal Manuel Arteaga Betancourt, establecerse en el Reparto Alturas del Vedado, entre la calle 26 y 32. La petición fue aprobada por el señor cardenal de La Habana, concediéndoles la manzana de terreno 23, del Reparto “Parque Residencial Alturas del Vedado”, integrado por los solares 1 y 2, frente a la muy transitada avenida Kohly, entre las calles 41 y 43. Con la venia del superior provincial, el M.R.P. Antonio Armada, se le concede a los redentoristas levantar en los terrenos arriba mencionados una iglesia con una casa anexa, como residencia oficial de la comunidad religiosa, en la jurisdicción de la parroquia de San Jerónimo en Puentes Grandes.

A finales de los años de 1940, encontramos a los misioneros redentoristas ubicados en su nueva residencia, conocida ahora como Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, bajo la regencia de las hermanas de la Orden de Monjas Dominicas, la cual desde 1984 es su residencia actual. A principios de los 1970, los misioneros redentoristas dejaron el lugar por la presión de persecución por parte de la dictadura castrista, la cual ha sido para el pueblo cubano miseria, dolor y humillación. Es una dictadura que hiede a cadáver putrefacto…

Las hermanas dominicas, además de la vida de oración, se dedican a confeccionar y bordar objetos y ornamentos litúrgicos. El trabajo de las hermanas dominicas ha sido encomiable, han conservado muchas cosas que los redentoristas dejaron atrás en aquellos oscuros y tristes años revolucionarios. Las religiosas conservan la bellísima imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que preside actualmente el altar mayor del santuario, y un hermoso estandarte de la Virgen, de origen español, de casi setenta años.

Década de 1950: llega la Revolución cubana. El 1° de enero de 1959, las fuerzas rebeldes encabezadas por el fallecido líder revolucionario, Fidel Castro Ruz, entraron victoriosas a la ciudad de Santiago, derrocando al dictador Fulgencio Batista Zaldívar. Una vez en el poder, cuando Fidel Castro Ruz ya había declarado que su gobierno era de carácter marxista-leninista, se dedica a discriminar y perseguir a la Iglesia católica en Cuba. El dictador Castro Ruz estuvo preso en el temido Presidio Modelo, una cárcel construida entre 1926 y 1931, en la Isla de la Juventud, de donde nunca nunca nunca debió haber salido…

Religiosos y sacerdotes de diferentes órdenes y congregaciones fueron expulsados de manera violenta del país. Instituciones de la Iglesia como parroquias y colegios fueron intervenidos por Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Dentro de ese gran número de religiosos expulsados estaban nuestros abnegados misioneros.

El régimen cubano acosó, reprimió, amenazó y obstaculizó la labor de la Iglesia católica. En Cuba, en la actualidad, hay persecución religiosa, y tiene formas muy sofisticadas, según la encuesta que hizo la revista Expediente Público. La Iglesia cubana, para organizar o realizar algunas actividades, debe pedir permiso.

Si se solicita “permiso” es porque no hay una verdadera libertad religiosa; de culto, sí, pero condicionado. Esto porque el Ministerio del Interior envía a sus “agentes” a escuchar las homilías que pronuncian los sacerdotes en las eucaristías dominicales. Si se dice o afirma algo que ellos consideran “atentado contra la seguridad del Estado”, es llamado a rendir cuentas por sus afirmaciones, que, según ellos, son insidiosas. A un sacerdote misionero, por comentar fuera de la eucaristía sobre canciones de corte contestatario sobre los sistemas opresores, en sentido general, recibió días después la visita de la Sra. Caridad del Rosario Diego Bello, quien es jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido, cargo que ostenta desde décadas atrás.

Según informe de la Embajada de los Estados Unidos en Cuba (2019), afirma que el Partido Comunista de Cuba (PCC), a través de su Oficina de Atención para los Asuntos Religiosos (OAAR) y el Ministerio de Justicia (MINJUS), mantiene el control de la mayoría de los aspectos de la vida religiosa en Cuba, tanto de la Iglesia católica como de las demás iglesias. Es la oficina de Asuntos Religiosos (OAAR) quien controla si se debe o no adquirir un vehículo nuevo para una congregación religiosa o parroquia. Todos los vehículos que usan los religiosos en Cuba son estrictamente para asuntos pastorales.

La OAAR no solo controla la compra de vehículos, sino controla qué sacerdote, religioso o religiosa entra o no al país. Más aún, las procesiones, expresión devota del pueblo cristiano católico, son controladas por esta oficina. A los sacerdotes o religiosos extranjeros se les retira la visa aprobada para ingresar al país, en las dependencias del edificio de la Conferencia Episcopal de Cuba, igualmente, allí se tramita el carné de identidad para extranjero.

Para la Semana Santa del 2024, se pensó en realizar un viacrucis interparroquial, que recorriera una de las calles principales del municipio Guanabacoa. El permiso fue denegado por dicha oficina, pues limitaron el recorrido del viacrucis, haciéndolo más breve. Adujeron que una procesión no puede ser en sentido lineal… ¡Vaya argumentación, con tan poco y pobre fundamento!

Según algunos estudios realizados un par de años atrás, un 93 % de los religiosos sufrió algún tipo de represión y un 84 % de los que fueron encuestados bajo el velo de la clandestinidad sufrieron amenazas. ¿Los motivos? Por causas de pensamientos, conciencia o religiosidad. Varios han sufrido represión y vigilancia. Tal es el caso del ingeniero agrónomo, periodista y escritor Dagoberto Valdés Hernández, hombre católico, muy comprometido con la Iglesia, quien ha recibido toda clase de amenazas por el Ministerio del Interior, entre las que figuran la cárcel. Curiosamente, cuando se busca en Google sobre este tema tan sensible del Sr. Valdés Hernández, todas las direcciones están bloqueadas en Cuba. “Este sitio no puede proporcionar una conexión segura”, dice el aviso. Igualmente sucede con redes sociales de entretenimiento, como la red social de origen chino TikTok o RTVE Play.

El 17 de septiembre de 1961, ¡triste fecha para la Iglesia en Cuba!, se dio la expulsión de muchos religiosos en el barco Covadonga, que, anclado en el Puerto de La Habana, se disponía a zarpar rumbo al Reino de España. Fueron expulsados de Cuba por el régimen comunista de Fidel Castro 131 sacerdotes, entregados con odio de muerte y sangre por los milicianos. Cuando zarpaban, entonaron jubilosos el himno “Tu reinarás”. Y para otros, meses antes de esa fatídica fecha, hubo cárcel. Fueron encarcelados los monseñores Evelio Díaz Cía, llamado “el arzobispo mártir” de La Habana, y el auxiliar Eduardo Boza Masvidal, quien fue obligado a dejar su patria en el Covadonga. Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas recibieron casa por cárcel, custodiados por los milicianos. Tiempo después de aquella fecha de 1961, sacerdotes y religiosos vivieron en pánico.

A principios de los años de 1970, la mayoría de las órdenes y congregaciones religiosas ya habían abandonado Cuba, entre los que figuraban nuestros misioneros redentoristas, quienes dejaron tras de sí años de trabajo apostólico y sacramental, además de su casa, en el Reparto Alturas del Vedado, entre la calle 26 y 32. También, abandonaron el Santuario Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Segunda fundación redentorista

En 1991, a raíz del derrumbe de la Unión Soviética, el gobierno de Fidel Castro bajó su bandera de opresión en contra de la Iglesia al permitir la entrada a algunas congregaciones religiosas. La visita histórica de san Juan Pablo II en 1998, en la cual pidió que ´Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba´, ayudó para que congregaciones religiosas que antes habían estado trabajando apostólicamente en la isla continuaran su apostolado interrumpido por más de cuarenta años. Es así como los redentoristas aprovechan esa coyuntura sociopolítica para predicar la redención copiosa en la Cuba del siervo de Dios Félix Varela, de la novelista Gertrudis Gómez de Avellaneda y del poeta José Martí.

La República insular de Cuba abre nuevamente sus puertas a los misioneros redentoristas. El 21 de mayo de 2001, regresan los misioneros redentoristas a la mayor de las Antillas a predicar la redención copiosa. La viceprovincia de Asunción, Paraguay, envió misioneros para la segunda fundación. Llegan con el corazón henchido de gozo a la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores y San Nicolás de Bari, situada en la ciudad de Nueva Gerona, en la Isla de la Juventud, antes conocida como Isla de Pinos, la cual es la quinta en extensión del archipiélago de las Antillas Mayores.

Abrimos el libro de Crónica Isla de la Juventud 2001-2006, con sus “lagos, lagunas y mares”, para conocer los orígenes de la segunda fundación. Los actores principales para la segunda fundación fueron el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, quien dejó una estela luminosa en la arquidiócesis de San Cristóbal de la Habana; recibió en su haber a tres papas que visitaron la isla de Cuba: san Juan Pablo II (del 21 al 25 de enero de 1998), Benedicto XVI (marzo de 2012) y Francisco (septiembre de 2015). Y el segundo, es el cardenal Joseph William Tobin, arzobispo de Newark, quien era entonces el padre general de la Congregación del Santísimo Redentor.

Colaboraron para la segunda fundación con espíritu ardoroso apostólico y misionero, con un gran sentido de la misión, los reverendos padres Francisco Cano y Enrique López, viceprovinciales de las viceprovincias de Pilar y Asunción, respectivamente. El lunes 21 de mayo de 2001, a las 8:30 a. m., los padres Felipe Martínez y Pedro Sanabria aterrizaron en el Aeropuerto Internacional José Martí, en La Habana. Al medio día, en el almuerzo, estando reunido el clero arquidiocesano de La Habana, con presencia del canciller y el obispo auxiliar, Mons. Salvador Riverón Cortina, les dieron la más cordial de las bienvenidas fraternas.

El 22 de mayo, los padres Martínez y Sanabria coinciden con el padre Enrique López y se disponen a visitar La Habana Vieja. Al día siguiente, el padre Jesús López, párroco de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y San Nicolás de Bari en la Isla de la Juventud, y los tres misioneros redentoristas recién llegados, viajaron a la isla. En Nueva Gerona, capital de la isla, con una mañana lluviosa, los redentoristas son recibidos por un grupo de fieles que cantaban y portaban un bello cuadro de la Virgen del Perpetuo Socorro. Ella siempre nos precede. A las veinte horas de ese día, el padre Enrique López presidió la eucaristía con la asistencia de alrededor de treinta personas.

El año 2001 fue para los misioneros de reconocimiento y organización de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y San Nicolás de Bari. Lo hicieron desde Nueva Gerona, como centro de operaciones apostólicas, hacia Santa Fe y Demajagua, lugares que ellos iban a dirigir pastoralmente. Sostuvieron reuniones con fieles comprometidos, discutieron deliberadamente el proyecto para la adquisición de un vehículo, para lo cual pidieron ayuda al señor cardenal Jaime Ortega. La adquisición del vehículo se tornó un tanto difícil, lo que obligó a nuestros misioneros a realizar varios viajes a La Habana, los cuales aprovechaban para descansar y legalizar su estatus migratorio. Asistían con la participación debida a las reuniones del clero y vida consagrada. En esos primeros meses en la isla, recibieron la visita de la jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido, Caridad del Rosario Diego Bello, y de Jorge Luis Domínguez, encargado de esa oficina en la Isla de la Juventud. El Partido Comunista de Cuba (partido político marxista-leninista, fundado en 1965 por Fidel Castro Ruz).

Algo que mantuvo muy animados a los misioneros fue el hecho de estar en contacto con su viceprovincia de Asunción, a través de llamadas telefónicas y telefacsímil, además del apoyo que recibieron del entonces padre general de la congregación y la cercanía fraterna del padre Enrique López. Todo esto fue para nuestros misioneros paraguayos de gran apoyo espiritual y moral. Con sus pros y contras, nuestros misioneros predicaron ardorosamente la redención copiosa de Jesucristo, Nuestro Señor. Con la llegada de ellos a la Isla de la Juventud se abrían de par en par, por segunda vez en Cuba, las puertas a la Congregación del Santísimo Redentor.

Del 2003 al 2006, parte del espacio y tiempo que recoge el primer libro de las crónicas de la Isla de la Juventud, el trabajo que realizaron los redentoristas y los escollos que superaron, lo desarrollaron con ahínco y dinamismo apostólico en la celebración de las eucaristías, horas santas, confesiones, dirección espiritual o consejería, funerales, bodas, bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, organización pastoral (catequesis, pastoral carcelaria y sacramental), misiones populares, las cuales fueron apoyadas por misioneros religiosos y laicos de Paraguay, cursos bíblicos, encuentros con grupos parroquiales, talleres, ejercicios espirituales, retiros, clases de Filosofía, acompañamiento a la Legión de María, visita a las familias, novenas, celebraciones de nuestros santos y beatos redentoristas, de la patrona de Cuba, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, y de santos con gran arraigo popular en Cuba, como santa Bárbara y san Lázaro, el de la parábola, claro está.

Enfrentaron diversos fenómenos naturales como, por ejemplo, fuertes lluvias y vientos, las temporadas de tormentas o ciclones, la marea oceánica y hasta meteoritos, narra el cronista. Para uno de los ciclones que afectó la isla, los redentoristas se organizaron y auxiliaron a los damnificados con donaciones de alimentos, frazadas y otros productos y artículos no perecederos. Pero no solamente enfrentaron con valentía las inclemencias del tiempo, sino las “inclemencias” del ser humano, de algunos feligreses, como incomprensiones, amenazas, calumnias y agresiones verbales y hasta físicas.

En ese tiempo, recibieron la visita de los viceprovinciales Enrique López y Francisco Cano, como también la del entonces consejero general, Noel Londoño, (hoy obispo de la diócesis de Jericó, en Colombia). Fueron visitados por cohermanos de las dos viceprovincias de Paraguay, de las provincias de Bogotá y San Juan. Uno de los visitantes más ilustres, como lo refiere el cronista, fue el entonces padre general, Joseph William Tobin. No hay mejor espaldarazo para un misionero en un lugar de misión tan difícil como lo es Cuba que contar, de verdad, con tus superiores y cohermanos, saber que te acompañan con su cercanía fraterna y a través de la oración, para que se cumpla en nosotros de verdad, el oremus pro invicem, y no una falsa y etérea fraternidad…

El apostolado de los hijos de san Alfonso en la otrora Isla de Pinos ha sido muy intenso. Son tres los centros de intensa actividad en la isla: Nueva Gerona, Majagua (Capilla Santa Bárbara) y Santa Fe (Capilla Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, antes Santa Marta, en honor a Marta Fernández Miranda de Batista, segunda esposa de Fulgencio Batista). Estos centros de apostolado conforman la amada parroquia Nuestra Señora de los Dolores y San Nicolás de Bari.

En el seno de la parroquia hay alrededor de veinte comunidades rurales, de las cuales once son atendidas con corazón de madre por las Misioneras de la Caridad. Uno de estos poblados es el de Cocodrilo, al sur de Isla de la Juventud que, según la superiora provincial de las misioneras, la hermana Fátima Díaz, requiere de mucha atención pastoral y espiritual. Las hijas de santa Teresa de Calcuta, santa muy amada en la cristiandad católica, han hecho presencia misericordiosa en la Isla de la Juventud. Estas misioneras están en varias ciudades en Cuba: La Habana, Pinar del Río, Cárdenas, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Las Tunas, Bayamo, Santiago de Cuba, Guantánamo e Isla de la Juventud. La labor de estas misioneras es incansable, realizan con mucho ahínco las obras de misericordia, como lo hizo la santa de Calcuta.

La presencia en Cuba de las misioneras comenzó en 1986. Durante su visita a Cuba, santa Teresa de Calcuta sostuvo un encuentro con Fidel Castro Ruz, a quien corrigió y regaló una imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa. “Es usted un producto finísimo del marxismo leninismo porque le ha dado todo a los pobres”, le dijo el dictador, a lo que ella contestó: “A los pobres no. ¡Por amor a Dios!”. Alguien comentó este suceso, citando al evangelista que antes había sido publicano: “No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen” (Mateo 7, 6). Me pregunto, ¿le echó santa Teresa de Calcuta perlas a los cerdos, regalándole al dictador una imagen de la Virgen Santísima? Juzgue usted, amable y paciente lector. Lo cierto es que la labor de las misioneras ha sido fructífera, muy fructífera.

Misioneros redentoristas que han trabajado en la Isla de la Juventud, sin orden de llegada y respectiva fecha: PP. Felipe Martínez y Pedro Sanabria, iniciadores de la misión en la isla, Ramón Valdez, Miguel Ángel “Miki”, César Báez Amarilla, Sergio Cámpara, Walter Eduardo Hidalgo García, Junior Mondelice, Nelson Acosta, Mario Alonso Ceballo Cartagena, Óscar Eduardo Rojas Paniagua, Roger Martínez, Cristian Gerardo Garro Araya, Edwin Alejandro Araya Zúniga, Máximo de los Santos Otaño y Óscar Mauricio Vargas O.

De 2001 a 2024, la lista de misioneros redentoristas que han llegado a trabajar a Cuba ha sido extensa, gracias a Dios. Unos han ido a trabajar a la Isla de la Juventud, otros, a La Habana. Y en el lapso de estos veinticuatro años de la segunda fundación, por razones y necesidades pastorales, no siempre se quedaron permanentemente en un lugar. De la Isla de la Juventud viajaban a La Habana para suplir a algún cohermano en el trabajo misionero, y de esta ciudad a la isla con el mismo fin. En las crónicas se lee que un misionero tuvo que ser trasladado de un lugar a otro para cubrir el trabajo de la misión varias veces.

Tercera fundación redentorista en Cuba y el trabajo que realizan en la actualidad

Los misioneros redentoristas llegan a Regla, La Habana, desde la Isla de la Juventud. El 25 de septiembre de 2005, a las diez de la mañana, el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, arzobispo de San Cristóbal de La Habana, creó la parroquia Santo Cristo Redentor, antiguamente Capilla Santo Cristo de Limpias, filial de la parroquia y Santuario de Nuestra Señora de Regla. La otrora capilla de Limpias fue bendecida por S.E.R. cardenal Manuel Arteaga Betancourt, el 10 de julio de 1955, a las cinco de la tarde.

En la eucaristía que presidió el señor cardenal Jaime Ortega, aquel 25 de septiembre, le hizo entrega de la nueva parroquia a los misioneros redentoristas. Instaló como primer cura párroco al R.P. Felipe Martínez Aquino, de nacionalidad paraguaya. A partir de esa fecha memorable, el municipio de Regla se ha convertido hasta hoy en el campo apostólico de los hijos de san Alfonso María Ligorio.

¿Cómo es el municipio de Regla? Es un lugar con mucha historia. Uno de los quince municipios de la provincia de La Habana, Cuba, es este municipio. Si nos remontamos a los siglos XVI y XVII, encontraremos los orígenes de este periférico municipio, cuyo nombre autóctono es Guaicanamar, que significa “frente al mar”, pues está ante la bellísima bahía de La Habana, espejo donde se mira la “Llave del Nuevo Mundo y antemural de la Indias Occidentales”.

Según los historiadores, en 1573 ya se conocía la existencia de un caserío de indios, el cual pertenecía al cacicazgo indio de Guanabacoa. Como surgimiento u origen del pueblo ultramarino de Regla, se toma como marco de referencia el 27 de febrero de 1517, cuando le fueron otorgadas las tierras a don Diego Miranda, donde hoy se levanta el santuario de Regla.

Regla es el municipio sin hospital. Cuenta con una gran riqueza cultural popular, así lo reflejan sus símbolos municipales: escudo y monumentos nacionales. Entre ellos se destacan su bello Palacio Municipal y el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla, templo de grandes valores históricos y socioculturales, hito luminoso del municipio.

El poblado de Regla está al este de la bahía de La Habana. Al norte limita con el barrio de Casablanca; al sur y al este con Guanabacoa, mientras que al oeste con la bahía. El municipio de Regla tiene su amplio malecón y mirador. El escritor cubano Alejo Carpentier y Valmont, autor de El siglo de las luces, en sus crónicas llamó a Regla la “ciudad mágica”. Escribió: “Por cinco centavos una lancha con atribuciones de alfombra mágica puede llevarnos a Regla, la ciudad del misterio, donde reina constantemente una atmósfera de prodigio”.

El municipio de Regla está presente en todas las artes: pintura, escultura, arquitectura, música, danza, literatura y cine; y ha dado a Cuba entera hombres y mujeres que se han destacado en estas bellas artes. Jóvenes brillantes que se han destacado en una o varias de estas disciplinas y que se sienten orgullosos de ser reglanos. El joven escritor reglano, Enzzo Hernández Hernández, autor de la novela Ghosting: Una historia de fantasmas, expresaba con estas sentidas palabras su relación con el poblado que lo vio nacer:

Quienes hemos nacido en Regla y somos conscientes de su historia y costumbres, sentimos un profundo arraigo hacia esta diminuta península. Mucho se ha hablado del carácter ultramarino del pueblo, de la cultura de su gente y sus originarias tradiciones espirituales y religiosas, pero es un lugar tan fascinante que nos sorprende siempre.

Al caminar por las calles de Regla, podemos ver casas de madera de más de cien años de existencia que ven pasar el tiempo, muy parecidas a las casas de madera que se ven en aquellas antiguas películas del Oeste, del parque temático Oasys MiniHollywood (provincia de Almería, España). También las hay de mampostería y, por supuesto, de clásica y de gran belleza arquitectónica. ¡Realmente son bellísimas y de buen ver! Se pueden observar en sus calles curiosos ´carricoches´ halados por dos caballos y pequeños promontorios de heno en algunas esquinas. En el corazón del municipio están el parque Guaicanamar, el Cine-Teatro Regla y el edificio de la sede del Gobierno Municipal. Otros lugares importantes para los reglanos son el Museo Municipal Eduardo “Gómez Luaces”, el parque Julio Antonio Mella, conocido como “Lamandarria”, ubicado en Benito Anido, cerca de la Notaría Regla y Parque Infantil La Esperanza, entre otros.

Y cómo no mencionar sus famosas calles, en las que a izquierda y derecha se asoman las populares “mesitas”, donde se puede adquirir desde un pequeño tornillo a un material de construcción. Este es el pueblo donde tiene su trono la Beatísima Virgen María de Regla.

Cuando los redentoristas llegaron a la nueva parroquia de Santo Cristo Redentor en Regla, no había casa para alojarse y residir en ella como comunidad religiosa. Ante esta situación, se pusieron manos a la obra, y se reunieron con el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, para iniciar el trabajo de construcción o compra de la casa cural y, por consiguiente, de la comunidad redentorista. Para llevar a cabo el proyecto de construcción, decidieron solicitar ayuda a Adveniat y al Gobierno general de la Congregación del Santísimo Redentor. Mientras se construía la casa de la comunidad, los misioneros vivieron en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla.

No fue hasta mayo de 2011 que obtuvieron la tan deseada casa para la comunidad, la cual tuvo un costo de 3,350.00 CUC, moneda nacional de Cuba en ese tiempo. Hasta abril de 2005, la tasa de cambio fue 1 CUC = 1 USD. La vivienda fue vendida por una vecina de Regla, y hasta hoy, el recibo de consumo eléctrico sale a nombre de la Sra. Mirely Peña R. González.

Nuestros misioneros en Regla enfrentaron las vicisitudes del tiempo: superaron dificultades de todo tipo: el huracán Wilma, que a su paso dejó grandes estragos en Cuba, y otros huracanes, tormentas, mal tiempo, la situación sociopolítica, la carestía dura de la vida, las dificultades de poder llevar adelante la misión, a pesar de todo. Un suceso que impactó a la sociedad y a la Iglesia arquidiocesana en ese tiempo fue el vil asesinato del padre Mariano Arroyo, párroco del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla, cuyo móvil fue el robo. En 2009, el padre Arroyo fue apuñalado y quemado, según dijeron fuentes religiosas.

No solo enfrentaron las vicisitudes del tiempo, también recibieron visitas muy importantes para el fortalecimiento de la misión. En 2012, recibieron la fraternal visita del entonces padre general de la Congregación, el M.R.P. Michael Brehl (nombrado recientemente obispo de la diócesis de Pembroke, en Canadá), y de los padres Enrique López y Noel Londoño. En ese año, el pueblo católico de Cuba vivió días de gran bendición y gracia. Se realizó la peregrinación nacional de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, que organizó la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. La sagrada imagen de la Virgen de la Caridad recorrió el país con motivo del 400 aniversario de su hallazgo en la Bahía de Nipe, en 1612. La imagen que peregrinó es conocida como la "Virgen Mambisa", que estuvo muy ligada a las luchas por la independencia en Cuba.

Misioneros redentoristas que han vivido en Regla y Guanabacoa entre los años de 2005 hasta 2024. Figuran los siguientes misioneros redentoristas, sin orden de llegada y fecha respectiva a La Habana: padres Felipe Martínez, primer párroco redentorista de la parroquia de Santo Cristo de Regla; José Pablo Patiño, César Gustavo Báez Amarilla, Hipólito Vicens Vicens, Jorge Carlos Espinoza, Alexander Guerreo, Félix Antonio Lujano, Adelmo Vargas (primer redentorista encargado de la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en Guanabacoa), César Noboa, Óscar Eduardo Rojas Paniagua, Hno. Hilario Gutiérrez, José Francisco García Narváez, Gabriel Tarazona, Wilson Efrén Duarte Granados, Fulgencio Guerrero Castillo, Mairon Miguel Rodríguez Ch., Bosco José Rodríguez Alvarado y José Manuel Araya Chavarría.

El trabajo apostólico que realizó el padre Fulgencio Guerrero Castillo en La Habana, en las dos parroquias, Santo Cristo Redentor y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, fue encomiable. Desde estas dos parroquias atendió cinco capillas y una casa de misión. Celebraba la eucaristía a las Misioneras de la Caridad (en Casablanca, barrio situado al este de la entrada al Puerto de La Habana) e Hijas de María Auxiliadora (en el poblado de Peñalver).

Visitaba con frecuencia a los enfermos, lo hacía muchas veces en bicicleta. Mención especial merecen los juniores Mairon Miguel Rodríguez Ch. y Óscar Mauricio Vargas O., quienes realizaron un trabajo digno de alabanza y agradecimiento. Rodríguez y Vargas colaboraron con el padre Fulgencio Guerrero Castillo en La Habana, y el padre Máximo de los Santos Otaño, en la Isla de la Juventud, con un trabajo pastoral impecable. Algunos misioneros que hemos mencionado en la segunda fundación redentorista trabajaron un quinquenio en La Habana e Isla de la Juventud; otros, menos tiempo, y otros llegaron para suplir a un cohermano que se encontraba de vacaciones. Hay algunos cohermanos que pasaron por la isla como estrellas fugaces…

En esos años de fructífero apostolado, surgieron jóvenes que se sintieron llamados por Dios para seguir de cerca a Jesús Santísimo Redentor en la Congregación fundada por san Alfonso María de Ligorio. Gracias a la labor realizada por los redentoristas en la pastoral vocacional, un primer grupo de jóvenes sintieron el llamado. Los nombres de los vocacionados son: Leandro, José Ernesto, Yasmani, Junior A. César Rodríguez, Yadiel López Pool, Alexis O. Martínez, Lisbany Pérez González, Alfredo Rojas y Eladio Rodríguez, quien profesó en la congregación con el nombre de Eladio Manuel Sagrado Corazón Rodríguez de Villa, desde 2014 hasta marzo de 2015, cuando la abandonó. El cronista no nos consigna el apellido de los tres primeros aspirantes citados en este párrafo. Ninguno de los jóvenes perseveró en su llamado a vivir el estilo de vida de los redentoristas en la congregación.

El Año Nuevo 2014 trajo a los misioneros redentoristas en Cuba aires de esperanza y un espíritu renovador para la misión. En enero de ese año se celebró el primer encuentro de misioneros redentoristas de La Habana e Isla de la Juventud. Participaron en aquella reunión los PP. Ronald R. Veliz, Jorge Carlos Eugenio, Hipólito Vicens Vicens y Adelmo Vargas. Entre los objetivos de aquella reunión fue dar gracias a Dios por la profesión religiosa del primer cubano, el joven Eladio Rodríguez, a quien hemos mencionado en el párrafo de anterior. En el encuentro se programó toda la actividad apostólica para el año 2014 y, por ende, la marcha de la vida comunitaria.

Es sumamente importante, sustancial y vital que el misionero se sienta bien en comunidad, que viva en comunidad, pues profesó para vivir los consejos evangélicos en comunidad. No es aconsejable que un misionero viva solo. El redentorista no profesó para vivir solo, eso está claramente expresado en nuestras Constituciones y Estatutos (026-041). Es de mucha enjundia que los superiores mayores relean y tomen en cuenta siempre estos estatutos a la hora de nombrar con un nuevo destino a los misioneros.

La actividad pastoral de los redentoristas en Regla hasta el año 2020 la realizaron en los diferentes servicios, como, por ejemplo, eucaristías, misas de difuntos, encuentros parroquiales, semanas santas, rosarios, novenas, triduos, catequesis para niños, jóvenes y adultos, formación a laicos y religiosos, conferencias, clases en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, talleres, cursos bíblicos, consejería o dirección espiritual, cuarenta horas a Jesús Sacramentado, ejercicios espirituales, retiros, reuniones de clero y de religiosos.

Es importante anotar que si en la Isla de la Juventud los redentoristas cuentan con la ayuda en la pastoral de las Misioneras de la Caridad; en Regla, La Habana, cuentan con el apoyo pastoral y fraterno de las Hermanas del Amor de Dios. Congregación fundada en España en 1864 por el sacerdote Mariano Nicomedes Usera y Alarcón, conocido popularmente como el Padre Usera, quien vivió en Cuba y falleció el 17 de mayo de 1891 en La Habana, fue sepultado en la Necrópolis Cristóbal Colón (La Habana), y en 1925 sus restos fueron trasladados desde Cuba hasta la casa fundacional de Toro (Zamora), España. Su herencia fue el testimonio de su vida ejemplar y la espiritualidad que transmitió a las instituciones por él fundadas, escribe su biógrafo. Este instituto religioso hoy está extendido por todo el mundo, y su carisma se centra en la enseñanza y en la ayuda a los más necesitados. El Padre Usera fue reconocido como venerable por san Juan Pablo II el 28 de junio de 1999.

La Congregación de las Hermanas del Amor de Dios ha dejado en Cuba una estela luminosa en el quehacer pastoral educativo, así lo recogen varios libros de la historia de la Iglesia en Cuba. En el municipio de Regla tienen una de sus comunidades, la Guardería “Padre Usera”. Desde este sitio viven su carisma fundacional, y atienden pastoralmente la Capilla San José, de la parroquia Santo Cristo Redentor. Mención especial hace quien les escribe estas líneas al amable y paciente lector, de la cercanía de una sus queridas hermanas, la dominicana sor Bernardina Montero M., religiosa muy apreciada entre los reglanos católicos, misionera y muy conocedora de la realidad que se vive en Cuba.

Como ya se ha señalado, en esos años los redentoristas celebraron reuniones muy importantes por y para la misión. En 2010, los superiores mayores de la URNALC (Unión de Redentoristas del Norte de América Latina y el Caribe), verdadero kairós para nuestras provincias, se reunieron en La Habana para tratar asuntos de la región redentorista y fortalecer la misión en Cuba. En ese memorable encuentro, se dieron cita los padres Enrique López, vicario general; Arturo López, provincial de México y coordinador de la URNALC; Eric Pérez, provincial de Caracas; Felipe Santiago, provincial de San Juan; Rafael Nieto, provincial de Quito; Rafael Prada, provincial de Bogotá; Adonaïe Jean Juste, región de Puerto Príncipe; Luis Rodrigues, provincial de São Paulo, Brasil; Pedro Irizar, provincia de Santiago de Chile, y José Manuel Araya Chavarría, viceprovincial de América Central. Esta no fue la única vez que los superiores mayores de la URNALC eligieron Cuba para reunirse.

Aquella memorable reunión de los superiores mayores de la URNALC dio los frutos esperados. En 2011, continuó la misión conformada por un equipo redentorista interprovincial. Lo conformaron redentoristas de las unidades de Perú, Ecuador, Colombia, México, Puerto Rico y América Central. Así se cerró un capítulo de la misión en Cuba llevada a cabo por los misioneros de Paraguay, quienes estuvieron en Cuba entre 2005 y 2010. Los redentoristas paraguayos fueron los iniciadores de la segunda fundación en la Cuba de Martí. La Congregación del Santísimo Redentor y la Iglesia en Cuba están muy agradecidas por su encomiable labor apostólica al predicar la copiosa redención.

De Regla a Guanabacoa: parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en el municipio de Guanabacoa. En 2014, se le confía a la congregación en la persona del R. P. Adelmo Vargas Medina el cuidado pastoral de la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (Guanabacoa), la cual tenía un año de no tener cura de almas. Se le pide al padre Vargas continuar el trabajo realizado por Mons. Ramón Suárez Polcari, actual canciller de la arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana y párroco de la parroquia Espíritu Santo. La pastoral que encontró nuestro misionero fue una pastoral sacramental de conservación. El encargo al padre Adelmo era de forma interina, pues se esperaba la llegada de los sacerdotes de la Sociedad del Apostolado Católico o padres palotinos de Polonia. Los padres no llegaron… y el tiempo de forma interina se ha extendido hasta la actualidad…

La casa donde han residido los misioneros redentoristas en Guanabacoa era antiguamente la capilla del Colegio “La Milagrosa” (hoy Escuela Secundaria Básica Urbana Jesús Lancha Conesa, pedagogo vinculado al tristísimo y funesto Movimiento Revolucionario 26-7). A una parte de la capilla se le acondicionó como casa cural, para ser residencia de los sacerdotes. La habitación que hoy ocupa el sacerdote encargado de la parroquia era antes el coro de la capilla del colegio. Este colegio, antes de la revolución de 1959, junto a dos centros educativos católicos de la época, a saber: Colegio de las Escuelas Pías de Guanabacoa (hoy Complejo Educacional "Jesús Garay León"), Colegio “Don Bosco” (después de 1959, Conservatorio Guillermo M. Tomás), fueron los tres colegios emblemáticos del municipio de Guanabacoa.

Tristemente y con mucho dolor, hay que decir que el estado de estos edificios en la actualidad, que albergaban aquellas otrora instituciones tan insignes, se encuentran en estado deplorable, casi en ruinas. A esto hay que agregar que la educación que reciben hoy los jóvenes y niños en tales centros no es la mejor. No se basa en un método científico, donde los alumnos aprendan no solo a pensar, sino también a actuar, a tener pensamiento crítico. La imagen que el régimen de Cuba proyecta al mundo acerca de la educación y sanidad es otra, muy distinta a la realidad. La Orden de los Clérigos Regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y los padres de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales fueron obligados a abandonar sus colegios, su obra, trabajo y entrega generosa que con tanto sacrificio habían realizado por el bien de la niñez y juventud de Guanabacoa y Regla, brindando una educación de calidad.

Amable lector, volvamos al tema de la casa donde han residido los misioneros redentoristas en Guanabacoa, que era antiguamente la capilla del Colegio “La Milagrosa”. La parte de la capilla que no fue acondicionada es ahora el templo parroquial de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, erigida como parroquia en 1997 por el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, la cual se desmembró de la histórica parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa. En la ceremonia de erección e instalación se nombró primer párroco al padre Jorge Enrique Serpa Pérez, hoy obispo emérito de la diócesis de Pinar del Río, quien estuvo muchos años fuera de Cuba, desde 1968 a mediados de los 1990, debido a que el régimen cubano no le permitió regresar a Cuba.

¿Cómo es el pueblo de Guanabacoa? Este es uno de los municipios más importantes de la provincia de La Habana, Cuba. Su toponimia hunde sus raíces en la lengua taína, en la cual significa “tierra de ríos y lomas”, por su abundante hidrografía y topografía. En su tierra ondulada surcan los ríos de Cojimar, Bacuranao, Tarará, Itabo y el Boca Ciega. Desde su fundación el 12 de junio de 1554, recibió el nombre de Pueblo de Indios. Este lugar también es conocido como «la villa de Pepe Antonio», por el alcalde mayor de la villa, José Nicolás Antonio Gómez y Pérez de Bullones, quien la defendió en el conflicto de la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Fue el rey Felipe V, “el Animoso”, quien en 1743 le otorgó a Guanabacoa el título oficial de Real Villa de la Asunción. Sus primeros pobladores eran aborígenes, excepto el sacerdote fray Alonso de Ulloa, de la Orden de Predicadores.

El municipio de Guanabacoa cuenta con instituciones civiles y religiosas insignes, como la Casa de la Cultura “Rita Montaner” (antiguo Liceo Artístico y Literario de Guanabacoa), Museo Municipal de Guanabacoa (antigua “Casa de las Camareras de la Virgen de la Asunción”), Casa de la Trova, Cine-Teatro Carral, Museo Municipal de Guanabacoa, Escuela de Música “Guillermo Tomás” (antiguo Colegio “San Juan Bosco”), la “Casa de las Cadenas” (1724), Convento de Santo Domingo de Guzmán y San Francisco, Iglesia Parroquial Mayor de Nuestra Señora de la Asunción, Iglesia de San Antonio de Padua (desde 1971 rebautizada Iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús) y la Ermita de la Inmaculada Concepción y Santo Cristo de Potosí. Esta ermita cumplió recientemente 380 años de culto. Según los historiadores locales, dicha ermita es la obra arquitectónica más antigua de Guanabacoa.

En cuanto a su arquitectura, algunos de estos edificios se han mantenido en pie a lo largo del tiempo como testigos silenciosos del devenir histórico. Con profundo dolor y tristeza, hay que decir que varias de estas edificaciones se encuentran abandonadas, cubiertas de polvo, mientras el incontenible paso de los años borra el esplendor de lo que fueron en su momento. Algunos de estos históricos edificios presentan elementos de la arquitectura mudéjar, de raíces árabes.

Como toda ciudad o municipio, Guanabacoa cuenta con sitios emblemáticos: la Loma de la Cruz, los Manantiales de La Cotorra, Parque Central “José Martí”, Parque de la República (antigua Plaza de Armas), la Plaza del Mercado, la Galería de Arte “Concha Ferrant” y la galería “Corralfalso 259”, monumento a Miguel F. Viondi y Vera, Cementerio Judío de Guanabacoa y el Cementerio Municipal de Peñalver.

La fiesta religiosa más importante y la más antigua de Guanabacoa es en honor a la Bienaventurada Virgen María en su Asunción gloriosa en cuerpo y alma a los cielos, solemnidad que la Iglesia católica celebra el 15 de agosto. Los guanabacoenses invocan cariñosamente a la Virgen María de la Asunción como “La Tutelar”. Hay otras dos fiestas marianas que se celebran con gran devoción a la Virgen María en Guanabacoa: Nuestra Señora de los Dolores (pueblo de Barreras) y Nuestra Señora de Guadalupe (Peñalver-Bacuranao), fiestas que se celebran el 15 de septiembre y 12 de diciembre, respectivamente.

En 2014, año vocacional, los misioneros redentoristas se propusieron dos metas: reforzar el espíritu de la reestructuración y acompañar a los jóvenes aspirantes y futuros postulantes. Para ello, la programación de ese año fue fortalecer la comunidad en los siguientes puntos: vacaciones, retiros espirituales y reuniones y días libres. La pastoral la organizaron para asumir la liturgia de los sacramentos, catequesis prebautismal, pastoral juvenil y consejo pastoral en las parroquias Santo Cristo Redentor y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, esta parroquia se les confió a los redentoristas este año, como hemos anotado más arriba. La pastoral que se llevó a cabo en las dos parroquias fue una pastoral conjunta. Además del trabajo que realizaron los redentoristas en las parroquias de Regla y Guanabacoa, a partir del año 2014, a ellos se les encomendó el cuidado pastoral de las comunidades de Arango, Minas y Bacuranao, que hasta el año 2024 son acompañadas por los hijos de san Alfonso. Estas comunidades, como hemos anotado, pertenecen a la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en Barreras, pueblo situado cerca de la aldea de Minas y La Gallega.

Avanzado el año 2014, los padres de la congregación fundada por san Vicente Pallotti no pudieron hacerse cargo de la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en Guanabacoa, pues finalmente no llegaron. Ante esta situación, el cardenal Jaime Ortega y Alamino se reunió con la comunidad redentorista para solicitarles que asumieran oficialmente dicha parroquia.

El padre Hipólito Vicens Vicens, director de la misión en Cuba, comunicó esta petición a los superiores de la URNALC y, tras escuchar su parecer, la transmitió al R.P. Manuel Cruz Meza, provincial de la Provincia de América Central. La respuesta de los superiores de la URNALC, expresada por medio del padre Manuel Cruz Meza, fue positiva. Una vez consensuado el tema, los redentoristas asumieron oficialmente la amada parroquia de la Medalla Milagrosa.

En noviembre de 2014, en el contexto de las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, los redentoristas organizaron una misión, denominada “de puerta a puerta”. Visitaron a las familias católicas y a los enfermos. Durante la novena en honor a la Virgen de la Medalla Milagrosa, participaron 41 misioneros. Esta misión marcó un antes y un después en la vida de los redentoristas y fieles de las dos parroquias regentadas por los misioneros de la alegría.

En 2016 la arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana vive un cambio de servicios pastorales: el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino dimitió por sobrepasar la edad de 75 años, tal y como establece el Código de Derecho Canónico, y es nombrado nuevo arzobispo de La Habana Juan de la Caridad García Rodríguez, proclamado cardenal de la Iglesia el 5 de octubre de 2019 por el papa Francisco. El cardenal Jaime Ortega fue figura clave en las excarcelaciones de presos políticos, lo que llamaron en su momento “el deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos”.

En marzo de 2016, el presidente Barack Obama se convirtió en el primer presidente de los Estados Unidos en visitar Cuba desde 1928, cuando lo hizo el presidente John Calvin Coolidge Jr. La visita de Obama fue calificada por Otto Juan Reich (nacido en La Habana) con esta sentencia: “La política de Obama no ha empoderado al pueblo de Cuba, ha empoderado a la familia Castro”. Reich se desempeñó como embajador en Venezuela durante las administraciones de Ronald Reagan y George H. W. Bush, y como subsecretario de Estado.

El cardenal Ortega fue un gran mediador y orador. Sus homilías eran seguidas por propios y ajenos. Su presencia era de tal magnitud que supo lidiar con altos dirigentes del régimen castrista, como en otros tiempos lo hizo en mi amada Nicaragua, antes de 2007, el cardenal Miguel Obando y Bravo, con quien fue comparado muchas veces por cubanos en el exilio. El periódico El País destacó su fallecimiento con estas palabras: “El cardenal Ortega, un hombre de diálogo. Era ecuánime en sus juicios y conocía las luces y sombras de su país, pero eso no le impedía ignorar las presiones y condenar el embargo y el bloqueo”.

Acerca del cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez hemos de decir que es un hombre con corazón de pastor, sencillo y muy sensible a las necesidades de su rebaño, al que conoce muy bien. Llama la atención que la feligresía de La Habana no le dice “Señor cardenal” ni “eminencia reverendísima”; la feligresía le llama “monseñor Juan” o “padre Juan”. Ha sido muy cercano a los misioneros redentoristas en la Isla de la Juventud y La Habana. Visita con frecuencia las parroquias regentadas por los hijos de san Alfonso, ayudándolos con las eucaristías y demás sacramentos. Al padre Bosco José Rodríguez Alvarado, quien estuvo solo en la misión casi un año en Regla y Guanabacoa, le ayudó muchas veces con las misas en los campos de Arango, Minas y Bacuranao.

Pero no quitemos el dedo del renglón de nuestras crónicas, sigamos con atención lo que nos narran. Hay una lagunas, lagos y mares en ellas, entre 2015-2017. Son varias páginas en blanco que se repasan. Retoman su escritura en septiembre de 2018, pero se interrumpe el 10 de 2020, y se vuelve a escribir el 5 de abril de 2021, un año después, y luego, punto final…

En las crónicas de 2015, en pocas líneas, leemos acerca del regreso del P. Hipólito Vicens Vicens a su provincia de San Juan para servir como responsable de la pastoral juvenil y vocacional. El padre Vicens dejó la misión con mucho dolor y gran pesar. El trabajo que realizó junto a su comunidad dejó en muchos feligreses un profundo sentido de pertenencia y una identificación firmemente arraigada en el espíritu del carisma de la Congregación del Santísimo Redentor.

En 2015, las responsabilidades pastorales quedaron distribuidas de la siguiente manera: en La Habana, parroquia Santo Cristo Redentor, el padre Alexander Guerreo; en la parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, el padre Óscar Eduardo Rojas Paniagua; y en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores (Isla de la Juventud), los padres Carlos Jorge Espinoza y Junior Mondelice.

En 2018, llegaron los misioneros redentoristas colombianos, los padres Gabriel Tarazona Celi y Fulgencio Guerreo Castillo. A ambos se les encomendó el cuidado pastoral de las parroquias Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en Guanabacoa, y Santo Cristo Redentor, en Regla, respectivamente. Al año siguiente, 2019, se suma a la misión, en el mes de abril, el R.P. Máximo de los Santos Otaño, de la antigua provincia de San Juan, quien servirá en la Isla de la Juventud. Fue nombrado párroco de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y San Nicolás de Bari, y el 10 de mayo de 2022 fue nombrado como superior canónico de La Habana, se lee en el nombramiento de la URNALC. En julio de 2019, los redentoristas en Cuba recibieron la visita del R.P. Rogério Gomes, entonces consultor general (hoy padre general de la Congregación del Santísimo Redentor), y de los padres Luis Carlos Jaime Murillo, provincial de Bogotá, y Marcelo Conceição Araújo, quien era el coordinador de la Conferencia de América Latina y el Caribe.

El 2019 fue un año muy difícil para los habitantes de La Habana, con el paso de un tornado denominado EF4. La noche del 27 de enero de 2019, una columna de aire arrasó sin piedad la capital cubana. A su paso destruyó árboles y postes de electricidad, vehículos y más. Al menos ocho personas fallecieron y más de 190 resultaron heridas. La feligresía de la parroquia Santo Cristo de Regla recuerda con mucho agradecimiento el trabajo realizado por los redentoristas en la persona del padre Fulgencio Guerrero Castillo, quien diligentemente colaboró en la asistencia a familias damnificadas con alimentos, ropa y utensilios de cocina.

La pandemia de la COVID-19: antes y después en la Iglesia cubana, el impacto que tuvo

La pandemia de la COVID-19 obligó a cerrar las puertas de los templos de la Iglesia católica en todo el mundo, pero no logró cerrar las puertas de los corazones de la Iglesia doméstica. La Iglesia es la gran familia de Dios formada por muchas familias en el mundo entero. Es la Iglesia doméstica el origen y la base de las primeras comunidades cristianas y de la Iglesia universal. Los cristianos católicos del siglo XXI experimentamos vivir la fe como la vivieron los primeros cristianos que celebraban en sus casas.

San Pablo, en una de sus cartas, saluda a los cristianos reunidos en casa para celebrar su fe con estas palabras: “Saludad también a la Iglesia que se reúne en su casa. Saludad a mi querido Epéneto, primer creyente del Asia para Cristo” (Romanos 16,5). Para el apóstol de los gentiles, el hogar es el lugar donde se reúne la comunidad eclesial, en la que reside la plenitud de la Iglesia que Jesucristo fundó. Aquellos primeros cristianos aprendieron a serlo desde sus casas. Así lo leemos en el Catecismo de la Iglesia católica: “Desde sus orígenes el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, ‘con toda su casa’ habían llegado a ser creyentes” (CIC 1655).

Para la vida apostólica de la Iglesia universal de Cuba, de la Congregación del Santísimo Redentor y de los misioneros en Cuba hubo un antes y un después, claramente definido. El trabajo que realizan los redentoristas en La Habana, entre los años de 2022-2024, se centra en la atención de las parroquias Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (en Guanabacoa) y de Santo Cristo Redentor (en Regla). Desde la parroquia de la Milagrosa se atiende la Ermita de la Inmaculada Concepción y del Santo Cristo de Potosí (Cementerio Viejo de Guanabacoa), que data de 1641. En dicha ermita está sepultado el capitán de fragata, don Juan Acosta, cuyo epitafio reza así: “Pasajero que hoy me pisas, párate a considerar que has de venir a parar en ser como yo, cenizas”. Una gran verdad del misterio de la muerte. Pertenece a esta parroquia la pequeña comunidad en Reparto Mañana, la cual es una casa de misión de los padres jesuitas.

Desde la parroquia Santo Cristo Redentor se atiende la Capilla San José y la Capilla Nuestra Señora de Guadalupe, de la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. Como trabajo extraparroquial, los misioneros acompañan a las Hijas de María Auxiliadora (Casa Santa María Mazzarello, en Carretera Peñalver) y las Capillas de Nuestra Señora del Carmen (Arango), Nuestra Señora de la Caridad del Cobre (Minas) y Sagrado Corazón de Jesús (Bacuranao), municipio de Guanabacoa. Estas tres últimas capillas pertenecen a la parroquia Nuestra Señora de Los Dolores. Importante anotar en este escrito que estos tres últimos lugares en mención fueron misionados por los redentoristas en 1939, según las crónicas de 1935-1946.

El 7 de agosto del año 2023, se suma a la misión de La Habana el R.P. Bosco José Rodríguez Alvarado, de origen nicaragüense. El padre Rodríguez Alvarado llega en lugar del padre Fulgencio Guerrero Castillo, quien terminaba su tiempo misionero en Cuba. De septiembre al 1 de diciembre de ese año, le acompaña en la misión de La Habana el junior Mairon Miguel Rodríguez Ch. Y desde el 1 de diciembre de 2023 al 24 de julio de 2024, el padre Rodríguez Alvarado estuvo solo y sin vehículo al frente de las parroquias de Regla y Guanabacoa. Para poder cubrir el quehacer pastoral sacramental de estas comunidades, le apoyaron el diácono permanente diocesano Manuel Cortiza, las Hermanas del Amor de Dios y el seminarista diocesano José Luis Sánchez Escalona. El trabajo que desempeñó el padre Rodríguez no solo lo hizo en el centro de las dos parroquias y sus tres comunidades, sino que lo realizó en las comunidades extraparroquiales de Arango, Minas y Bacuranao.

El 22 mayo de 2024, los misioneros redentoristas en Cuba, padres Máximo de los Santos Otaño (Isla de la Juventud) y Bosco José Rodríguez Alvarado (La Habana), recibieron la visita canónica del M.R.P. Thierry Raphaël, provincial de América Central y el Caribe, quien llegó con el padre José Manuel Araya Chavarría procedentes de República Dominicana. Ese día el padre Raphaël se entrevistó con S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de San Cristóbal de La Habana, en nuestra casa de Guanabacoa, lo cual culminó con una cena festiva; ya que, ese día, se adelantó la celebración del cumpleaños del padre José Araya. El señor cardenal y el padre provincial trataron asuntos cruciales sobre el caminar de la misión redentorista en Cuba. El padre Thierry Raphaël permaneció en el país hasta el 31.

En el mes de julio llega a La Habana el R.P. José Manuel Araya Chavarría, quien se encontraba en la Isla de la Juventud, ayudando al padre Máximo de los Santos. El padre José Araya Chavarría reemplaza al padre Bosco José Rodríguez Alvarado, quien el 7 de agosto viajó a Costa Rica.

El padre Bosco José Rodríguez Alvarado, en el lapso de un año en que él estuvo en la misión de La Habana, realizó los siguientes trabajos apostólicos: eucaristías, misas de difuntos, unción de enfermos, bautizos: 105; bautizo de adulto: 1, primeras comuniones: 7; bodas: 3; confirmaciones: 7; y apenas 37 confesiones, y se visitó a los enfermos, casa por casa. Todo se hizo no en nombre propio, sino en nombre de la Congregación del Santísimo Redentor, y particularmente, de la provincia de América Central y el Caribe Madre del Perpetuo Socorro.

 


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