La
vanidad: el pecado favorito de Satanás
Por P. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R.
Al Pacino, Keanu Reeves y una de mis
actrices favoritas, la bellísima Charlize Theron, en el año de 1997, protagonizaron
una película intitulada The Devil's
Advocate (El abogado del Diablo). Con un guion impecable, según los
críticos, la frase más memorable de la película fue esta: ´´La vanidad es, definitivamente mi pecado favorito´´. Frase
pronunciada por el ´Diablo´ (Al Pacino) al insigne abogado Kevin Lomax (Keanu Reeves).
¿Será la vanidad el pecado favorito del Diablo? La palabra griega ´diablo´
significa ´´el calumniador´´.
Varios santos, maestros de
espiritualidad y el papa Francisco han abordado el tema de la vanidad en el
cristiano como pecado grave y favorito del Diablo. El libro la Imitación de Cristo, considerado un
clásico de la espiritualidad universal, su autor más probable, el monje agustino Tomás de Kempis (siglo
XV), escribió sobre la vanidad:
Vanidad
es desear larga vida y no cuidar que sea buena. Vanidad es mirar solamente a
esta presente vida y no prever lo venidero. Vanidad es amar lo que tan presto
se pasó y no buscar con solicitud el gozo perdurable. Acuérdate frecuentemente
de aquel dicho de la Escritura: No se harta la vista de ver ni el oído de oír.
En una de sus tan apreciadas homilías,
el papa Francisco, desde el blanco ambón de la capilla de Casa de Santa Marta, en
el Vaticano, dijo lo siguiente sobre la vanidad:
La
vanidad es una enfermedad espiritual muy grave. Los cristianos que viven así
para aparentar, por la vanidad, parecen pavos, se pavonean. Se dice yo soy
cristiano, yo soy familiar de aquel cura, de aquella monja, de ese obispo, mi
familia es una familia cristiana. Se jactan. Pero ¿tu vida con el Señor? ¿Cómo
rezas? Tu vida con las obras de misericordia, ¿cómo va? ¿Visitas a los
enfermos? (…) Y la vanidad es una mentirosa, es imaginativa, se engaña a sí
misma, engaña a los vanidosos, porque primero finge que es algo, pero luego con
el tiempo llega a creerse lo que en su opinión era. Se la cree, ¡pobrecito! (…)
Pidamos al Señor la gracia de no ser vanidosos, de ser verdaderos, con la
verdad de la realidad y del Evangelio.
Si la vanidad es el pecado favorito del Diablo,
entonces hablemos de él, aunque no sea plato de buen gusto para mí. Confieso,
amable y paciente lector, que esta es la primera vez que escribo sobre este
ser… San Pablo VI, el papa de mi niñez, en la audiencia general del miércoles
15 de noviembre de 1972, hizo referencia sobre el mal en el mundo y el origen
de este:
El
mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo,
espiritual, pervertido y perversor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se
sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a
reconocer su existencia.
El Maligno en las Sagradas Escrituras
recibe varios nombres: Satanás o Satán, en hebreo: el adversario, Diablo (Mt 4,
1-11; Marcos 1,12-13 y Lc 4,1-13), ´serpiente´ (Génesis 3, 1), Lucifer (Isaías
14, 12-14), ´padre de la mentira´ (Juan 8, 44), ´serpiente antigua´ y ´el gran
dragón´ (Apocalipsis 12, 9).
El apóstol de los gentiles, el inmenso
san Pablo, llama al Maligno el ´dios de este mundo´: ´´Para los incrédulos, cuyo entendimiento cegó el dios de este mundo
para impedir que vean brillar el resplandor del Evangelio de la gloria de
Cristo, que es imagen de Dios´´ (II Corintios 4,4). Y en su carta a los
Efesios, lo llama ´príncipe de la potestad del aire´: ´´En los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este
mundo, según el Príncipe del imperio del aire, el Espíritu que actúa en los
rebeldes´´ (Efesios 2,2).
Nuestro Señor Jesucristo, hizo
referencia al Maligno en tres ocasiones, llamando a su adversario ´príncipe de
este mundo´: ´´Ahora es el juicio de este
mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera´´ (Juan 12, 31;
14, 30; 16, 11). Hay que aclarar, que no solo se trata de un solo espíritu
maligno, sino de muchos. San Pablo VI lo dice así:
Y
que se trata no de un solo Demonio, sino de muchos, diversos pasajes
evangélicos nos lo indican (cf Lc 11, 21; Mc 5, 9); pero uno es el principal:
Satanás, que quiere decir el adversario, el enemigo; y con él muchos, todas
criaturas de Dios, pero caídas –porque fueron rebeldes– y condenadas (cf DS
800-428); todo un mundo misterioso, revuelto por un drama desgraciadísimo, del
que conocemos muy poco´´.
¿Cuál es el significado de los títulos
´dios de este mundo´, ´príncipe de la potestad del aire´ y ´príncipe de este
mundo´?
El dominio del poder de Satanás no es
más grande que el dominio del infinito amor de Dios que se ha derramado como
óleo santo sobre el mundo y su creatura el hombre. El Catecismo de la Iglesia,
en el número 395, enseña lo siguiente sobre el poder del Maligno:
*El poder de Satán no es infinito;
*Satanás no es más que una
creatura;
*poderosa por ser un
espíritu puro, pero siempre creatura;
*su poder no puede impedir
la edificación del Reino de Dios;
* actúa en el mundo por odio contra Dios y
su Reino en Jesucristo;
*y aunque su acción cause
graves daños —de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza
física—en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la divina
providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y del mundo;
* El
que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero ´´nosotros
sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman´´
(Rm 8,28).
La influencia del Maligno enemigo del
cristiano en este mundo es fuerte, fortísima. Este espíritu pervertido y
pervertidor, piensa que él es más fuerte que Dios: ´´Yo me rebelé contra Dios y mostré que soy más fuerte que Él´´, le
respondió el Demonio mediante un exorcismo al padre Gabriele Amorth, quien
fuera por muchos años el exorcista principal de la gran diócesis de Roma. La
influencia del ´dios de este mundo´ sobre una persona trastoca sus dimensiones
básicas: la ética, la espiritual, la cognitiva, la afectiva, la comunicativa y
la corporal. La influencia maligna trastoca, también, el razonamiento, la capacidad
intelectual, moral y afectiva de una persona. Cuando se dice que el Maligno es
´´el príncipe de la potestad del aire´´, se quiere decir que de alguna manera
él puede gobernar a muchos ciudadanos del mundo.
Él es el enemigo sobrenatural común que
tenemos los cristianos, hijos de Dios. Uno de los objetivos de ese espíritu
maligno es apartarnos del camino que Dios nos ha propuesto mediante la santa
obediencia. El Maligno, en efecto, continúa en este siglo induciendo a muchos
hombres y mujeres a vivir como si Dios no existiera. O también, hace pensar al
hombre moderno que él no existe. El papa Francisco, en octubre del 2014, aseguró
que el Diablo sí existe. Dijo:
A
esta generación y a muchas otras se les ha hecho creer que el diablo era un
mito, una figura, una idea, la idea del mal ¡pero el diablo existe y nosotros
debemos combatir contra él! ¡Lo dice San Pablo, no lo digo yo! ¡Lo dice la
Palabra de Dios! El diablo es mentiroso, es el padre de los mentirosos, el
padre de la mentira´´.
Y en noviembre del 2016, volvió a tocar
el tema del Maligno, con una frase contundente que a muchos se les quedó
grabada en la mente y corazón: ´´Jesús
nos enseña cómo: no dialogar nunca con el diablo. Con el diablo no se dialoga.
¿Qué hizo Jesús con el diablo? Lo alejaba´´. Por sobre todo esto, sabemos
que Satán no gobierna el mundo completamente. Dios es y será siempre el soberano.
El mal nunca triunfará sobre el bien.
El ´dios de este mundo´ cautiva al
hombre y mujer con los ídolos de este mundo ¿Cuáles son los ídolos de este
mundo? Los ídolos de este mundo son el poder, el dinero, el sexo y la fama. Y
los cuatro tienen un único altar de oro: la vanidad. El Maligno enemigo domina
al hombre y mujer con sus ídolos de la vanidad, cual rayos refulgentes, a
través del poder, dinero, sexo y fama.
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