domingo, 22 de febrero de 2026

                                

                              LA VANIDAD DEL ÍDOLO DEL SEXO Y LA FAMA



Por P. Bosco J. Rodríguez A.,C.Ss.R.


Los ídolos del sexo y la fama van muy unidos de la mano. Están ungidos con el óleo de la vanidad. Son secuaces. La sexualidad es un don de Dios. Es un maravilloso regalo que recibimos los hombres y mujeres y está orientado, como nos enseña la Iglesia, al amor verdadero. La sexualidad no es simplemente ´´sentir´´, no. He ahí el detalle. Es expresar en libertad el amor. Por eso tiene una doble finalidad: es unitiva y procreativa. La sexualidad está al servicio del amor, por eso es trascendente. Cuando la sexualidad humana se convierte en un instrumento deshumanizado, se desorienta y pasa a ser un ídolo lleno de vanidad esclavizante. Es eso lo que hace la pornografía y la trata de personas o comercio de personas. Cuando la sexualidad humana se cosifica, pierde su verdadero sentido de trascendencia y se vuelve inmanente; es decir, algo interno, la devalúa. La sexualidad tiene grandes dimensiones en el amor.

La fama de los ´famosos´. La vanidad del famoso no es estrictamente como dice el diccionario, ´´la opinión que la gente tiene de alguien o de algo´´. Me refiero a la fama de las llamadas estrellas del cine y la televisión. A los que mal llaman con el anglicismo ´´celebrity´´, que se traduce como ´celebridad´. Llaman ´celebridad´ a la cantante Madonna, Cher, Taylor Swift, Kanye West, Kim Kardashian, Ed Sheeran y otros muchos más. Son celebridad por su fama, porque son personas famosas, hagan lo que hagan son noticia, aunque digan y hagan un acto sublime o una estupidez… Son seguidos por millones de admiradores, muchos de ellos sin criterio ni visión. Por eso decía el escritor alemán Georg Christoph Lichtenberg: ´´A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de los admiradores´´. Y mi muy estimadísimo poeta y dramaturgo Federico García Lorca, decía de los famosos: ´´El hombre famoso tiene la amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen sobre ellos otros´´. Los actos de estos a quienes llaman ´celebridad´ son cubiertos ampliamente por los medios de comunicación, redes sociales y la prensa rosa. Es la fama por la fama, a toda costa.

La fama siempre se arropa con un abrigo fantasmagórico, perfumado con el perfume de la vanidad. Vanidad que llevó al personaje de Jean-Baptiste Grenouille, de la novela Das Parfüm, die Geschichte eines Mörders (El perfume: historia de un asesino), del escritor alemán Patrick Süskind, a cometer los más horrendos crímenes, obteniendo de los cadáveres fragancias exquisitas que se vendían con gran valor entre las bellas damas de la sociedad. Su fama alcanzó un nivel altísimo, que el personaje confundió con el éxito. La fama no siempre es sinónimo de éxito. No se debe confundir la fama con el éxito. Nunca.

Cuando alguien desea ser famoso, es porque desea vehementemente ser muy conocido, admirado y muy respetado. Se dice que la fama es muy caprichosa: hoy se tiene, mañana… quien sabe… Muchos famosos se han retirado de su vida artística en la crespa de la ola. Sintieron que la fama les había robado el don más preciado del ser humano: la libertad. Dejaron de ser ellos, para ser la imagen proyectada de su fama. Eso le sucedió al famosísimo Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, mejor conocido como Cantinflas, ´el más grande comediante del mundo´, dijo Charles Chaplin. Su esposa, la bailarina rusa Valentina Ivanova, cuando quería conversar seriamente con él, le decía que, con quien deseaba conversar era con su esposo, Mario, no con Cantinflas. La fama del personaje lo absorbió tanto, que él mismo se buscaba dentro de sí para encontrarse con su yo verdadero. La escritora Guadalupe Loaeza, escribió que Mario Moreno y Cantinflas vivían en permanente contradicción… Otro caso es el de la muy famosa Josefa Flores González o Pepa Flores, conocida mundialmente por su trabajo en el cine, la televisión y la música bajo el nombre de Marisol.

Marisol se retiró de todo el mundo artístico para siempre, no soportando ni siquiera los flashes de las cámaras ni gente en derredor suyo aplaudiéndole. Por décadas fue fenómeno de masas, hizo reír, bailar y soñar a miles de jovencitas europeas que querían ser como ella. Antes de cumplir sus quine años se había convertido en la gran estrella del cine español. Hasta que llegó el momento de enterrar para siempre a Marisol, nombre que la llevó a la cúspide de la fama. Tanto, que no se presentó a recibir el Goya de Honor 2019 de la Academia de cine español, sino que, en nombre de ella, lo recogieron sus tres hijas. Sus hijas dijeron que su madre vivía muy feliz retirada para siempre de los escenarios. Marisol, la que un día había encantado al mundo hispano con sus inolvidables temas como ´´Tu nombre me sabe a yerba´´ y ´´Corazón contento´´, hasta que en el año de 1985 tomó la firme decisión de alejarse para siempre de la música y el cine. Cumplió con su promesa de no volver a tener proyección pública. Así es la fama…

Hay personajes famosos que nunca buscaron conscientemente la fama. Un ejemplo vivo fue Agnes Gonxha Bojaxhiu, conocida mundialmente como santa Teresa de Calcuta. Humildad, sencillez y entrega generosa hasta doler, fueron las características que dibujaron la sobria silueta de la monja carismática que vio nacer la ex República Yugoslava de Macedonia; sin duda alguna, es una de las más grandes santas del siglo XX. Los biógrafos y religiosas más cercanos a santa Teresa de Calcuta, afirman que ella rehuía a posar para cámara alguna. Solía repetir el texto evangélico de Lucas 17, 10: ´´De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer´´. En otras palabras, Teresa de Calcuta no permitió que la vanidad del ídolo de la fama, el poder y el dinero invadieran su vida de amor y entrega. Sufrió ataques muy fuertes del Diablo desde fuera, pero nunca logró el espíritu pervertidor hacerla sucumbir en la vanidad, altar de oro de los ídolos de este mundo.

Con la mortal pandemia de la COVID-19, quedó muy claro algo: muchísimas cosas en este mundo son efímeras. La vanidad de los hombres y mujeres quedó descubierta, al desnudo. Cosas que creíamos importantes, realmente no lo eran. Eran creación de nuestras ´necesidades´ infundadas. Descubrimos que sí podíamos vivir de los necesario, del día a día. Se vio la humanidad desnuda y necesitada. Hemos de volver a Dios y adorarle solo a Él. Solo en Dios cobra sentido el sinsentido de la vida.

Adorar a Dios es amar a Dios sobre todas las cosas y despojarse de los ídolos de este mundo, cuyo altar es la vanidad, que es la arrogancia, presunción, envanecimiento del alma. Adorar al Señor, el Dios de la vida, que nos dio a su hijo muy amado Jesucristo, es pedirle que nos libre de la vanidad que nos lleva al mal. Por eso imploramos infinitamente a Dios: ´´no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal´´. Amén.

´´La vanidad es tan fantástica, que hasta nos induce a preocuparnos de lo que pensarán de nosotros una vez muertos y enterrados´´ (Ernesto Sábato, escritor argentino).

´´Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del consumidor satisfecho es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva, nada o casi nada? ´´ (José Luis López Aranguren, filósofo y ensayista español).

 


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